Bale (9): rescató la versión demoledora del mejor jugador de Inglaterra, asumiendo el liderazgo que se le pedía y demostrando su calidad como futbolista en los momentos de verdad, para decidir una final. Lo buscó de forma incansable, lanzando carreras a sus rivales cada vez que le llegó el balón, hasta que marcó un gol para la historia a cinco minutos del final. Cuando el Barcelona apretaba en busca de la remontada tras empatar, enganchó la pelota y no la soltó. Recorrió todo el campo a la velocidad de un tren y con la convicción de marcar uno de los goles de su carrera. Nadie pudo derribarle, explotó su punta de velocidad y batió por debajo de las piernas a Pinto. La modificación táctica de Ancelotti le condujo a jugar de segundo punta y brilló como nunca. Monopolizó gran parte de las ocasiones de su equipo, en ocasiones pecó de egoísmo pero al final encontró su premio más deseado.
Neymar (6): Martino lo volvió a poner en la derecha, donde fue incapaz de desbordar a Coentrao y además en una confrontación con el luso acabó viendo la amarilla (min.16). En la última media hora recuperó su hábitat natural por la banda izquierda y empezó a hacer daño de verdad. A dos minutos del final tuvo el gol del empate pero su disparo se estrelló en el poste.
Martino: “es un golpe muy duro”
El entrenador del FC Barcelona, Gerardo Martino, afirmó tras la derrota de su equipo ante el Real Madrid en la final de la Copa del Rey que el golpe recibido es muy duro porque las expectativas puestas en este encuentro eran muy altas y agregó que han pagado muy caras las dos acciones de contragolpe del rival. Admitió que su equipo controló el juego y estuvo cerca del área del Real Madrid, pero creó muy pocas ocasiones y señaló que haber perdido una final les genera dolor y una gran sensación de deuda con la afición.
A partir de ahora deben sacar fuerzas de donde escasean tras una semana vivida por el Barcelona que fue calificada por Martino como “muy dura”, pero tras la que se ven obligados a seguir en la pelea por los objetivos que le puedan quedar en la Liga. Martino no considera oportuno hablar de merecimientos en una final. “Ganó el Real Madrid y les felicitamos”, señaló el técnico argentino, quien no quiso hacer referencias individuales cuando fue preguntado por el rendimiento de Leo Messi. ”Me quedo con la intención, con el fútbol y con el control, aunque nos faltó profundidad”, reiteró el entrenador del Barcelona, quien destacó que tras el empate a uno, el partido se les puso de cara, pero en una contra se les escapó la final.
La necesitada victoria de Ancelotti
Carlo Ancelotti necesitaba un partido como el que protagonizó en la final de Copa del Rey, con una apuesta valiente con Isco Alarcón y un movimiento táctico que sorprendió al ‘Tata’ Martino, al pasar a jugar con 4-4-2, meter a Gareth Bale como segundo punta y fulminar la leyenda que le comenzaba a perseguir. La final de Copa del Rey dejaría marcado al técnico que saliese derrotado. Al ‘Tata’ Martino por llevar a la deriva un proyecto que se encamina a un año sin títulos de prestigio. A Ancelotti por una leyenda que comenzaba a devorarle en los duelos directos ante grandes rivales.
En días en los que su equipo no había estado a la altura y no encontró el camino hacia el triunfo. Quedó marcado el técnico del Real Madrid en el Camp Nou en Liga con una apuesta que ya nunca repetiría. Aquel día tuvo una ‘reminiscencia mouriñinesca’ ubicando a un central como medio centro. La decisión de situar a Sergio Ramos en el centro del campo sorprendió hasta al propio jugador, que jugó condicionado todo el Clásico por una cartulina amarilla. El mensaje que lanzaba de inicio en la final de Copa del Rey era justamente el opuesto.
La baja por lesión de Cristiano Ronaldo le obligaba a retocar su once ideal. Pudo aumentar el músculo en la zona de construcción apostando por Asier Illarramendi, pero optó por la fantasía de Isco Alarcón. Antes que el currante eligió al mago que ha conseguido convertir también en obrero cuando el balón lo tiene su rival. Un mensaje de fútbol para jugar al Barça con sus mismas armas, salir a arrebatarle el balón y buscarle las cosquillas con un movimiento inesperado. A las ausencias defensivas en el centro de la defensa del rival las atacaría con Karim Benzema y un nuevo compañero, el galés Gareth Bale. Así consiguió teñir de blanco los primeros veinte minutos de la final y desfigurar al Barcelona.
Ancelotti había ganado las dos finales de Copa que había disputado hasta la fecha, una con el Milán y otra con el Chelsea. En la tercera no falló al madridismo que le exigía un triunfo importante. Era la primera oportunidad de conseguir un título y de paso igualar ya, aún con vida en las otras dos competiciones restantes, lo que consiguió José Mourinho en su primer año. Y lo consigue tras guiar al Real Madrid a una nueva semifinal de Liga de Campeones.
El punto de los doce en Liga ante los rivales contra los que lucha por la Liga, Atlético de Madrid y Barcelona, el empate en Turín ante el Juventus o la preocupante imagen de Dortmund en Liga de Campeones, eran los argumentos más usados para señalar a Ancelotti como un mal motivador. Poco importaba el 3-0 de las semifinales coperas al Atlético de Madrid o la ida de cuartos europea al Borussia Dortmund. Se cayeron por tierra cuando Ancelotti mostró su mano de entrenador con su planteamiento inicial.
Con ventaja en el marcador el Real Madrid recuperó algo que tiene inoculado de años atrás, el contraataque. Defendió en su terreno de juego y estuvo cómodo amparado en la velocidad de Bale y Di María. Los cambios los realizó como siempre tarde, pero en esta ocasión sirvieron para arañar segundos al marcador. El gol final de Bale fulminó una leyenda negra que comenzaba a perseguirle al técnico italiano. Ya nadie le podrá acusar de no dar la talla en los días grandes.