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Igualdad ante el matrimonio

Permitan que salga del closet: no soy homosexual —lo cual no es una virtud ni  un vicio, tan solo una realidad.

Uno de mis hermanos es gay. Algunos de mis amigos pertenecen a la comunidad LGBT. Algunos de mis amigos homosexuales y lesbianas están casados en este país y en Europa. Algunos han adoptado hijos. Algunos han estado viviendo como pareja por años y no les importa lo más mínimo el tema del matrimonio. Pero aquéllos a los que sí les importa siguen empujando la agenda de lo que llaman “igualdad ante el matrimonio” —Y para ellos, octubre es un mes para celebrar.

El matrimonio entre parejas del mismo sexo en Virginia es legal desde el 6 de octubre de 2014, después de que la Corte Suprema decidiera negarse a considerar una apelación de la “Fourth Circuit Court of Appeals” en el caso Bostic v. Schaefer. Y desde la 1:00pm del 6 de octubre Virginia ha estado casando a estas personas. La decisión de la Corte Suprema implica que ahora este tipo de uniones será legal en 11 estados donde había sido prohibido. Por lo cual, si la matemática no engaña, en Estados Unidos hay 30 estados más el Distrito de Columbia donde la igualdad ante el matrimonio es ley. Pronto será la ley de todo el país.  Y no, no es el fin del mundo.  La revolución —o el “cambio” si la palabra le resulta más digerible— es una vez más traída a ustedes de la mano de jueces y abogados.

¿Generará esto una “guerra cultural” en el país? Seguramente.

Tony Perkins, presidente del  Family Research Council, dijo en un comunicado publicado por cnsnews.com que la decisión de la Corte Suprema silencia “la voz del pueblo” permitiendo que jueces de tribunales de inferiores “que han ignorado la historia y el precedente legal silencien a los representantes electos por el pueblo”. Por su parte, Brian S. Brown, presidente de la National Organization for Marriage escribió que “la sola idea de que el matrimonio pueda ser redefinido desde lo jurídico no es legítimo”.

Tanto Perkins como Brown piensan que es inaceptable llamarle matrimonio a la unión de Ingrid y Catherine. Para ellos, José y Miguel nunca deberían casarse —idealmente nunca deberían amarse con todas las consecuencias. Solución? Aunque algunos prefieren luchar contra la realidad imponiéndoles a otros sus propias, y respetables, ideas culturales o religiosas, el deber de las cortes y de los políticos debiera ser gestionar la realidad humana. No se trata de una regla divina tallada en piedra. Se trata de los derechos individuales y del libre albedrío.

Para Ingrid Durán y Catherine Pino —quienes se casarán en Virginia— el matrimonio es “la unión de dos seres que se aman y es un error prohibir este amor basado en el sexo de la persona que se ama”. Quienes desaprueban el amor de los otros deberían recordar las palabras de Oscar Wilde: “El egoismo no es vivir como a uno le gusta vivir, sino pedirle a los otros que vivan como a uno le gusta”.  Mr. Wilde fue un homosexual que puso todo su genio en su vida y solo su talento en sus obras.

Hagamos lo mismo.

Avendaño es EDITOR DE El Tiempo Latino

alberto@eltiempolatino.com

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