Nombre: Roberto Clemente

Fecha de Nacimiento: 18 de agosto de 1934

Lugar de Nacimiento: Carolina, Puerto Rico

Fecha de Fallecimiento: 31 de diciembre de 1972

Salón de la Fama: 1973

Club: Piratas de Pittsburgh

Debut en Grandes Ligas: 17 de abril de 1955

Posición: Jardinero Derecho

Número: 21

Bateador: Derecho

Hits: 3000

Postemporada: Serie Mundial (1960 y 1971); Serie de Campeonato de la Liga Nacional (1970, 1971 y 1972)

Juegos de Estrellas: 15 (1960-67, 1969-72)

Jugador Más Valioso: 1966

Guantes de Oro: 12 (1961-1972)

Jugador Más Valioso en Serie Mundial: 1971

Los Nacionales de Washington celebrarán el viernes 8 de septiembre el Día de Roberto Clemente en el marco del partido que jugarán contra los Filis de Filadelfia a las 7:05pm en el Nationals Park.

La novena capitalina, líder actual de la División Este de la Liga Nacional en el Béisbol de Grandes Ligas, anunciará esa noche al jugador ganador del Premio Roberto Clemente por su labor humanitaria, y quien quedará nominado como candidato del equipo al premio nacional que se entrega anualmente durante la Serie Mundial. Washington también festejará esa noche el Día de la Herencia Hispana.

El Béisbol de las Mayores celebra cada septiembre desde 1971 en diferentes estadios del país el Día de Roberto Clemente, en reconocimiento al legado del ex pelotero puertorriqueño, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos y uno de los miembros de Latinoamérica en el Salón de la Fama del Béisbol de Cooperstown, Nueva York.

El ex jugador de los Piratas de Pittsburgh es uno de los más temibles bateadores de todos los tiempos y fue el primer latinoamericano en ser exaltado al llamado “Templo de los Inmortales” en 1973, un pabellón en el que se le unió recientemente su compatriota Iván Rodríguez.

“Es un gran honor ingresar al Salón de la Fama del Béisbol, especialmente por estar al lado de Roberto Clemente y Orlando Cepeda (también boricua) quienes nos abrieron muchas puertas para venir a jugar béisbol aquí en los Estados Unidos”, dijo a El Tiempo Latino Rodríguez al ser exaltado en julio de 2017 al Salón de la Fama.

El 30 de septiembre de 1972, Clemente hizo historia. En el estadio Tres Ríos de Pittsburgh y ante una fanaticada de 13.117 personas, el astro puertorriqueño conectó el imparable número 3.000 de su carrera.

En la noche del 31 de diciembre de 1972, Clemente murió en un accidente aéreo. Se dirigía a Nicaragua para llevar comida y medicina a las víctimas de un terremoto que destruyó gran parte de Managua. El avión DC-7, cuyo viaje él organizó para transportar provisiones, chocó en las costas de Puerto Rico, poniéndole fin a la vida del extraordinario jugador.

En su nombre, las Grandes Ligas otorgan el “Premio Roberto Clemente” como reconocimiento a quienes realizan labores comunitarias.

Roberto Clemente Walker nació el 18 de agosto de 1934 en el Barrio San Antón de Carolina. Comenzó en la Liga Puertorriqueña con los Cangrejeros de Santurce en el 1952 y dos años después debutó en las Grandes Ligas.

A los 38 años, dejó a su esposa y a sus tres hijos, pero su sueño de construir unas instalaciones en su tierra natal, donde los jóvenes pudieran desarrollar sus habilidades deportivas y alcanzar su sueño se realizó en 1974 con el establecimiento de la Ciudad Deportiva Roberto Clemente en Puerto Rico.

Para la viuda de Clemente, Vera Cristina Zabala, el servicio que brindaba su esposo a los más necesitados era algo que le salía de corazón y por eso todo el éxito que logró en su vida deportiva y familiar. “Estoy muy contenta de que las Grandes Ligas celebren el Día de Roberto Clemente porque esta era su pasión, su forma de jugar béisbol la llevaba en el corazón. Él se desvivía por ayudar a cualquier persona que estuviera en problemas. Podía ver a cualquiera en la calle y si tenía que desviarse de su ruta para ayudarlo lo hacía sin recibir recompensa de nada”, suele decir Vera Clemente, la viuda de Roberto. “Es un premio para los peloteros activos que hagan el bien sin mirar a quién”, expresó recientemente la señora Clemente en relación a este reconocimiento que se instauró en 1971 y luego bautizado como Premio Roberto Clemente a raíz de la trágica muerte del ex jardinero puertorriqueño.

En el terreno de juego, Clemente obtuvo 12 Guantes de Oro consecutivos, conectó 3 mil hits que le merecieron cuatro títulos de bateo; fue elegido 12 veces al Juego de Todos Estrellas y resultó el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en 1966 y de la Serie Mundial de 1971, cuando tuvo un promedio de bateo de .414 llevando a los Piratas al campeonato.

Roberto es considerado un héroe deportivo y de la humanidad y en el Salón de la Fama se encuentra al lado de los también puertorriqueños Orlando Cépeda, Roberto Alomar e Iván Rodríguez, los dominicanos Juan Marichal y Pedro Martínez, el venezolano Luis Aparicio, el panameño Rod Carew y el cubano Tany Pérez.

Los cubanos Martín Dihigo (El Maestro), José Méndez y Cristóbal Torriente, también están en el Salón de la Fama del Béisbol, pero con la salvedad de que no jugaron en las Grandes Ligas sino en las Ligas Negras.

Clemente fue un pionero de los latinos en el béisbol de Grandes Ligas, que hoy representan más del 30 por ciento de las nóminas, y que se mantienen ahí por la forma en que juegan a la pelota, agresivamente, con mucho deseo porque les gusta el béisbol y lo juegan con amor.

“Clemente es el mejor jardinero derecho que ha dado la historia del béisbol”, dijo en una oportunidad Juan Marichal a El Tiempo Latino al referirse a las comparaciones que siempre se le han hecho a Clemente con el legendario Willie Mays, quien jugaba en el jardín central.

Clemente fue quizá el jugador más dominante de la década de los años 1960 en la gran carpa, a pesar de ser elegido solamente una vez como Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en el año de 1966.

Aparte de su labor en el campo de juego, Clemente tuvo una meritoria labor en la defensa de la imagen de los jugadores latinoamericanos y la educación deportiva de la juventud de su país. Y el 8 de septiembre en el Nationals Park de Washington, los amantes del béisbol tendrán una excelente oportunidad de celebrar su legado.