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OPINIÓN | Biden en arenas movedizas en Latinoamérica

Un territorio con minas antipersonales será la definición de la política para Latinoamérica para el presidente Joe Biden
El presidente electo Joe Biden durante un evento en Shanksville, Pensilvania. | FOTO: Jabin Botsford — The Washington Post |

El presidente electo Joe Biden durante un evento en Shanksville, Pensilvania. | FOTO: Jabin Botsford — The Washington Post | Jabin Botsford — The Washington Post

Un territorio con minas antipersonales será la definición de la política para Latinoamérica para el presidente Joe Biden. Serán tiempos complicados en cuanto a lo interno y a nivel regional.

Por un lado, están las divisiones internas de su partido, con un ala radical de izquierda que abraza criterios comunistas y marxistas. Un ala que apoya abiertamente la dictadura cubana y la narco-dictadura venezolana. Muchos artistas, líderes y políticos ligados a esta tendencia han recibido apoyos económicos del régimen de Venezuela. Muchos de ellos han viajado a Cuba, Venezuela y Nicaragua y quieren que no exista ninguna presión o sanciones contra estos regímenes. Otro sector del círculo cercano del presidente participó en las negociaciones fallidas de la administración de Barack Obama con la dictadura cubana; un experimento que solo benefició al régimen de la isla. Ellos nunca reconocieron errores y podrían tender a políticas similares con la región. Los funcionarios que participaron en la administración Obama deben bajar el ego y aprender de sus errores para no volver a cometer errores similares o peores. En el corazón de Biden también ha quedado la estrategia inconclusa de la Alianza para la Prosperidad en el Triángulo Norte, ideada por Joe Biden y cancelada por Donald Trump.

Las diásporas venezolana y cubana se volcaron a votar por Donald Trump con la esperanza de continuar con mensajes duros y supuestas políticas “radicales”. Este sector siempre se opondrá a cualquier iniciativa de Biden. Algunos de ellos siguen soñando con el “héroe salvador” Trump que salvaría a esos países a punta de discurso. Esta diáspora cada día mas influyente en el pantano de Washington, DC, sumada a un partido republicano que pareciera retener el control del Senado, le hará la vida imposible a políticas que no sean radicales. Debemos tomar en consideración que el Senado puede tardar meses en confirmar los nominados para puestos claves del hemisferio occidental.

A nivel de prioridades, la crisis del COVID-19, el déficit presupuestario, la posible crisis inmobiliaria, la pérdida de empleos con la pandemia, la crisis racial y otros temas prioritarios para la agenda nacional van a mantener la atención de la administración en sus primeros años. A esto se suma la lentitud habitual en la selección, designación, nombramiento y confirmación de los candidatos a puestos claves para el gobierno, incluyendo la posible oposición del partido republicano a varios candidatos.

En la región no se ve mejor el escenario con los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador en México y la dupla Fernández-Fernández de Kirchner, así como el triunfo de la izquierda bucólica totalitaria en Bolivia originando el regreso de Evo Morales, el posible triunfo del títere de Rafael Correa en Ecuador y posibles avances de esos factores totalitarios en Honduras, representan un viraje a la izquierda populista autoritaria. A ello hay que sumarle la posibilidad del triunfo de candidatos más moderados de Centro-Izquierda en Chile, Perú y Colombia, quienes por solidaridad tienden a ser menos activos en temas de Cuba o Venezuela. La región se pinta de rosado y rojo, con lo cual surgirán embajadores para evitar políticas duras contra Nicaragua, Venezuela y Cuba. En algunos casos buscarán “negociaciones” suaves, eliminación de sanciones y diversas formas de diálogo. Dentro de ese mapa no podemos olvidar el populismo autoritario de Bolsonaro en Brasil y el camaleón autoritario de El Salvador, los cuales no lo ponen fácil para una administración que quiere hablar de democracia y derechos para todos. Colombia seguirá en crisis y países como Guatemala y Costa Rica se la verán con mayores presiones internas y posibles enjuiciamientos a sus presidentes.

Donald Trump experimentó con una estrategia de discursos duros y sanciones diversas, pero las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua han demostrado ser bastante resilientes y consiguieron aliados en Rusia, China e Irán. El error de la administración Trump de jugarse todas sus cartas a Juan Guaidó y el G-4 (grupo de partidos de oposición con mayor presencia parlamentaria) en Venezuela, lo que ha generado es mayor frustración en la oposición real de calle en Venezuela. Joe Biden encuentra un problema de dimensiones regionales pero un agotamiento del discurso y pocas herramientas efectivas para generar resultados diferentes a corto plazo. A Biden no le quedará otra que bajarle el tono al tema de Venezuela y reducir las expectativas. Las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela harán lo que saben mejor: seguir reprimiendo y seguir ganando tiempo. Definitivamente para Biden será difícil mantener la dialéctica de Trump y necesitará bajar el acelerador en esos países.

