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Federer no defrauda en casa y suma su décima corona en Basilea

El suizo ganó su duelo en sets corridos
GIGANTE. Federer alzó el trofeo frente a su gente / EFE

GIGANTE. Federer alzó el trofeo frente a su gente / EFE

Hay constantes que parecen difíciles de evitar, y la de Roger Federer es, para su fortuna, ganar. El tenista suizo de 38 años, edad en la que muchos deportistas ven las acciones desde casa, pocas veces esquiva un trofeo. En su ciudad natal, Basilea, el hombre de los 20 Grand Slams se paseó ante su público y repitió la sagrada rutina de invitar a los recogepelotas del lugar a comer pizza luego de coronarse el domingo frente al joven australiano Alex De Miñaur con parciales de 6-2 y 6-2.

El duelo supuso la búsqueda del décimo trofeo en el patio de su casa, donde demostró que la edad no es un impedimento si el talento y el ánimo están ahí. Su físico, uno que pocas veces lo ha sacado del juego, también se comportó a la altura del reto, dando al helvético otro motivo más para sonreír; sin embargo, las lágrimas no faltaron en el rostro del considerado para muchos mejor tenista de la historia. Frente a su gente, la alegría de quien creció en esos espacios se hizo notar de la manera más nostálgica posible.

Presente y futuro

El andar de Federer por el torneo se convirtió más en una carrera contra la nueva generación que otra cosa. Así para a ser habitualmente para alguien que cuenta con una experiencia infinita, pero que aún cuenta con la gasolina suficiente para sumar kilómetros, victorias, nuevos motivos para celebrar y, por supuesto, trofeos para seguir adornando la vitrina de su casa.

En Basilea la situación lo midió, primero, ante un rival de 30 años: Peter Gojowczyk.

El alemán no fue un obstáculo alto para el 10 veces campeón ahí, quien con un sólido 6-2 y 6-1 obtuvo el boleto para los octavos de final de la cita.

Después, el rumano Radu Albot, de 29 años de edad, a quien despachó por 6-0 y 6-3.

Con par de victorias sin mayores sobresaltos, el compromiso de cuartos de final que tenía el cuadro en su parte alta prometía un duelo de esos que siempre están llenos de aplausos por la calidad técnica de sus exponentes; sin embargo, lo que debía ser jamás pasó. El también suizo Stanislas Wawrinka se había citado con su amigo, pero molestias físicas lo apartaron, catapultando al primer sembrado del evento directamente a las semifinales, donde esperaba el joven griego Stefano Tsitsipas, de 21 años de edad, en el camino hacia la final.

En el papel, un encuentro complicado y de mucha paciencia; no obstante, si Federer está a tono, superar es tarea de unos pocos. Con doble 6-4, el local se metió en el choque por el trofeo, donde horas antes había clasificado el australiano Alex De Miñaur, más joven que su anterior contrincante por un año, prometiendo mucha velocidad en sus piernas para intentar estirar los puntos y así cansar a su veterano rival.

Pero una cosa es lo que se intenta hacer y otra lo que dicte la disciplina.

El domingo, el de Basilea se lució frente a su público, muchos de los que seguramente lo conocían desde niño, y con un fácil 6-2 y 6-2, se coronó en su tierra.

Doble decena

Con su décimo título en el torneo de categoría 500, Federer se convirtió en apenas el segundo tenista de la historia de obtener 10 o más coronas en más de una cita, pues ya había celebrado en 10 ocasiones en Halle, campeonato que sirve de preparación para el accionar en Wimbledon, tercer Major del calendario.

El otro mortal, y primero en lograr tal hazaña, el español Rafael Nadal, amigo y rival del helvético, quien ha hecho lo propia en Barcelona, Mónaco y el Roland Garros; sin embargo, Federer se convirtió en la primera raqueta en hacerlo en superficies diferentes ya que en Basilea se celebra el tenis sobre cemento techado mientras que en Halle se desarrolla la disciplina en césped.

Nadal logró lo mencionado en torneos sobre polvo de ladrillo.

Nuevos retos

Con tantos años encima, Federer es un tipo cada vez más selectivo. Si hace un tiempo este trofeo habría sido dejado en casa rápidamente para instalar en París y disputar el último Masters 1.000 del calendario, hoy en día las decisiones son diferentes, todo en pro de que el físico no se desgaste tan fácil.

Luego de hacer las labores en casa, el europeo anunció que no estaría disputando el mencionado campeonato, todo con la misión de relajarse y prepararse de la mejor manera posible para el Torneo de Maestros de Londres, donde los ocho mejores clasificados del año disputan el último trofeo del almanaque.

“Estoy extremadamente decepcionado por tener que retirarme del Rolex Paris Masters. Tengo que dosificarme ya que quiero jugar el mayor tiempo posible en el Tour de la ATP. Lo siento por mis fans franceses, a quienes veré el año que viene en Roland Garros”, señaló el suizo en un comunicado difundido por la página oficial del evento parisino.