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Los Nats ganan la Serie Mundial

Un jonrón de Howie Kendrick puso el juego a su favor
HISTORIA. Primer título para la franquicia de la capital / EFE

HISTORIA. Primer título para la franquicia de la capital / EFE

Un séptimo juego de Serie Mundial no es para cualquiera. La instancia, de entrada, genera una tensión extra en el pelotero que no todos logran controlar. En el caso de que llave se estire y vaya el encuentro decisivo, las labores suelen definir a los verdaderos héroes.

En el ámbito de los Nacionales de Washington, no hay pieza que quede fuera de este mote, luego de coronarse por primera vez en su historia tras superar 6-2 a los Astros de Houston, en una final de temporada que no vio ganar a ningún local.

Howie Kendrick, con un jonrón de dos carreras en el séptimo inning, cambió la cara de sus compañeros, a quienes la desventaja, en parte por una gran apertura de Zack Greinke, había puesto incómodos.

Pero es el último out el que realmente define al vencedor y en Texas fueron los muchachos del mánager Dave Martinez, ese que luego de 50 juegos de ronda regular parecía tener los días contados, los que celebraron.

Nadie daba mucho por los Nats después del segundo mes de campaña, pero los capitalinos fueron capaces de construir con mucha paciencia su propio éxito, uno gestado fuera de los focos y la atención de los fanáticos.

En un choque donde los siderales aparecían como los claros favoritos por su férreo crecimiento en las últimas temporadas, fue la constancia de los Nats lo que marcó la diferencia. Eso y no bajar la cabeza pese a verse en otro escenario; como anécdota queda que ningún equipo ganó en casa.

El marco en el Minute Maid Park era perfecto. Cerrar la temporada con un encuentro decisivo no se ve todos los días, por eso, tanto para Nacionales de Washington como Astros de Houston, el de este 30 de octubre sería un compromiso más que prometedor. Una tendencia estaba en juego: si los capitalinos se coronaban, entrarían en los libros de récords por alzar el trofeo en una llave en la que ningún equipo ganó como local. Ese plus de saberse en casa, donde la fanaticada genera presión extra a la visita, poco o nada representó un factor de peso en la final de la campaña 2019 de la Major League Baseball.

En su lugar, lo visto en estos siete duelos demostró que la concentración y disciplina está por encima de todo elemento externo. Cuando al inicio de la Serie Mundial los Nats ganaron los dos primeros duelos, la sorpresa invadía a propios y extraños. Luego, cuando los Astros se quedaron con los tres compromisos en la capital de Estados Unidos, se observó de reojo la vuelta a Texas, donde muchos pensaron que todo estaba dicho; los siderales han sido de los combinados más regulares en los últimos años, campeones en 2017, precisamente en siete encuentros, y miembros constantes en la fiesta de los playoffs.

Pero cuando un equipo cree en sus recursos y conoce por qué llegó a dónde llegó, se hace muy difícil apartarlo de su objetivo.

Sin presión

La noche del miércoles, Zack Greinke firmó una de sus mejores actuaciones de por vida en postemporada. El ganador del Cy Young silenció a los bates de Washington en las primeras seis entradas del encuentro, desanimando gradualmente a la toletería contraria, embrujada por los cambios de ritmo en cada lanzamiento del derecho.

Sin embargo, la ventaja era corta.

Su rival en el montículo fue Max Scherzer, un hombre de mil batallas que tras pitchar en el primero de la serie, se perdió la acción del quinto duelo por sufrir espasmos, motivo que postergó su salida y dejó todo a la suerte del séptimo encuentro. Con señales de molestias, el diestro elevó su leyenda y en Houston fue un guerrero que logró controlar hasta cierto punto a los representantes de la Liga Americana.

En el segundo episodio, un jonrón solitario del cubano Yuliaski Gurriel sirvió para poner número en la casa. Una ventaja de una rayita parecía poco, pero por lo que hacía Greinke, las dudas sobre una posible remontada eran sensatas.

Después, en la baja del quinto, un batazo y posterior acción pudieron haber marcado un antes y después en la definición de la zafra. Con hombres en segunda y tercera base, el puertorriqueño Carlos Correa sonó un hit por la antesala que Anthony Rendon logró desviar. Su jugada, pese a no tomar la bola, limitó a los locales a anotar solo una carrera y no dos, poniendo la pizarra 2-0.

Esa bocanada de aire, una bala que bien supieron esquivar los Nats, se tradujo en la valentía de un grupo de peloteros que miró de frente a la adversidad y burló todo tipo de obstáculos hasta concretar el objetivo trazado.

Mientras a Greinke apenas se le habían embasado dos bateadores en seis capítulos, el séptimo tramo desvió por completo el curso de una Serie Mundial que parecía tener el color naranja que representa a los tejanos.

Rendon le dio un jonrón sin compañeros en circulación al abridor de los de casa, hecho que bajó con el telón de la actuación del derecho, una decisión polémica pues solo tenía encima 80 lanzamientos, 49 de ellos en la zona de strike. El riesgo era enorme y quien tomó el testigo fue Will Harris.

Los Nats encontraron en ese movimiento la excusa perfecta para despertar. Sin su verdugo sobre la loma, la confianza volvió a los bates capitalinos. Primero fue Juan Soto, quien se embasó por boleto, después Howie Kendrick, ese mismo héroe que apeó a los Dodgers de Los Ángeles en la Serie Divisional, mandó la bola a las gradas y silencio al Minute Maid Park. Con el juego 3-2, la alegría volvía a sentirse en el dogout de la visita, sonrisas que no lograron ser borradas.

La consagración

Esa carrera de diferencia no lo era todo para Dave Martinez, por ello le dio mayor responsabilidad al zurdo Patrick Corbin, flamante adquisición en la temporada muerta, quien pese a su condición de abridor logró compartir el trabajo como relevista en los playoffs. El siniestro amarró a los bates de Houston en tres innings, tramo en el que permitió solo dos hits.

El apoyo ofensivo se materializó para alcanzar el ansiado título durante el octavo y noveno episodio. En el primero mencionado, sencillo de Soto permitió anotar a Adam Eaton. Luego, en el último, el propio Eaton mandó a par de compañeros a la goma con un inatrapable hacia el jardín central.

No había manera de revertir esto en el club house de los de casa. La ofensiva indetenible, esa que presumía del oportunismo y poder de tipos como George Springer, José Altuve y Alex Bregman, se vino a menos contra el deseo de una franquicia que apostó a buen desarrollo de sus piezas, a fortalecer su pitcheo, en especial el abridor, y a no temerle a las transacciones. Al final de todo, y con la celebración a flor de piel, el abridor Stephen Strasburg se llevó los honores como MVP de la Serie Mundial.

Así como en el inicio de la 2019 todos miraban con desconfianza a una organización que no logró amarrar a su jugador estrella, Bryce Harper, actualmente no hay nada que reprocharle. El béisbol se juega al ritmo de aquellos que desean cambiar la cosas y ponerlas a su favor. El deporte celebra a los Nacionales y su ambición que fue más grande que las críticas recibidas.