“Ninguna nación es perfecta. Pero en Estados Unidos asumimos nuestras imperfecciones y miramos de cara a un pasado a veces doloroso, que inlcuye el hecho de que estos soldados lucharon y murieron por un país que no siempre los apreció como suyos”.
El presidente Barack Obama dijo estas palabras el martes, 18 de marzo, en la Sala Este de la Casa Blanca durante un evento de 75 minutos de duración en el que participó el grupo más grande de galardonados con la Medalla de Honor desde la Segunda Guerra Mundial.
Obama reconoció a 24 veteranos de guerra con el mayor honor ilitar que se concede en Estados Unidos por actos de valor más allá del deber. La ceremonia fue “histórica” —en palabras del presidente— porque a la mayoría de los galardonados se les había escatimado honores por el color de su piel, sus creencias religiosas o su origen étnico.
En 2002, el Congreso aprobó una ley que permitió al Pentágono preparar un informe sobre veteranos de guerra judíos e hispanos que habían participado en combate desde la mitad del siglo XX “para comprobar que no se le hubiera negado la Medalla de Honor a nadie a causa de prejuícios”, explicó la Casa Blanca. El reporte concluyó que 17 hispanos, un afroamericano y un judío habían sido víctimas de racismo.
El evento del 18 de marzo en la Casa Blanca y el del día 19 en el Pentágono se llenaron de emocones enmarcadas en las palabras “Valor, Valentía, Generosidad, Coraje”. Y los apellidos Rodela, Alvarado, Conde, Copas, Durán, García, Baldonado, Espinoza, Gómez, Negrón, Pena, Rivera, Vera, Cano, Gándara, y Mendoza marcharon junto a Morris, Schwab, Nietzel, Leonard, y Weinstein.
Estos soldados sirvieron en la Segunda Guerra Mundial, Corea y Vietnam.
El sargento Melvin Morris se distinguió por sus actos de “generosidad y valentía meas allea de la llamada del deber” la tarde del 17 de septiembre de 1969.
El soldado Santiago J. Erevia, natural de Texas, ayudó y arriesgó su vida al servicio de sus camaradas heridos, el 21 de mayo de 1969, en la provincia vietnamita de Quang Tin, cuando su posición fue atacada.
El sargento de primera clase José Rodela se distinguió, el 1 de septtiembre de 1969, en la provincia vietnamita de Phuoc Long durante las operaciones de combate respondiendo al fuego enemigo mientras asistía a los camaradas heridos”, según se lee en la citación. Un país que no fue capaz de ver “como suyos” a éstos y otros soldados en el pasado reciente rectifica ahora, y al hacerlo, está siendo consistente con sus principios filosóficos.
La experiencia hispana en Estados Unidos es un legado de 500 años que ayudó a dar forma a una nación cuya historia reciente está llena de ejemplos de injusticia y discriminación. Pero en este país las sombras del prejuicio desaparecen bajo la luz de hombres y mujeres que saben ver más allea de la debilidad humana. Entonces, sólo se necesita un presidente para corregir la historia.
Avendaño es Editor Ejecutivo de El Tiempo Latino
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