Cada día, al comienzo de las clases en el Colegio Don Bosco de Soyapango un centenar de adolescentes vestidos con un uniforme azul cantan y rezan en el auditorio. El campus de esta escuela es una isla de paz en medio de un mar de violencia. Soyapango es una de las municipalidades más violentas de El Salvador. Las maras mantienen una guerra sin control en la que rutinariamente se matan los unos a los otros.

Luis Silva tiene 16 años. No ha visto a su padre en 10 años y hace siete años que no ve a su madre. Ambos viven en Maryland, Estados Unidos.

INTIPUCÁ. Es conocida como 'la Ciudad del Dolar" debido a que la mitad de las personas que han nacido en este lugar de El Salvador residen en Estados Unidos. Estatua al migrante.

League contrata a ex pandilleros, a ancianos, a homosexuales y a personas con discapacidades.
En su último reportaje para National Public Radio (WAMU 88.5FM), el periodista Armando Trull visitó lugares y habló con personas que arrojaron una luz de esperanza a la dura realidad que enfrentan muchos jóvenes y sus familias en El Salvador.
“Siempre temes salir de la casa porque algo malo te pueda suceder”, dijo Luis Arce de 19 años.
En 2011, la administración Obama prometió una ayuda de $220 millones para El Salvador durante los siguientes cinco años, poniendo énfasis en los programas que ayuden a jóvenes en riesgo en comunidades infestadas de violencia, pobreza y altos indices de migración hacia Estados Unidos. Adam Schmidt dirige la oficina para la democracia y el gobierno de USAID en San Salvador.
“A través de USAID se han creado programas y hemos abierto 77 nuevos centros para que jóvenes y niños tengan donde acudir después de la escuela, lugares seguros donde seguir aprendiendo sobre valores y oportunidades”, dijo Schmidt.
El programa SOLUCIONES que está en parte financiado por USAID, ofrece clases en las que se incluye discutir con los jóvenes la toma de decisiones y cómo enfrentar el reclutamiento de las maras. SOLUCIONES le abrió puertas a Arce que este joven no sabía que existían.
“Yo soy muy pobre, eso y que la violencia te lo pone muy difícil. Pero aquí estoy aprendiendo que tenés que hacer las cosas paso a paso. Es una gran oportunidad para ser algo en la vida”, expresó Arce.
SOLUCIONES también incluye la formación profesional. Los estudiantes, por ejemplo, aprenden a reparar máquinas de coser industriales.
Ever tiene 20 años, vive solo desde los 15 y espera que lo que está aprendiendo le ayude a conseguir un trabajo y así poder pagarse la Universidad.
“Si siguiera otro camino a lo mejor estaba ahora por ahí matando gente… pero mi Dios no me abandonó”, dijo.
Hay programas en zonas controladas por las maras para mitigar la violencia de los jóvenes que se unen a las pandillas. Luis Romero dirige “Homies Unidos” una pequeña organización no lucrativa que se dedica a integrar a ex pandilleros en la sociedad.
“¿Por qué no darles la oportunidad de cambiar a los mareros si realmente quieren cambiar?”, expresó.
Pero es difícil encontrar oportunidades por aquí. El desempleo es alto y los salarios bajos. Una mala combinación cuando se considera el elevado coste de la vida cortesía de una economía dolarizada, indicó Romero.
En la plaza de Intipucá, una estatua con la imagen de un joven caminante rinde homenaje a los miles de migrantes que se han marchado de aquí —La mayoría viven hoy en la región de Washington, DC.
Además de la violencia y la pobreza, la reunificación familiar es otro de los factores que lleva a los jóvenes a emprender el camino hacia el norte.
Luis Silva tiene 16 años. No ha visto a su padre en 10 años y hace siete años que no ve a su madre.
“Mi mamá está en Maryland. Por una parte no quiero marcharme, pero también quiero ver a mi familia… pero allá todo es diferente. Me dicen que tengo que ir pero no estoy seguro”.
Hay más de dos millones de salvadoreños en Estados Unidos que envían $2,5 mil millones al año en remesas, en parte porque cientos de miles de estos migrantes han dejado un hijo atrás. Un hijo como Luis.
“Si mis padres siguen ayudándome me graduaré de la escuela y también podré ir a la universidad y estudiar una carrera”, dijo Luis.
