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Impacto dreamer: sueños se hacen realidad

Dreamers en Trinity Washington University

Las dreamers Karen Tituana (izq.) y Fidelia Pérez en Trinity Washington University el 12 de diciembre de 2014.


           
   

Alfredo Duarte Pereira para ETL

Las dreamers Karen Tituana (izq.) y Fidelia Pérez en Trinity Washington University el 12 de diciembre de 2014.

La doctora Carlota Ocampo, Provost de Trinity Washington University.


           
   

Alfredo Duarte Pereira para ETL

La doctora Carlota Ocampo, Provost de Trinity Washington University.

Las jóvenes estudiantes de Trinity Washington University se reunieron alrededor de las mesas del salón universitario. Estaban felices. Conversaban entre ellas, reían con complicidad. La comida estaba a punto y la satisfacción, después de un semestre de estudio, se reflejaba en el rostro de unas 20 mujeres que ese día —el 12 de diciembre— sintieron que sus sueños se estaban haciendo realidad.

Estas jóvenes dreamers compartieron con El Tiempo Latino parte de su historia de vida: la incertidumbre al descubrir que no tenían documentos y que eso les cerraba las puertas de la universidad, la frustración de sentirse de aquí —el país en que crecieron— pero comprobar que eran rechazadas. Y el temor a perder la familia que tanto había luchado por ellas. Hasta que llegó una organización salvadora —TheDream.US— y una persona que había vivido en carne propia todas esas ansiedades, Gaby Pacheco.

“Cuando empecé a trabajar con Henry Muñoz y Don Graham vi que el impacto era enorme y que podíamos cambiar vidas”, dijo Pacheco.

El filántropo demócrata, Muñoz, y el ex dueño de The Washington Post, Graham, crearon alianzas para lanzar en junio de 2013 el mayor programa nacional de becas para jóvenes dreamers que llegaron a este país  siendo menores de edad y a quienes la ley no reconoce como residentes legales de los lugares en que han vivido la mayor parte de sus vidas. Hoy el programa cuenta con $40 millones de fondos y acaba de otorgar ayudas para la universidad a 500 jóvenes.

“En Trinity celebramos a estas jóvenes talentosas y agradecemos su esfuerzo, su capacidad de lucha y su compromiso con la educación y sus familias”, explicó Pacheco. “En unos años demostraremos que esta iniciativa de ayudar a los dreamers es, no solo lo moralmente correcto, sino que económicamente tendrá un impacto positivo para el país”.

Una de las jóvenes en el evento de Trinity fue Marisela Tobar, salvadoreña, quien llegó a este país cuando tenía 5 años. “TheDream.US es lo mejor que me ha pasado en la vida”, dijo Tobar. “Ahora voy a ser educadora y, si Dios quiere, ayudaré a otros estudiantes a salir adelante”.

Por su parte, Laura García, chilena, llegó a Baltimore con 12 años, dijo que con su beca estudia bioquímica y que “los sueños son posibles”. Y la ecuatoriana  Karen Tituana expresó que al llegar a la adolescencia en las escuelas públicas del condado de Montgomery descubrió que la universidad era un imposible: “Me di cuenta que tendría que trabajar el triple que mis compañeros y que aun así podía no conseguirlo”. Pero la beca ahora la ayuda a estudiar nutrición en Trinity, con concentración en Estudios Internacionales, “porque me gustaría trabajar con la población indígena en Ecuador”, dijo. Y Fidelia Pérez se emocionó al recordar que no veía una salida hasta que le llegó la beca, pudo graduarse de su escuela secundaria en Arlington, Virginia, y hoy sabe que se graduará de enfermera. “A los estudiantes que se sientan atrapados como me pasó a mi, les digo que no se den por vencidos”, expresó Pérez.

La doctora Carlota Ocampo —Provost de Trinity Washington University— dijo a El Tiempo Latino que “es un privilegio para Trinity tener a los dreamers entre nosotros”. “Sin duda la beca ha sido una bendición que nos ha permitido traer a un grupo de mujeres impresionantes con un enorme compromiso con su formación”, expresó Ocampo.

Se trata de hacer sueños realidad por el bien de todos, indicó Pacheco quien —sin querer queriendo— se ha convertido en la líder de un movimiento para la integración de un grupo que tiene una historia emocional que contar y mucho que contribuir a su país de acogida.

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