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Horror ante el juicio en Irán al periodista Jason Rezaian

Se suceden las injusticias de vergüenza en el tratamiento al que sigue sometido el corresponsal de The Washington Jason Rezaian. Lo último es que acabamos de saber que su juicio será a puerta cerrada. Lejos del escrutinio que el proceso merece.

Pero es que ése es el sistema al que nos enfrentamos. Recordemos que Jason fue arrestado sin cargos y encerrado en una de las peores prisiones de Irán. Aislado durante meses, a Jason se le negó hasta el cuidado médico que precisaba. El caso le fue asignado a un juez conocido internacionalmente por sus violaciones a los derechos humanos.  Jason no sólo no pudo ni siquiera elegir al abogado que llevara su defensa, sino que se le dio nada más que una hora y media para reunirse con un abogado que había sido previamente aprobado por la corte. Ni la corte, ni la fiscalía presentaron en ningún momento prueba alguna que justificara los absurdos cargos de los que se acusa a Jason. La fecha del juicio le fue comunicada solamente al abogado de Jason, la semana pasada. Y ahora, aunque no resulta una sorpresa, resulta ofensivo que el juicio se vaya a producir a puerta cerrada.

La madre de Jason, Mary, quien se ha pasado las últimas dos semanas en Irán en espera del juicio a su hijo, no podrá asistir. La esposa de Jason, Yeganeh, quien también enfrenta cargos relacionados con el caso, tampoco podrá asistir al juicio de su esposo.

Las autoridades de Teherán hicieron caso omiso a las peticiones de The Washington Post para conseguir una visa que le permitiera a un editor del Post viajar a Irán.

No existe la más minima justicia en el sistema que juzgará a Jason, un hombre bueno e inocente cuyo destino depende de ese juicio. Irán está haciendo toda una declaración de principios en el tratamiento vergonzante al que somete a nuestro colega. La comunidad internacional debe sentirse hoy horrorizada.

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