Las remesas son un arma de doble filo porque contribuyen a la inflación, también facilitan que las personas no trabajen dado que los salarios son muy bajos y, además, los receptores de este dinero se suelen convertir en víctimas de la extorsión y el robo.
Integración social
Armando Trull visitó un parque industrial en El Salvador donde hombres y mujeres trabajan cosiendo camisetas de universidades estadounidenses para una compañía llamada League. Enrique Bolaños es el gerente general de la empresa y es optimista.
“Veo el comienzo de una gran nación. Una gran nación como Taiwán, como Japón, como los Estados Unidos”, dijo Bolaños.
League contrata a ex pandilleros, a ancianos, a homosexuales, a heterosexuales y a personas con discapacidades.
“Básicamente lo que hacemos es ver tu corazón y poner a prueba tu batería, nos aseguramos de que esté bien cargada para trabajar y disfrutar. Aquí trabajan personas mayores de 75 años porque puede que tengan que mantener a un hijo con síndrome de Down”, explicó Bolaños.
Los hijos de los ex pandilleros juegan con otros niños en la guardería gratuita de la empresa. Los trabajadores reciben desayuno y almuerzo a precio reducido, así como escolarización. Bolaños dijo que trata de contratar a las esposas de los trabajadores y a sus hijos adultos para ayudar a la economía familiar. Un trabajador promedio de League gana $300 al mes. Un familia de cuatro en El Salvador necesita unos $750 al mes para subsistir con lo básico.
Carlos Argueta Crispín trabaja con una enorme máquina que graba los logos en las camisetas. Argueta Crispín explicó que él era conocido como un marero peligroso, uno de los fundadores de la MS-13 la Mara Salvatrucha. Su papá lo abandonó cuando él tenía nueve años, dijo, y fue una presa fácil “para ese mundo” de las maras. Luego, al crecer, se hizo más violento y se puso más tatuajes. Quería ser el más violento y el más loco, dijo.
Argueta Crespín se convirtió al cristianismo y abandonó la MS-13 hace casi una década, pero al igual que muchos ex mareros sus tatuajes y su vida pasada le cerró casi todas las puertas para ganarse la vida de manera honrada. Todavía dice que está sorprendido de que lo contrataran en League.
“Aquí tenemos educación, un salario digno, mi esposa trabaja conmigo y también mi hijo”, expresó y añadió que si no hubiera encontrado esta oportunidad hoy estaría muerto o cumpliendo condena en una cárcel de máxima seguridad. “Y mis hijos seguirían los pasos de su padre, en la cárcel o muertos”, dijo.
Bolaños dijo que su empresa y otras maquilas salvadoreñas podrían crecer enormemente si Estados Unidos expande sus acuerdos comerciales con El Salvador.
El ejemplo de Cinquera
La banda de música de Cinquera es otra luz de esperanza. Este pueblo de 1.800 habitantes se levanta al pie de una montaña. Durante la guerra civil de los años 80 Cinquera fue prácticamente destruída y sus residentes vivieron en campos de refugiados en Honduras. Con la llegada de la paz comenzaron a regresar a su pueblo, pero el espíritu comunitario que los ayudó a sobrevivir durante esos duros años todavía se mantiene hoy entre estas gentes.
“En aquellos tiempos compartíamos la comida, aprendimos que si nos uníamos como comunidad podíamos acabar con la violencia. Por eso hoy contamos con la juventud para todo lo que hacemos”, dijo Omar Peña hablando de la banda de música local integrada por muchachos y adolescentes que son músicos autodidactas, que tocan por amor a la música sin haber asistido nunca a clases en ninguno de esos instrumentos, desgastados y viejos, que llevan en las manos con orgullo y sencillez.
A pesar de no contar con recursos, la comunidad de Cinquera utiliza las artes y los deportes para evitar que estos muchachos se conviertan en “bichos bayuncos”, que en jerga salvadoreña significa algo así como “jóvenes criaturas intratables y testarudas”. Ellos saben muy bien lo fácil que es pasar de “bicho bayunco” a marero y violento pandillero.
Cinquera es otro ejemplo de cómo los salvadoreños de hoy tratan de romper el ciclo de la pobreza y la violencia. El nombre de su banda de música refleja las justas aspiraciones de este pueblo donde todavía son visibles las cicatrices de la guerra y, sin duda, este nombre es eco también de las aspiraciones y sueños de todo un país: La Banda de la Paz.