El primer intruso armado en la historia de la Casa Blanca, uno de los edificios más protegidos del mundo, ha puesto en el ojo del huracán al Servicio Secreto, un cuerpo de élite salpicado en los últimos años por escándalos y flagrantes errores. Julia Pierson, la mujer elegida en 2013 para poner fin a la cuestionada cultura interna de esta agencia dominada por hombres, renunció el 1 de octubre en medio de ácidas críticas por los graves fallos de seguridad y la falta de transparencia a la hora de informar sobre ellos.
“Es doloroso para mí abandonar en un momento en que la agencia se está recuperando de una brecha significativa en su seguridad”, dijo Pierson en una entrevista con Bloomberg News.
Obama telefoneó a Pierson para agradecer sus más de 30 años de “servicio a la agencia y al país”, poco antes de que el secretario de Seguridad Nacional, Jeh Johnson, que supervisa al Servicio Secreto, anunciara que había aceptado la dimisión de la funcionaria.
El 19 de septiembre Omar J. González, un veterano de Irak con supuestos problemas mentales, logró entrar armado con un cuchillo en la Casa Blanca y acercarse a las dependencias de la familia presidencial, que había abandonado el edificio tan sólo unos minutos antes. En un primer momento el Servicio Secreto aseguró que el intruso no iba armado y que fue detenido en cuanto cruzó la puerta de entrada, pero el martes 30 de septiembre Pierson tuvo que admitir ante el Congreso la veracidad de los informes del Washington Post que contradecían esa versión.
¿Cómo pudo ocurrir? El perro no fue soltado cuando González entró. La puerta de la Casa Blanca no estaba cerrada ni tenía -acaban de incorporarlo- un sistema de cierre activable a distancia.
Además, en el Pórtico Norte no estaba el guardia pertinente y la alarma que debía avisarlo había sido silenciada por funcionarios del edificio que la consideraban molesta.