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Nadie quisiera ser un símbolo contra la impunidad

Photo by Dagmar Thiel

Photo by Dagmar Thiel

Los nombres del periodista Javier Ortega y del fotógrafo Paul Rivas, ambos ecuatorianos, han sido inscritos en las láminas de vidrio del Newseum en Washington D.C., que conmemoran la memoria de los profesionales de medios de comunicación fallecidos ejerciendo su labor de informar. Ellos son los únicos latinos entre los 21 periodistas inscritos en 2018. Su recuerdo figura ya junto al nombre del periodista saudí Jamal Khashoggi, del Washington Post, brutalmente asesinado en el consulado de su país. También se ha elevado la memoria de los periodistas del Capital Gazette, pequeño periódico local de Annapolis, MD, asesinados por un hombre resentido con el medio y que, con pistola en mano, acabó con la vida de Gerald Fischman, Rob Hiassen, John McNamara, Wendi Winters y Rebecca Smith. Se conmemora también a Mike McCormicky Philip Aaron Smeltzer de WYFF4, quienes fallecieron mientras cubrían una tormenta en North Carolina.

El periodismo es, ciertamente, uno de los oficios más riesgosos en tiempos en los cuales crecen las tendencias autoritarias en el mundo. Funcionarios públicos, mafiosos del crimen organizado, empresarios inescrupulosos e individuos resentidos creen que el mejor camino para seguir adelante en su afán por amasar dinero y dominar el mundo a costa de negocios no transparentes, es silenciar las voces de quienes denuncian la corrupción, develan irregularidades o sinuosos intereses. Según Reporteros Sin Fronteras, que forma parte de una vasta red de organizaciones dispuestas a denunciar cada uno de estos hechos violentos, en 2018 murieron 84 trabajadores de prensa, entre periodistas, fotógrafos, editores, asistentes y periodistas ciudadanos. El país más peligroso es, sin duda, Afganistán, una nación en guerra desde hace varias décadas, donde 14 comunicadores fueron asesinados el pasado año.

Pero no hace falta que una región atraviese por un conflicto bélico para que se multipliquen las agresiones contra quienes portan un micrófono, una grabadora o una cámara con el fin de llevar noticias y permitir que los ciudadanos puedan ejercer su derecho a recibir información. Según la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión en México se registraron 12 asesinatos contra periodistas aparentemente vinculados a su ejercicio profesional.

El asesinato es la más brutal medida de presión contra la Libertad de Expresión. Pero hay muchas otras formas de intimidación a los y las periodistas. Entre los menos graves están las llamadas, amenazas, persecuciones, mensajes directos o por las redes sociales para ellos o, peor aún, contra sus familiares más cercanos, que poco a poco consiguen la autocensura. Entre las violaciones más graves, el secuestro, la tortura y la detención arbitraria. A esta fecha son 4 los periodistas latinoamericanos encarcelados por informar. Los nicaragüenses Lucia Pineda y Miguel Mora, de 100% Noticias quienes llevan presos desde diciembre 2018 acusados de terrorismo. Marlon Powell, permanece retenido en inhumanas celdas de castigo en Managua desde principios de mayo. Mientras que en Venezuela el fotoperiodista Jesús Media está encarcelado desde hace 10 meses.

Paúl Rivas, 45, era un fotógrafo sensible y apasionado. Javier Ortega, 32, un investigador que había develado muchas verdades incomodas del narcotráfico. Estuvieron acompañados por el conductor Efraín Segarra de 60 años y formaban parte del equipo del diario El Comercio de Ecuador. Fueron secuestrados cuando acudieron a la franja fronteriza entre Ecuador y Colombia a informar sobre las condiciones en esta zona, después de la explosión de un coche bomba. Su muerte se confirmó 3 semanas más tarde. Fueron asesinados por el líder disidente de las FARC conocido como Guacho, cansado por los escasos avances en la negociación de canje por presos del Frente Oliverio Sinisterra con el gobierno ecuatoriano, y tras sentirse asediado por la movilización militar colombiana.

Nadie quisiera que su nombre conste en el Memorial del Newseum, pero la inclusión de Javier y Paul hace honor a los 31 trabajadores de medios de comunicación asesinados en Latinoamérica en el año 2018. Son un símbolo de lucha para que ningún crimen contra un periodista quede en la impunidad.