Muchos transeúntes pudieran no saber quién fue, por qué está ahí, ni qué hizo para tener un monumento en plena Avenida Constitución, muy cerca de los de Abraham Lincoln, Thomas Jefferson, Franklin Roosevelt y George Washington.

Pero basta acercarse hasta la gigantesca estatua de bronce y ver que se trata de una escultura de Albert Einstein, considerado como el científico más importante del Siglo XX, para empezar a encontrar respuestas a esas interrogantes.

Sentado en un banco de granito blanco con unos papeles manuscritos en sus manos, en un claro de árboles en cerca de la entrada de la Academia Nacional de Ciencias, Einstein (1879-1955) pareciera desde ahí permanecer vigilante de los avances de las investigaciones que contribuyan con los avances científicos de la humanidad, tal como lo hicieron las de él.

En los papeles sujetos por el físico alemán con su mano izquierda hay 3 ecuaciones escritas, resumiendo sus más importantes avances científicos:

El efecto fotoeléctrico, la teoría general de la relatividad y la equivalencia de la energía y la materia.

La escultura fue esculpida por Robert Berks en 19 trozos y luego se soldaron los trozos. Pesa 7.000 libras y mide 21 pies de altura.

La estatua y el banco están en un lado de un estrado circular, de 28 pies de diámetro, hecho de granito de color esmeralda-perla de Larvik, Noruega. En el mismo estrado hay más de 2.700 tachones de metal que representan la ubicación de objetos astronómicos (el Sol, la Luna, los planetas, 4 asteroides, 5 galaxias, 10 quasares y muchas estrellas) como se veían al mediodía del 22 de abril de 1979 cuando el monumento se inauguró.

Si se habla desde el centro del monumentos hace la estatua, se produce un interesante eco acústico.

De origen judío, Einstein nació en Ulm, Alemania, en 1879 y murió en Princeton, New Jersey, en 1955, después de haberse nacionalizado suizo y estadounidense.

En 1905, cuando era un joven físico desconocido, empleado en la Oficina de Patentes de Berna, publicó su teoría de la relatividad especial. Como una consecuencia lógica de esta teoría, dedujo la ecuación de la física más conocida a nivel popular: la equivalencia masa-energía. Ese año publicó otros trabajos que sentarían bases para la física estadística y la mecánica cuántica.

En 1915 presentó la teoría de la relatividad general, en la que reformuló por completo el concepto de gravedad. Una de las consecuencias fue el surgimiento del estudio científico del origen y la evolución del Universo por la rama de la física denominada cosmología.

En 1919, cuando las observaciones británicas de un eclipse solar confirmaron sus predicciones acerca de la curvatura de la luz, fue idolatrado por la prensa. Einstein se convirtió en un icono popular de la ciencia mundialmente famoso, un privilegio al alcance de muy pocos científicos.1

Por sus explicaciones sobre el efecto fotoeléctrico y sus numerosas contribuciones a la física teórica, en 1921 obtuvo el Premio Nobel de Física y no por la Teoría de la Relatividad, pues el científico a quien se encomendó la tarea de evaluarla, no la entendió, y temieron correr el riesgo de que luego se demostrase errónea. En esa época era aún considerada un tanto controvertida.

Ante el ascenso del nazismo, el científico abandonó Alemania en 1932 con destino a Estados Unidos, donde impartió docencia en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. Durante sus últimos años trabajó por integrar en una misma teoría la fuerza gravitatoria y la electromagnética..

Aunque es considerado por algunos como el “padre de la bomba atómica”, abogó en sus escritos por el pacifismo, el socialismo y el sionismo. Fue proclamado como el “personaje del siglo XX” y el más destacado científico por la revista Time.

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