El Mundial de Rusia 2018 tuvo una rara y lamentable particularidad: más allá del espectáculo brindado por las 32 selecciones que se dieron cita en dicho torneo, el mundo del balompié extrañó a algunos países ausentes, como Chile, Holanda e Italia; sin embargo, otra selección de alta talla y competencia también se vio obligada a ver el evento desde casa: Estados Unidos.
El golpe supuso un cambio de página para el país norteamericano, que ahora apunta a Catar 2022 como un torneo del que no solo deben presumir que jugarán, también tendrán la tarea de hacer la cosas bien.
Para Estados Unidos, el deporte es factor de distracción y desarrollo. Ningún otro país podría equilibrar sus cuentas de la forma en que las distintas organizaciones deportivas que la conforman son capaces de actuar, por lo que hoy en día esta es la principal escuela para obtener con éxito reconocimiento por dos vías; no obstante, en el fútbol tocará llevar las cosas con mucha paciencia, al menos a nivel de selecciones.
Con una liga como la Major League Soccer, en Norteamérica hay buen juego asegurado. Las contrataciones que día a día hace este campeonato invita a seguirlo con mayor fuerza año tras año, brindando fuerte competitividad y a su vez captar más seguidores, en un crecimiento trepidante digno de estudio.
Pero su selección no pasa por el mejor momento. El presente dicta que las preguntas y dudas son sensatas, pero desde la federación intentan responderlas con solvencia. Su actualidad es natural, no porque la crisis sea su patrón común, simplemente es un pico bajo dentro de una estructura sólida, pero que no puede considerarse inquebrantable. Lo que hoy sucede ahí es algo normal para cualquier país, pero será esta la labor que debería fortalecer a todos los involucrados en pro de mostrar una mejor cara.
El fracaso rumbo a Rusia
Si en noviembre de 2015, cuando para Estados Unidos comenzó la clasificación con destino a la Copa del Mundo celebrada este año, le habrían dicho a cada seguidor de la disciplina que entre las 32 selecciones clasificadas a la fase de grupos no estaría el cuadro norteamericano, todos, absolutamente todos, habrían reído con incredulidad.
En la Concacaf, donde hacen su recorrido para avanzar al evento, parece que una constante es que tanto ellos como México se instale sin contratiempos en el Mundial. Pero el destino tuvo otros planes para ellos, en un tropiezo que ni siquiera el más pesimista de los fanáticos habría tenido en sus planes.
Haciendo vida en el grupo C junto a Trinidad y Tobago, Guatemala y San Vicente y las Granadinas, Estados Unidos desplegó lo mejor de su juego y soltó su artillería, haciendo del ataque su bandera para perder apenas un juego y empatar otro, ganando cuatro y quedándose con el primer puesto.
Sus 20 goles resultaron una grata sensación para el grupo, que dejaba claro que la insistencia por parte de los contrincantes iba a pagarse caro, pues se trataba de una selección que no bajaría los brazos en sus planes de agitar las redes contrarias, un número que, al menos en esa instancia, pasó a ser la cifra más alta de la clasificación.
Si llegar al hexagonal final no representó mayor problema, disputarlo no debía contar con alteraciones pese a que la competencia se hacía cada vez más fuerte, pero tras lo mostrado en la instancia previa, el gran favorito para quedarse con uno de los boletos para Rusia debía ser la escuadra de las barras y las estrellas.
No obstante, el arranque condicionó a los norteamericanos. Primero, un revés en casa ante México dolió donde más debía, pues ese eterno rival de la zona no solo tenía un mejor inicio, también celebrara en patio ajeno.
Luego, una caída por goleada ante Costa Rica. En ese duelo, el monólogo del cuadro centroamericano fue de inicio a fin, en uno de los mejores recitales jamás vistos a este grupo de trabajo en el que los estadounidenses fueron los espectadores más cercanos. Ahí, en ese par de derrotas, se armaría lo que posteriormente finalizaría en fracaso.
A pesar de que en sus cuatro próximos choques obtuvo ocho de 12 unidades posibles, con par de triunfos y par de empates, hecho que devolvía algo de esperanza, nuevamente Costa Rica sería juez y verdugo, ahora sorprendiendo en terreno estadounidense. Aunque para muchos ese golpe dejaría servida la mesa para la despedida en la siguiente fecha, la agonía norteamericana se estiró hasta la última jornada, en la que Trinidad y Tobago terminó de despedirlos al vulnerarlos en su patio.
Con cuatro juegos más en comparación con la fase de grupos que había iniciado un año atrás, Estados Unidos tuvo la pólvora mojada, exceptuando una victoria por 6-0 ante Honduras, la cual solo sirvió para maquillar la estadística de tantos a favor, en una reducción de 20 a 17 anotaciones pese a completar la decena de partidos en la fase decisiva.
Los altibajos
Haber quedado sin opciones para el torneo en Rusia dejó una sensación, más que de molestia, de incertidumbre. Para ellos se trataría del fin de una racha de siete Mundiales consecutivos, demostrando que un país potencia en baloncesto, béisbol y fútbol americano, entre otros deportes, también sabía sumar en el balompié, una disciplina casi exclusiva para europeos y suramericanos.
El reto principal en los últimos años había quedado solo en el papel. Antes, en 2016, el cuarto lugar de la Copa América Centenaria hacía soñar, situación que se acentuaría con el título obtenido en la Copa Oro 2017. Pero quedar fuera del Mundial solo abriría puertas de salida.
Primero fue Bruce Arena, mítico seleccionador, quien dio un paso al costado con la cabeza abajo. Luego, Clint Dempsey. Pese a que su retiro fue este año, el atacante ya no podrá estar ahí en el campo para comandar el proceso para Catar, una decisión dolorosa, pero sensata.
Hoy es Dave Sarachan el dueño del banquillo estadounidense; sin embargo, su condición de interino demuestra que desde las oficinas de la federación hacen todo lo posible por encontrar al personaje idea para dejar muy atrás el pasado y pinte un presente exitoso.
Primeros amistosos
Los dos primeros encuentros post Mundial en la doble fecha FIFA de septiembre hizo a los norteamericanos encarar a rivales de alta talla: Brasil y México.
Por lo que había sido su accionar en Rusia, Brasil llegó a suelo estadounidense con hambre y vergüenza. Un triunfo por 2-0 era el inicio del proceso de preparación para ambos conjuntos, en un caso que permitió a Sarachan probar nuevos elementos sobre el terreno de juego.
Luego, el ansiado triunfo ante el combinado azteca por 1-0.
Aunque dicho compromiso no marcaba nada de forma oficial, lo alcanzado esa noche por los futbolistas estadounidenses permitió recordar que lo mejor de su juego sigue ahí, ahora con otros nombres, y por qué no, nuevos sistemas que permitan manejar alternativas, abrir un abanico de opciones frente a situaciones adversar.
No todo está dicho, para bien y para mal, pero en el caso de los Estados Unidos, pensar en fútbol es recordar el doloroso pasado reciente, pero también entender que ahora hay una nueva oportunidad para volver a demostrar que tienen cómo triunfar.