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Opinión | Del caos a la creatividad

Los learning pods han abierto la posibilidad al docente de trabajar bajo un contrato privado con un pequeño equipo de niños
EDUCACIÓN. Niños en aprendizaje remoto. Pixabay

EDUCACIÓN. Niños en aprendizaje remoto. Pixabay

Dice un viejo proverbio que no hay mal que por bien no venga. A pesar de que las circunstancias causadas por la pandemia son desafortunadas, este evento ha provocado que la educación esté experimentando una profunda – y ya tardía— reexaminación.

Desde la perspectiva de los maestros, tener que adaptarse de manera rápida y forzosa a enseñar en línea ha acelerado el tránsito a modelos que se veían como lejanos o circunscritos a cierto, pero no todo, tipo de estudiante.

La creación de learning pods (o grupos de aprendizaje) ha abierto la posibilidad al docente de trabajar bajo un contrato privado con un pequeño equipo de niños cuyas familias se han puesto de acuerdo entre sí para contratar a un profesional, el cual es responsable de dar continuidad al proceso de aprendizaje de sus miembros.

A su vez, esta alianza otorga a las familias el poder de escoger al maestro-candidato más apto para esta labor, y a la maestra le permite convertirse en una empresaria independiente, que goza de mayor libertad para innovar, dictar su horario, precio y condiciones. Además, este tipo de arreglo facilita una interacción más personalizada entre padres/alumnos/maestros.

Otra medida de emergencia que ha cobrado popularidad son las micro-escuelas, las cuales suelen albergar entre 20-30 estudiantes. Una micro-escuela es con relación a un distrito escolar lo que una lancha es con relación al Titanic. Es decir, que la rapidez de respuesta y readaptación de una micro-escuela es mayor, comparada con la estructura de la burocracia pública, dado que la independencia inherente es su naturaleza descentralizada.

Unos cuantos niños bajo la tutela de unos cuantos maestros resuelve el dilema de capas y capas de mando para tomar cualquier medida, acelerando así las respuestas y soluciones requeridas de acuerdo a cada caso.

Otro sector que está creciendo con auge y entusiasmo es el de homeschooling o educación en casa. En vista de que no les quedó otra alternativa, muchas familias han descubierto ¡que sí se puede! Estos padres y madres han tomado las riendas de la educación de sus hijos y han optado por dejarlos estudiando desde sus hogares.

Esta modalidad ha venido a salvar el día para niños que sufrían de acoso infantil, o que sencillamente operan mejor en espacios reducidos, entre muchos otros casos. Aun en el ámbito de educación en casa, en ocasiones, se recurre a pagar por un profesional de la educación para que funja como tutor, a fin de cubrir cualquier laguna que haya podido crearse.

En cada uno de los casos anteriores, se agrandan las oportunidades y posibilidades de que los docentes puedan reinventarse como profesionales libres de ataduras, mandatos arbitrarios, protocolos diseñados con la función de que el alumno pueda pasar un test (en lugar de aprender) y todos los demás componentes de ese andamiaje que gobierna la enseñanza.

Ahora más que nunca, los maestros pueden lanzarse al campo a ejecutar sus propias visiones, optando por una o múltiples ideas. Sin proponérselo, el caos producido por la pandemia ha estimulado la inventiva, ha empujado la creatividad y ha permitido la búsqueda de nuevas formas de aprender y enseñar. Y de ahí que el viejo refrán hoy nos caiga como anillo al dedo.



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