Irlanda Gutiérrez Galdámez, prima hermana de Monseñor Romero, en su casa de Ciudad Barrios con una cruz que le perteneció al mártir que será beatificado el 23 de mayo en San Salvador.



Cort. Vladimir Gutiérrez

Irlanda Gutiérrez Galdámez, prima hermana de Monseñor Romero, en su casa de Ciudad Barrios con una cruz que le perteneció al mártir que será beatificado el 23 de mayo en San Salvador.

Su preocupación por los pobres y su generosidad fueron bien conocidas; defendió al clero perseguido, a los más necesitados, los inválidos y veló por el respeto de los derechos humanos. Su amor por los más necesitados le servía para querer más a su país, y lo comprendía como un camino, también para los ricos, en la búsqueda del bien común y de la salvación eterna.

Era Monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez, quien este sábado 23 de mayo será beatificado por la Iglesia Católica en San Salvador, un “regalo de Dios” del que sus familiares se sienten “muy honrados”, según dijeron su hermano Santos Gaspar Romero Galdámez y su prima Irlanda Gutiérrez Galdámez a El Tiempo Latino.

“La gente aquí en San Salvador está emocionada, encantada y agradecida porque después de 35 años de espera el Papa Francisco dio la luz verde para la beatificación”, dijo Santos Gaspar el martes 19 vía telefónica desde San Salvador.

Monseñor Romero fue asesinado por un francotirador el 24 de marzo de 1980 mientras oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia en San Salvador, siendo aprobada su beatificación en febrero por el Papa Francisco.

“Nosotros sus familiares estamos honrados y agradecidos con Dios y con el Santo Padre por habernos dado ese regalo. Tenemos ya un santo que no es sólo de la familia sino de todo el pueblo salvadoreño y yo diría que del mundo entero”, agregó Santos Gaspar, de 85 años.

La muerte de Romero no tuvo una causa política, sino de odio a una fe que impulsada por la caridad no callaba ante la injusticia que cobraba cientos de víctimas.

En el decreto para la beatificación de Romero, se reconoce el “martirio” del arzobispo “in odium fidei”, es decir, que fue asesinado por “odio a la fe”.

Nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, en el departamento de San Miguel. Era el segundo de 8 hermanos, hijos del matrimonio formado por el telegrafista y empleado de correos, Santos Romero, y Guadalupe Galdámez.

“Yo soy el hermano menor y cuando él se fue a los trece años para el seminario de San Miguel yo estaba muy pequeño. Era cuando él venía de vacaciones que platicábamos y nos conocíamos. Luego pasó al Seminario de San Salvador y luego al Vaticano donde fue ordenado sacerdote a los 24 años en 1942”, recordó Santos Gaspar.

“Desde ese entonces ya tenía deseos de regresar a Ciudad Barrios pero no podía regresar porque estaba la Segunda Guerra Mundial en pleno apogeo y a él le tocó vivirla allá en Italia”, relató.

En Italia Romero aprendió inglés, francés e italiano. Luego cuando pudo salir de Italia se fue rumbo a España y desde ahí a Cuba. “En Cuba lo entretuvieron junto a varios que estaban con él porque tenían que investigar qué clase de personas eran”, explicó Santos Gaspar.

De Cuba se trasladó a México y luego hacia El Salvador. Llegó a San Miguel donde estuvo unos días y de ahí a Ciudad Barrios donde lo recibió todo el pueblo “porque para nosotros fue una sorpresa que estuviera vivo”, admitió el hermano menor de monseñor.

“Todos pensábamos que el ya no existía, no había comunicaciones debido a la guerra. Lo primero que hizo al llegar a Ciudad Barrios fue ir a la Iglesia a dar gracias a Dios’ puntualizó Santos Gaspar quien tenía 15 años cuando su hermano regresó de Europa.

Recordó que la Guerra Civil que afectó a El Salvador entre 1980 y 1992 explotó con el asesinato de su hermano.

“Cuando se corrió la noticia de que lo habían asesinado todo el pueblo salió a la calle a averiguar qué había pasado. Ahí empezó la guerra civil porque empezaron a tirar bombas y a tumbar los postes de luz eléctrica a la calle. Estaba a oscuras la ciudad y no se podía transitar. Al día siguiente comenzaron los secuestros, se tomaban iglesias, consulados, secuestraban a cónsules y así empezó la guerra”, aseguró Santos Gaspar sobre el conflicto armado que se cobró la vida de decenas de miles de salvadoreños.

“Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”, “que mi sangre sea la semilla de libertad y la señal de la esperanza”, “les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”, solía decir Monseñor Romero, quien fue ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942, después de completar su formación teológica en la Universidad Gregoriana de Roma y de haber pasado por el seminario jesuita de San José de la Montaña.

De regreso en El Salvador en 1943, fue destinado a la parroquia de Anamorós, en el departamento de La Unión, y poco después, a la ciudad de San Miguel como párroco de la catedral y secretario del obispo.

Nombrado el 15 de septiembre de 1974 obispo de la diócesis de Santiago de María, monseñor Romero fue destinado a la Archidiócesis de San Salvador el 3 de febrero de 1977.

“La doctrina de monseñor debe seguir en la conciencia de los salvadoreños. Yo estoy seguro de que en estos tiempos difíciles que vive nuestro país, él estuviera ayudando para que se crearan trabajos, se terminara la violencia y se detuviera la emigración que tanto daño le hace a la sociedad salvadoreña”, concluyó Santos Gaspar Romero.

Una prima de Monseñor Romero, Irlanda Gutiérrez Galdámez, de 82 años y quien reside en Ciudad Barrios también declaró desde esa ciudad.

“Siempre escuchamos las homilías que quedaron grabadas, lo bonito que él se expresaba. La beatificación es casi el único tema de conversación aquí en Ciudad Barrios. Hay algunas personas que todavía recuerdan fácilmente cómo era, sus bondades, su deseo de ayudar al prójimo”, dijo Gutiérrez sobre el mártir Romero.

“En este barrio estamos muy orgullosos de su beatificación por haber sido la cuna de Monseñor”, concluyó.

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