Al menos un 4,1 % de los condenados a la pena de muerte en Estados Unidos eran inocentes y, aunque sus sentencias se acaben revisando, pocos tienen opciones de conseguir la libertad, según un estudio publicado en la revista científica “Proceedings of the National Academy of Sciences”.
Un 1,6 % de los sentenciados a la pena capital fueron exonerados y puestos en libertad desde 1973, lo que según los autores del informe deja una parte de los presos inocentes sin liberar, ya sea porque acaban cumpliendo la pena capital o porque sus penas son reducidas a cadena perpetua.
El profesor Samuel Gross, coautor de la investigación, explicó a Efe que la mayor parte de los inocentes que no son liberados acaban recibiendo una condena perpetua, pero algunos siguen hoy en día en el corredor de la muerte, otros se suicidaron y una parte realmente acabó siendo ejecutada por las autoridades penitenciarias.
La investigación, firmada por cuatro autores, analizó más de 7.400 sentencias hechas desde 1973 y hasta 2004, ya que, después del dictamen, el caso puede evolucionar con posibles alegaciones y sentencias nuevas, y la ejecución suele producirse años después del juicio.
El profesor Gross apunta que el número de exoneraciones es muy dispar de un año a otro y que, en los casos de pena de muerte, las pruebas de ADN no son la clave para cambiar una sentencia.
“En muchos casos se trata de la aparición de nuevas pruebas de que alguna otra persona cometió ese crimen; se demuestra, por ejemplo, a través de huellas dactilares”, detalla.
Contar con una buena asistencia legal, captar la atención de las cortes y evitar conductas poco profesionales de las autoridades se convierten en factores decisivos para que un inocente en el corredor de la muerte sea puesto en libertad.
Eso, a juicio de Gross, vincula la suerte del acusado a que tenga -o se pueda permitir- un buen equipo legal experto en casos de pena de muerte.
El estudio publicado hoy indica que una buena parte de los inocentes que fueron condenados a pena de muerte nunca son liberados, pero sí ven sus condenas rebajadas, generalmente a cadena perpetua.
Los abogados, las cortes y los gobernadores sí destinan tiempo y atención en revisar casos para evitar que se ejecuten a ciudadanos inocentes pero, según los investigadores, esos individuos acaban muriendo igualmente en la prisión, al cumplir finalmente una cadena perpetua.
El problema -dice el artículo- es que cuando las alegaciones conducen a un cambio de condena, el riesgo de ejecución desaparece y, con ello, también los esfuerzos para buscar pruebas o conseguir revisiones que determinen su inocencia.
“En consecuencia, un acusado inocente que podría haber sido exonerado y puesto en libertad si hubiera continuado en el corredor de la muerte, acaba probablemente muriendo en prisión si recibe una nueva sentencia para no ser ejecutado”, subrayan los autores en el texto.
Los cuatro autores del informe advierten de que no existe “un método sistemático” para determinar los inocentes condenados erróneamente y explican que usaron un análisis de supervivencia para aproximarse a las cifras, un sistema usado en medicina.
Tras el análisis de todos los datos de los últimos años establecieron que un mínimo del 4,1 % de las sentencias a muerte entre 1973 y 2004 fueron a inocentes, “una estimación muy conservadora de la proporción de condenas falsas”, aseguran.
Desde la reinstauración de la pena de muerte en 1976, un total de 1.378 presos fueron ejecutados en Estados Unidos, y en 2013 fue el quinto país del mundo en número de ajusticiados, solo por detrás de China, Irán, Irak y Arabia Saudí, según Amnistía Internacional.
El año pasado fueron 39 los reos ajusticiados y este año, por el momento, 19, lo que dibuja una tendencia a la baja de las ejecuciones durante la última década que concuerda con el descenso también de las sentencias a muerte y de la criminalidad en el país.
Entre 1973 y 1999, la justicia concedió la libertad a una media de tres condenados a muerte al año al demostrar su inocencia y desde 2000, la media anual subió a cinco, según datos del observatorio Death Penalty Information Center.
El informe anual del Registro Nacional de Exoneraciones indica que el número de presos exonerados en Estados Unidos, que incluye cualquier tipo de sentencia -no solo a muerte-, marcó un récord histórico en 2013.
El año pasado se exoneraron a 87 personas inocentes, que fueron liberadas de los cargos por los que habían sido condenados.