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“Vivir amenazado por la MS-13 era una angustia diaria”

“Desde la cárcel, el líder de la pandilla había dado la orden para matarnos a mí y toda mi familia”, dijo el martes 3 de abril Jesús, quien fue policía en El Salvador y cuyo apellido no publicamos por seguridad.

“Era una angustia diaria, estar todo el tiempo vigilante, cambiándonos del lugar donde vivíamos… Y cuando los pandilleros llegaron hasta la escuela de mis niños, dejamos todo y decidimos cruzar la frontera”, expresó el expolicía salvadoreño durante una entrevista con El Tiempo Latino, desde su casa en un barrio residencial de una ciudad en Virginia.

En Estados Unidos Jesús sufrió otro tipo de persecución. Fue detenido por el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) y pasó varios meses en una cárcel de Inmigración enfrentando la deportación.

Por 18 años Jesús perteneció a la Policía Nacional de El Salvador, 12 de los cuales sirvió en el Centro de Inteligencia, trabajando en la división antipandillas, crimen organizado y delitos de corrupción en el Departamento de San Miguel.

“Yo participaba en operativos que llevaron a la cárcel a varios mareros. También investigaba a políticos que tenían relación con las pandillas y el narcotráfico”, agregó.

Meses antes de las amenazas directas, el exagente había decidido retirarse de la fuerza policial y dedicarse a la agricultura por los peligros que acechaban a los policías. El mismo había sobrevivido a un atentado.

Pandillas declaran guerra a policías

Las pandillas habían declarado una guerra abierta contra la Policía en El Salvador, en respuesta a la ofensiva del gobierno en 2015. Los asesinatos de los agentes ese año casi se duplicaron a más de 60, según la Policía Nacional Civil (PNC) y en 2016 llegaron a 62.

Entre los últimos operativos en el que Jesús participó, uno de los líderes de la Mara Salvatrucha (MS-13), cayó en la cárcel. Fue él quien dio la orden para que mataran a Jesús y su familia, según cuenta el salvadoreño. “Yo ya no estaba trabajando cuando unos compañeros me dijeron que la pandilla me andaba buscando. Ellos tenían fotos mías, las de mi esposa e hijos”, añadió.

“Escóndanse en el clóset y no salgan”

PROTECCIÓN. Tras pasar cinco meses en una cárcel de inmigración y enfrentar la deportación, un juez le permitió a Jesús quedarse en el país con una protección temporal.


   
   

Milagros Meléndez-Vela

PROTECCIÓN. Tras pasar cinco meses en una cárcel de inmigración y enfrentar la deportación, un juez le permitió a Jesús quedarse en el país con una protección temporal.

Era tal la angustia que sus niños, en ese entonces de 4, 8 y 13 años, solo salían para ir a la escuela y con sus padres para hacer compras.

“Ellos estaban traumados porque les habíamos instruido de que si alguna vez escuchaban ruidos y balas en la casa se escondieran en el clóset y que no salieran para nada hasta que todo estuviera en silencio”, recordó Jesús.

También el padre les decía que si en la calle escuchaban balas se escondieran detrás de un auto.

El agente que los protegía renunció por temor y al otro lo decapitaron

La familia intentó viajar a Estados Unidos pero no encontraba la forma. Mientras tanto, la PNC había asignado al jefe de la Comisaría de Comacarán para que les diera protección. “Pero al poco tiempo el cabo Portillo renunció porque la pandilla mató a su novia y tenía miedo que la MS-13 lo asesinara también a él”, dijo.

Otro policía, Carlos Flores, quien era amigo de Jesús asumió la protección de la familia. “Lamentablemente a los días que nosotros cruzamos la frontera nos enteramos de que las maras lo habían asesinado. A él lo torturaron, le cortaron las manos y lo decapitaron”, contó.

Odisea en Estados Unidos

ABOGADO. “El caso de mi cliente era complicado”, dijo el abogado Robert Lacy.


           
   

Milagros Meléndez-Vela

ABOGADO. “El caso de mi cliente era complicado”, dijo el abogado Robert Lacy.

La familia cruzó la frontera de manera ilegal a finales de 2016. Salieron en libertad, pero cada mes Jesús debía presentarse a ICE hasta que llegara su fecha de audiencia con un juez de Inmigración. Sin embargo en julio de ese año durante una visita rutinaria a ICE fue detenido y puesto en un proceso de deportación.

Tras contactarse con activistas y el Consulado de El Salvador, la esposa de Jesús logró conseguir un abogado.

“El caso de mi cliente era complicado porque él ya había intentado cruzar la frontera de manera ilegal dos veces”, dijo el abogado Robert Lacy. “Aunque Jesús tenía un testimonio contundente del peligro de regresar a su país, teníamos que probar con evidencias la amenaza y que el gobierno no podía proteger a este hombre que fue policía y su familia”, expresó Lacy.

Tras cinco meses en una cárcel a poco más de 60 millas de Richmond, Virginia, Jesús salió en libertad. Si bien no logró un asilo político, una corte de inmigración ordenó una protección temporal removible. Hoy espera su permiso de trabajo.

En su apartamento ubicado en una ciudad bastante multicultural en Virginia, sus niños lo abrazan durante la entrevista. “De regresar a El Salvador no duramos ni tres días porque nos matan”, dijo la mujer sujetando fuertemente la mano de su esposo.

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