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El beisbol venezolano paga las consecuencias de la política local

El deporte número uno de la nación caribeña es cuna de incontables leyendas de la disciplina
PASATIEMPO. El béisbol es sagrado en Venezuela

PASATIEMPO. El béisbol es sagrado en Venezuela

Cuando la política busca adentrarse en el deporte, el experimento suele salir mal. Dos escenarios distintos y donde la sociedad queda en el medio; sin embargo, el primero suele contar con más noticias positivas que el segundo, de ahí la enorme afición de propios y extraños por las distintas disciplinas.

En Venezuela, el béisbol es sagrado. El deporte número uno de la nación caribeña es cuna de incontables leyendas de la disciplina. Sin ir a los libros de historia incluso es sencillo dar con piezas que están activas en el sistema de Grandes Ligas y que apuntan a tener un espacio más temprano que tarde en el Salón de la Fama de Cooperstown.

Miguel Cabrera es un ejemplo de ello. El inicialista de los Tigres de Detroit es uno de los bateadores más prolíficos de su generación, dueño de do premios al Jugador Más Valioso de la Liga Americana y uno de los pocos en tener en su haber una Triple Corona de Bateo.

Junto con él, la generación de relevo se asoma para tomar el testigo con éxito, como Ronald Acuña Jr., jardinero de los Bravos de Atlanta y quien el año pasado ganara el reconocimiento como Novato del Año en la Liga Nacional. Hoy parece que son pocos los hombres tan completos como él y todo indica que más temprano que tarde será MVP en el Viejo Circuito.

Pero la enorme escuela venezolana podría sentir un duro golpe este año, todo culpa de los desaciertos políticos de un régimen desgastado y desconocido cuyas manos dañaron gran parte de lo que tocaron, incluida la pelota.

Sanciones

La que alguna vez fuera una de las naciones con mejor proyección en materia económica hoy es una fábrica de migrantes. Venezuela, otrora espacio que abrió sus puertas a millones de extranjeros que huían de crisis locales y que encontraron en el paraíso suramericano un lugar próspero y lleno de oportunidades, transita un camino muy oscuro que encontró su origen en un socialismo que no fue tal, una utopía de viejos caudillos que hoy luchan por seguir en el poder pese al rechazo colectivo.

Hace ya dos décadas que el arribo del fallecido Hugo Chávez a la presidencia fue el primer paso de una catástrofe de magnitudes incalculables. El militar, quien años atrás había encabezado un golpe de Estado, configuró una política en la cual se perdió el brillo de la empresa privada y apostó por la toma de las principales empresas de suministros básicos. El resultado, un país con enormes fallas eléctricas, racionamiento de agua y el internet más lento de la región.

Pero lo que vino después fue aún peor. Cuando en 2013 asumió Nicolás Maduro, hombre de confianza de Chávez, la crisis se agravó, con la economía como principal foco del caos. Junto a esta, la seguridad quedó en manos de delincuentes, elevando la tasa de homicidios a niveles jamás pensados.

Actualmente, el gobernante no es reconocido por más de medio centenar de países tras celebrar unas elecciones presidenciales irregulares desde su anuncio. En su lugar, Juan Guaidó, jefe del Parlamento, se erigió como una figura emergente que lucha junto a la comunidad internacional por devolverle el brillo a la nación petrolera.

Desde fuera, Estados Unidos ha aparecido como su principal aliado, investigando además al régimen chavista y sancionando a sus figuras por negocios ilícitos dado el origen del dinero, mayormente tomado de partidas públicas y otras obras que debían estar destinadas para mejorar la calidad de vida del venezolano.

La situación llegó al punto de que desde Washington se aplicara un bloqueo a los activos de Venezuela, parando todo tipo de negocio entre las partes. Entre ellos, el béisbol aparece, más aún en esta época del año, donde los conjuntos de la pelota venezolana se preparan para ver acción en su temporada 2019-2020.

Así, la Major League Baseball no podría negociar con la liga local, pues es el gobierno de Maduro el encargado de darle las divisas al campeonato, dejando en suspenso la celebración de uno de los torneos de mayor calidad en el Caribe.

Pese a todo, se espera la respuesta desde la Oficina de Control de Activos Extranjeros, organismo que tiene la última palabra sobre las partes. En caso de que se mantenga la decisión, en Venezuela se llevará a cabo una cita con el más bajo nivel posible, todo culpa de personajes que en lugar de buscar lo mejor para su país aplicaron otros métodos, unos por los que ahora los busca la justicia y que dejó en el medio y sin su principal pasatiempo a un pueblo acostumbrado al éxito en el béisbol.