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Cómo será el nuevo papado

“¿Bergoglio es progresista, un teólogo de la liberación? No, no es un sacerdote tercermundista. ¿Critica al Fondo Monetario Internacional y al neoliberalismo? Sí. ¿Pasa mucho tiempo en barrios humildes? Sí”. Así define al Papa Francisco su biógrafo personal, el periodista argentino                           Sergio Rubin.

Con la elección del primer Papa latino, muchos especulan que lo que se buscó fue elegir a un líder de una comunidad católica fuerte —el 40 por ciento de la feligresía global vive en Latinoamérica— para volver a atraer fieles, revertir el éxodo de los últimos tiempos.

Sin embargo, el mensaje puede ser más profundo, y podría estar en la misma elección de su nombre: tomado por San Francisco de Asís, el patrono de los pobres. ¿Un regreso a las bases”.

Francisco es el primer Pontífice que pertenece a la Compañía de Jesús, es decir, a los jesuitas. Esta rama de la Iglesia Católica Apostólica Romana fue fundada por Ignacio de Loyola en el siglo XVI, y tiene raíces vascas.

En las bases de la filosofía jesuita tal vez se puedan vislumbrar algunos de los pasos que podría dar el Papa Francisco. Los jesuitas trabajan por la evangelización del mundo a través de las misiones: no viven en edificios opulentos sino que siempre están cerca de los más desprotegidos.

Defienden la fe y la justicia, y se caracterizan por una mente abierta, dispuesta al diálogo multiculral y multireligioso.

Y fue justamente por estas raíces por las que fueron perseguidos y expulsados de distintos lugares, en diferentes momentos históricos. Uno de ellos fue  plasmado en la película “The Mission”, con Robert De Niro y Jeremy Irons, que describe su expulsión de las misiones agrícolas de Paraguay.

A contramano de muchas tendencias religiosas son profundamente científicos: creen en las leyes de la ciencia y en la educación como motor de superación.

Tienen tres principios básicos: pobreza, castidad y obediencia. Y la cuarta es obediencia al Papa, ahora tal vez más que nunca.

Como compañía estuvieron “exiliados” de la Iglesia Católica, hasta que el Papa Pío VII los volvió a cobijar bajo su seno en 1814.

A Francisco ya se lo está denominando el “Papa reformador”. Aunque de seguro luchará contra la pobreza, no promoverá cambios sobre la homosexualidad y la anticoncepción, ya que se opuso abiertamente en Argentina a la ley de matrimonios gay y a la entrega gratuita de condones.

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