EFE/Jorge Bañales.

El altar de la capilla José María Escrivá, en el Centro de Información Católico de Washington, tiene el sagrario cubierto con violeta, el color litúrgico de la Cuaresma.



EFE/Jorge Bañales

Penitentes oran en la Parroquia de San Patricio, de Washington DC, durante la Cuaresma mientras unos 200 millones de cristianos en Estados Unidos se preparan para la Semana Santa. El de San Patricio, erigido en 1792, fue el primer templo católico en la entonces nueva capital de EE.UU a las afueras de la localidad de Georgetown.



EFE/Kevin Dietsch

El presidente de Estados Unidos Barack Obama participa en el llamado "Easter Egg Roll" (Carrera de Huevos de Pascua), una carrera en la que los niños compiten por rodar huevos duros de colores, en el ala sur de la Casa Blanca en Washington.

Washington, DC.— Casi el 78 por ciento de los estadounidenses se consideran cristianos y, entre ellos, la Iglesia Católica es la que tiene un mayor número de fieles, aproximadamente 63 millones, o el 23% de quienes tiene su “semana mayor” entre el Domingo de Ramos y el Domingo de Resurrección.

Otros colectivos cristianos son más numerosos que los católicos en EE.UU., pero están fraccionados en diversas denominaciones de iglesias protestantes, bautistas, evangélicas, ortodoxos, pentecostales y la variedad autóctona de “mega iglesias” e iglesias “independientes sin denominación”.

Los católicos en Estados Unidos cumplen con los ritos de Semana Santa a los cuales se apegan sus correligionarios en el resto del mundo, con una excepción: en EE.UU. la semana es laboral y no un periodo de vacaciones que coincide con el comienzo de la primavera (en el hemisferio norte), o del otoño (en el sur).

Algunas empresas reconocen el Viernes Santo como una fecha cuya conmemoración merece un día libre, pero no es la norma.

Muchas escuelas primarias, secundarias y universidades ofrecen unas “vacaciones de primavera” que son motivo de fiestas bulliciosas entre muchos jóvenes.

LA CUARESMA, Y EL FIN DE SEMANA SANTO.

Todos los cristianos: católicos, protestantes o de cualquier otra denominación, recuerdan en esa semana la saga que relatan los Evangelios: el arribo triunfal de Jesús, a lomos de un borrico y aclamado por las multitudes, la pausa sin ritos peculiares del lunes al miércoles, y el jueves de la Última Cena.

También se reproducen en las iglesias católicas más tradicionales la escena del lavado de los pies, seguidas por los tormentos espirituales que, según los relatos, padeció Jesús en el jardín de Getsemaní.

Aunque el Miércoles de Ceniza es común ver en las calles y oficinas de EE.UU. a católicos con una cruz trazada con cenizas en su frente, es muy baja la proporción de cristianos que se atienen a las normas dietéticas de la Cuaresma.

Pero el Viernes Santo, al parecer, son más los que recuerdan el día de duelo por la muerte de Jesús, y en muchos restaurantes se ofrecen más platos sin carnes rojas y una variedad de vegetales.

El fin de semana del Sábado Santo en el que los cristianos, supuestamente en duelo, aguardan a que se cumpla la promesa de resurrección atribuida a Jesús, y el Domingo de Pascua, son jornadas en las que sí se involucran la mayoría de los estadounidenses.

Es la semana que inaugura, oficialmente, la primavera. Han cambiado ya las prendas de vestir que abarrotan las tiendas, quedan a un lado las ropas oscuras, las chaquetas largas y las gorras de lana, y los centros comerciales -templos de la sociedad de consumo- estallan en colores.

El Domingo de Pascua es una de las fechas tradicionales en EE.UU. para los reencuentros familiares, y una ocasión para que las niñas y jóvenes luzcan vestidos casi nupciales.

Lo que sí unifica a casi todos los estadounidenses en el cierre de la Semana Santa es la celebración de ritos y símbolos que poco o nada tienen que ver con la tragedia y triunfo centrales en la religión cristiana.

El Domingo de Pascua se intercambian obsequios de todo tipo, y están presentes en todas partes los huevos y conejitos, confeccionados con chocolate.

Las iglesias y otras instituciones tienen la “búsqueda de los huevos”, en los jardines donde a los niños se les deja que corran para descubrir huevos pintados de todos los colores que se han ocultado tras las matas.

El conejo, que por alguna razón no explicada es rosado, amarillo o celeste, y los huevos pintados son símbolos de fertilidad y proliferación que derivan de las religiones a las cuales el cristianismo silenció.

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