El asunto de la reforma migratoria ha sido un tema candente desde el proyecto de ley McCain/Kennedy del 2005.
Desafortunadamente, desde entonces, el liderazgo Republicano en Washington D.C. ha encontrado todas las excusas para bloquear la reforma migratoria, y lo han hecho hasta con legislación bipartidista y de sentido común como el Dream Act.
Recientemente, el Partido Republicano de Texas del 2014 adoptó una plataforma pidiendo una prohibición de legalización para cualquier persona sin documentos y pidiendo que se repele la ley de Texas que permite que personas sin documentos paguen la matrícula universitaria como residentes. Ahora, los niños que se huyen de la violencia en sus países natales se han vuelto el blanco número uno para el liderazgo Republicano y su llamado para más presencia policiaca en la frontera, a pesar de no tener ninguna evidencia de un alce en actividad criminal resultado de esta ola de niños refugiados.
No sorprendentemente, los Senadores Federales John Cornyn y Ted Cruz le echan la culpa al Presidente Obama por el influjo de menores de edad no acompañados en la frontera, diciendo, “… políticas que se impulsaron por, supuestamente, razones humanitarias han producido un desastre humanitario.” Específicamente, le echan la culpa a la política conocida como Acción Diferida (DACA por sus siglas en inglés). Estas declaraciones son engañosas y completamente fallidas. Olvídese del hecho que están politizando el sufrimiento de niños, o el hecho de que estos niños ni llenan los requisitos para DACA, o que la administración de Obama ha deportado muchísimos más inmigrantes que Bush y Clinton juntos. Mientras ha habido un arranque de menores no acompañados en puntos específicos en la frontera, cabe destacar que aun con el reciente incremento, el Servicio de Indagación del Congreso reportó que el número total de migrantes que cruzan la frontera sur de Estados Unidos sin documentos disminuyó por un 75 por ciento entre 2000 y 2013.
Seamos absolutamente claros. Los menores no acompañados que llegan a nuestra puerta están huyéndose de la violencia y los carteles en sus propios países. Esto no tiene nada que ver con DACA ni ninguna otra política que el liderazgo Republicano de Texas quiere utilizar para echarle la culpa al Presidente.
Como lo destaca el Centro Americano Para el Progreso, “La violencia que últimamente se ha desatado en Honduras, El Salvador y Guatemala no solamente está causando una crisis de refugiados en Estados Unidos. También ha afectado a cada país en la región ya que los niños temen por su vida y están buscando seguridad donde sea que lo encuentren. De acuerdo al UNHCR, las peticiones para asilo de ciudadanos Hondureños, Salvadoreños y Guatemaltecos han incrementado por un 712 por ciento en los países vecinos de México, Panamá, Nicaragua, Costa Rica, y Belice desde el 2009.”
¿Entonces, que debería de ser la respuesta del gobierno Estadounidense? ¿Es más, cual es la respuesta de Texas ante los 90,000 menores no acompañados que se proyecta lleguen a la frontera del suroeste antes de que se acabe el año? Antes de que Texas gaste $38 millones en dinero no adjudicado en el Departamento de Seguridad Pública, tal vez deberíamos de considerar que la respuesta ha de ser informada por la causa.
Lo que se necesita no es más militarización que impacta a la vida cotidiana de los residentes fronterizos y es inadecuada para hacerle frente a este asunto especial. A corto plazo, necesitamos una manera humana de detener a los menores. Necesitamos servicios legales y albergues humanos para los niños mientras navegan por, como lo caracteriza correctamente el San Antonio Express-News, un proceso “bizantino” para someter peticiones y buscar asilo y otros reclamos humanitarios. Por lo menos algunos, si no la mayoría, de los $1.3 millones que el liderazgo estatal autorizó por semana debe ser utilizado para satisfacer las necesidades humanitarias de los niños, lo cual incluye la provisión de fondos a organizaciones comunitarias como el Annunciation House en El Paso, que ha servido a más de 300 refugiados.
A largo plazo, necesitamos una reforma exhaustiva para arreglar nuestro sistema migratorio roto. Enviar estos niños refugiados de regreso es, en esencia, dándoles una pena de muerte en muchos casos. Desafortunadamente, eso es exactamente lo que pasará con algunos de ellos bajo nuestro actual sistema migratorio, especialmente los que no tienen consejeros legales.
Como lo he repetido en varias ocasiones, la frontera es una región multifacética. Primariamente, representa la oportunidad para EE.UU., tomando en cuenta nuestra rica cultura y comercio sustancial.
Debemos hacerle frente a la crisis humanitaria que existe y actuar pensativamente, teniendo los intereses de los niños siempre en mente.
José Rodríguez es representante del distrito 29 del Senado de Texas, que incluye los condados de El Paso, Hudspeth, Culberson, Jeff Davis y Presidio.