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Editorial | Ecuador: el proyecto cubano sigue vigente en América Latina

ECUADOR. Indígenas participan en una concentración el jueves 10 de octubre en la Casa Cultural de Quito. | Foto: Efe/Paolo Aguilar.

ECUADOR. Indígenas participan en una concentración el jueves 10 de octubre en la Casa Cultural de Quito. | Foto: Efe/Paolo Aguilar.

Hoy se reproduce en América Latina la amenaza totalitaria iniciada por Fidel Castro cuando por allá por los años 60 decidió infiltrar, luego de entrenar en Cuba, a guerrilleros que pondrían en peligro a gobiernos democráticamente electos. ¿Cuál era ese modelo cubano? Se basaba en la estrategia seguida por los Castro con el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR-26 de Julio) y su Ejército Rebelde contra la dictadura de Fulgencio Batista en los 50.

Luego de llegar al poder en Cuba exportaron su técnica basaba en la constitución de pequeños núcleos de guerrilla los cuales, apoyados por frentes de masa en las ciudades y en el campo, potenciaban su efectividad contra los gobiernos constituidos de entonces. Hoy, con el financiamiento de Venezuela y el apoyo de Cuba, se ha querido aplicar una táctica muy parecida en Ecuador con el objetivo de reinstaurar en el poder a Rafael Correa, amigo de ambas dictaduras de izquierda.

Evaluemos los últimos días de violencia en Ecuador. La crisis fue generada por un decreto económico que recortaba los subsidios a los derivados del petróleo, unos recortes que afectan especialmente a un sector de la población y que trajeron consigo unas protestas que fueron atendidas por el presidente Lenín Moreno. Ante la presión de las comunidades indígenas, Moreno derogó el paquete de medidas que suponía un alza del precio de la gasolina y eso debería haber puesto fin al conflicto. Pero lo que se vivió en Ecuador en la última semana y media tiene una dimensión de batalla por el poder que va mucho más allá de unas protestas reivindicativas. Es una batalla ideológica entre el actual presidente y su antecesor, Rafael Correa. En otras palabras, una ofensiva violenta al mejor estilo cubano, por la reapropiación de un proyecto político desde el gobierno de ese país.

Luego de 12 días de inexplicable violencia durante los cuales, según la Defensoría del Pueblo hubo ocho fallecidos y mil 340 heridos se restablece la normalidad, pero permanece en el ambiente una indudable tensión de carácter político. Recordemos que el presidente Moreno, quien fue vicepresidente de Rafael Correa, ganó las elecciones hace dos años y medio en un país profundamente polarizado entre los Correístas y sus detractores. Tras asumir el cargo, empezó a distanciarse de su antiguo jefe y compañero de partido hasta consumar totalmente la ruptura al constatar la precaria situación económica en la cual Correa había dejado a su país. Al irse del Gobierno, Correa había declarado que le dejaba “la mesa servida”, pero Lenín le acusó de haber “heredado” una situación financiera “crítica” con una deuda de US$41 mil millones y de haber tomado decisiones “irresponsables” que dejaron al país al borde del colapso. En otras palabras, la misma historia de los Kirchner al llegar Macri, solo que en el caso de Ecuador, Correa y Moreno venían del mismo partido político y los populistas de izquierda en América Latina no perdonan a sus “traidores”.

Por eso el mandatario ecuatoriano supo que detrás de los actos generalizados de protesta social, desestabilización política, vandalismo y violencia desatada por las medidas de ajuste del gobierno, había algo más y declaró a la prensa: Correa viajó hace una semana a Caracas para recibir órdenes “de ese sátrapa (por Maduro), de ese criminal asesino que está sometiendo al pueblo al peor apocalipsis que se ha visto jamás en América del Sur”. El presidente ecuatoriano aseguró que hay “venezolanos enviados” y alertó sobre la presencia de guerrilleros colombianos de la FARC. “Yo creo que son suficientes evidencias de lo que está pasando; lo están viendo ustedes en Colombia, y lo estamos viendo nosotros en Ecuador”, manifestó Moreno.

Y no nos queda la menor duda de que así sea por lo que los presidentes Moreno y Duque requieren de todo el apoyo continental. Hay que detener con mucha decisión los nuevos ataques de la ultraizquierda liderada por Cuba, esa que ha asesinado al pueblo Latinoamericano y pauperizado a todo aquel que ha tenido bajo su control.