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Sonia Gutiérrez: ¡Misión cumplida!


Por su legado, El Tiempo Latino le entregará el “Premio Leyenda” en el marco de The Powermeter 2019

Olga Imbaquingo | 5/30/2019, 4 a.m.
Sonia Gutiérrez: ¡Misión cumplida!
Reconocimientos. Sonia Gutiérrez, a nombre de la escuela Carlos Rosario, recibió varios premios y reconocimientos a nivel nacional. |

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Sonia Gutiérrez ha terminado de recoger de la que fue su oficina sus fotografías, reconocimientos. Ha vivido por y para los miles de estudiantes que han pasado por las aulas de este modelo educativo para adultos llamado Carlos Rosario. Ahora quiere vivir de la memoria y ¡Qué memoria!

A sus 80 años recuerda como si fuera ayer que llegó jovencísima desde Puerto Rico, siguiendo a su marido y un solo oficio a la vista: entregarse a la crianza de sus dos hijos, Jimmy y Bobby. Cuando se le cruzó en su camino su paisano Carlos Rosario cambió los planes. Aún se respiraba una atmósfera post derechos civiles y los latinos de Washington DC querían que también se los deje pertenecer.

El “viejo”, así es como Gutiérrez llamaba a Rosario, un día le dijo: “mija vente al centro, a ver si me ayudas como consejera”. En 1972 recién llegada de la isla no tenía idea que podía hacer de asesora con un título en contabilidad de la universidad de Puerto Rico. Decidió echarle suerte y el resto es historia.

Gutiérrez se quedó 47 años hasta crear el mejor modelo de educación para adultos de DC. Para lograrlo hizo falta algo más duro que la fe y ese algo es el cariño por esos 75.000 estudiantes que han pasado por esas aulas. Al principio 100 alumnos en un sótano oscuro en Chinatown, hoy 2.500 estudian desde inglés hasta enfermería y artes culinarias en dos instalaciones propias.

A quien ha practicado a pie juntillas eso de que "cada uno de nosotros está destinado a salvar el mundo", como lo predicó Confucio hace más de 2000 años, es que El Tiempo Latino quiere agradecerle en el marco de The Powermeter 2019 con el “Premio Leyenda”, un reconocimiento a su imborrable legado. “Estoy muy honrada y encantadísima por este gran honor”, fueron sus primeras palabras cuando se enteró de este homenaje. “No todo el mundo tiene la suerte de que le den galardones por hacer lo que más le gusta”, agregó.

Para Aracely Watts, subdirectora de la escuela Carlos Rosario, “Gutiérrez se lo tiene más que merecido, porque miles de inmigrantes han podido cambiar sus vidas gracias al trabajo de esta gran mujer. Es una gran líder que logró que su trabajo traspasara fronteras”.

En este largo viaje se quedaron a medio camino sus dos maridos. La pusieron a elegir, Gutiérrez escogió seguir al frente de la Escuela Carlos Rosario, seguir elaborando propuestas para enviarlas a cualquiera que pudiera ofrecer algún aporte, seguir enfrentándose a superintendentes que amenazaban cortar de tajo el apoyo y seguir en primera fila y en plan de ataque cada vez que entraba a debate el presupuesto de educación.

La tenacidad de Gutiérrez nunca acepta como respuesta un no. El modelo al que ella sugirió llamarlo Carlos Rosario, en homenaje al hombre que fue la fuerza de gravedad que promovió la defensa de los latinos en DC, ha sobrevivido a míseros fondos, ausencia de instalaciones y eliminación de presupuesto. Ahora se puede ir tranquila: sus estudiantes tienen casa propia y estudian en un modelo de educación que tiene renombre nacional.