MEXICO DF— América Latina aprendió a juzgar a exdictadores involucrados en abusos graves a derechos humanos, algo que ha puesto a la región en “un cauce distinto” al que tenía hace apenas dos décadas, dijo el miércoles 9 el presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH), Diego García-Sayán.
“¿Final feliz? No, porque todas estas cosas son parte de procesos complejos en donde lo que tenemos que ir construyendo es un paquete de respuestas que nos conduzcan a que haya en cada caso verdad, justicia y reparaciones”, agregó el jurista peruano.
De visita en México para encabezar el XLVIII período extraordinario de sesiones de la CorteIDH, García-Sayán explicó que la región está avanzando con claridad en materia de derechos fundamentales.
Las “estadísticas sobre desapariciones forzadas, torturas” y “ejecuciones extrajudiciales” muestran progresos claros, como si hubiéramos pasado “de la noche al día” en poco tiempo, apuntó.
“Frente a lo que ocurría hace 15 ó 20 años no hay un solo conflicto armado no internacional, salvo la excepción de Colombia, que está encaminado, esperemos que con un final feliz que se logre en los próximos meses”, señaló el jurista.
Además, en materia de justicia parece que las leyes de amnistía que en el pasado prevalecieron en muchos países dejaron ya de ser incontestables, lo que permitió sentar en el banquillo a exjefes de Estado.
“En el Perú hay un expresidente (Alberto Fujimori) condenado a 25 años por delitos de lesa humanidad como derivación directa de todo eso”, recordó García-Sayán.
“Hay países en donde hay decenas de procesos en marcha, incluso en donde la amnistía formalmente parecería estar todavía viva, pero que en la práctica ha sido puesta de lado, como ocurre con más de 300 investigaciones que están produciéndose en Chile”, añadió.
Prudente, el presidente de la CorteIDH evitó hablar del caso del exdictador guatemalteco José Efraín Ríos Montt, condenado en su país el pasado 10 de mayo a 80 años de cárcel por un genocidio que les costó la vida a 1.771 indígenas ixiles.
Sin embargo, citó otros casos representativos de su tesis como los relacionados con la masacre de El Mozote en El Salvador, ocurrida en 1981.