La alternativa para la próxima administración no es fácil, si sigue el discurso duro y las sanciones se verá como una réplica de la administración Trump, y hasta ahora todos los gobiernos han tratado de dar una cara distinta de la administración que los precede. Por otro lado, el discurso de buen vecino lo obligaría a escuchar los lobby regionales a favor de los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Lo más seguro es que se enfoque en el tema que maneja mejor y que le generará mejores frutos a corto plazo y son las alianzas económicas en Centroamérica y México para poder atender el tema migratorio. Otros temas regionales pasarán al congelador en espera de que no estallen mayores crisis. La prioridad será en tema interno.

Las fallas de las administraciones de Bush, Obama y Trump con Cuba, Venezuela, Nicaragua y Latinoamérica han sido el enfoque a corto-plazo, la falta de planificación, falta de análisis de escenarios, el descarte de estrategias de la administración anterior sin el debido análisis, la poca convocatoria a expertos regionales, la ceguera en objetivos puntuales, los egos que impiden la consulta real y tratar de redescubrir todo el tiempo el agua tibia.

Eliminar todo lo anterior simplemente porque viene de otra administración ha sido un error caro que pagamos los contribuyentes con cada nueva administración.

En el caso de Cuba, Nicaragua y Venezuela, las sanciones recientes contra funcionarios y empresas lograron parcialmente su objetivo, no han logrado el impacto final de arrodillar a las dictaduras porque han sido progresivas, aisladas de estrategias y poco coordinadas a nivel internacional. El resultado es que los regímenes han procurado escapes y alternativas con aliados de mafias criminales, narcotráfico, lavado, tráfico de oro y la intervención de Rusia, Irán, China y Turquía. Eliminar sanciones sin cambios efectivos en esos países tampoco sería una buena idea porque les permite a las dictaduras, sus corruptos y asesinos, contar con la impunidad. Estas dictaduras se alimentan del tiempo. Los corruptos de Venezuela, Cuba y Nicaragua pierden millones de dólares a diario por las sanciones individuales y las restricciones económicas, de participar en la bolsa y movilidad financiera y física, estos harán lo imposible por liberarse de sanciones. Lamentablemente ya tienen sus lobistas dentro de la nueva administración. Si la administración Biden vuelve al error de darle todo a Cuba a cambio de una foto en un partido de baseball o si levanta las sanciones a los corruptos y violadores de derechos humanos de Venezuela, Cuba y Nicaragua, estaría volviéndose cómplice de las mafias corruptas y criminales que aprovechan los mercados internacionales. Las crisis en estos países son por la corrupción y por los regímenes terribles, no por las sanciones a individuos o empresas.

Unos grandes retos para el presidente Biden será el tema migratorio, la reivindicación de los latinos, mejorar las relaciones comerciales con la región, ganarle a China en las relaciones con los países del hemisferio occidental, narcotráfico, violencia, instabilidad regional…. Y sumado a todo ello el tener que coordinar y conciliar posturas con los diversos gobiernos para lograr una exitosa Cumbre de las Américas en Estados Unidos a finales del 2021. Lograr la participación de todos los presidentes va a requerir cesiones por parte del equipo de Biden.

Para la Cumbre de las Américas será prioritario que el presidente Biden logre un equipo multidisciplinario con expertos nuevos y conocedores del tema del hemisferio occidental, así como abrir consultas en los países para lograr tener clara una estrategia que no solo contemple Venezuela, sino que sea una verdadera estrategia regional. Latinoamérica avanza a una nueva hora menguada de totalitarismos populistas de izquierda y derecha, lo peor en este momento seria esconder la cara.

Si la decisión de Biden es traer al mismo grupo de Latinoamérica y el Caribe que sirvió en diversos roles bajo la administración Obama, mi recomendación es que vean con humildad sus errores y que tengan mayor amplitud a la critica y a la construcción de nuevas estrategias. Volver a hacer lo mismo traerá los mismos resultados. Biden debe incluir a nuevos actores en una visión mucho mas diversa del tema latinoamericano.

Sería un error de Biden y su equipo el enviar a la región al congelador, lo importante debe ser priorizar un equipo que esté abierto a consultar y planificar a mediano plazo, evaluar realmente los escenarios, priorizar las políticas que tengan detrás esos análisis de escenarios e impacto, diseñar las estrategias con pincel y abandonar la brocha que tanto daño le ha hecho a lo posible.



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