n las calles de la India coincidieron dos celebraciones hace unas semanas: la despenalización de los homosexualidad y la eliminación del IVA en las toallas higiénicas y los tampones. Este país, en gran medida subdesarrollado, se puso a la par de los grandes como Canadá y eliminó una ley del siglo XIX que establecía penas hasta de 10 años para los gais, al mismo tiempo le quitó la etiqueta de producto “de lujo” a estos artículos de uso femenino.

La pelea por la eliminación de la llamada tasa rosa genera una resistencia similar a los cambios sociales más radicales que están abriéndose camino en el mundo. ONU mujeres calcula que 26 por ciento de la población mundial está en edad reproductiva, lo que representa unos 1.800 millones de mujeres, potenciales usuarias de estos productos feneminos.

La gran contradicción es que los precios y el cobro de IVA a las toallas higiénicas y a los tampones genera diferencias abismales que no distinguen ubicación geográfica, cultura o posición económica. En países como España las toallas higiénicas tienen el mismo impuesto que el caviar; o en Reino Unido las carnes exóticas como el cocodrilo y el canguro no pagan IVA, mientras que los tampones y las compresas son considerados productos “de lujo” y pagan un 5 por ciento.

En Colombia la batalla ha sido lenta y de victorias parciales. Comenzó con un impuesto del 19 por ciento, la misma tasa que se le aplica a los productos que no hacen parte de la canasta familiar, entre los que están los aparatos electrónicos, el licor o las joyas. Después, el cobro cayó al 16 por ciento, un porcentaje igual al que pagan los productos medicinales a base de marihuana. Con los años, la presión de las organizaciones sociales hizo que en 2016 este cobro del IVA llegara al 5 por ciento que, en cuentas que manejan las autoridades en Colombia, podría representar 10.800 pesos al bolsillo de las mujeres al año.

Así se calcula teniendo como base un precio promedio de 16.950 pesos por el paquete de 24 toallas higiénicas; esto significa que una mujer paga como mínimo 850 pesos extra al mes por IVA. Multiplicado para 17 millones de colombianas en etapa reproductiva, la tasa rosa deja un aproximado de 183.600 millones de pesos al Estado, en un impuesto con el que solo son gravadas las mujeres. La petición que comenzará a estudiar la Corte Constitucional es que el IVA en las toallas higiénicas sea cero, así como el huevo, la carne o la leche.

“Permítasenos acudir al siguiente ejemplo: un mismo desodorante, con la misma composición química, cantidad y calidad, tiene un costo diferente si los productores y comercializadores lo ofertan a mujeres o a hombres”, comienza diciendo un concepto de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional. Este preámbulo fue el usado para señalar que si la corte no tumba la norma que impone este impuesto, implícitamente, estaría indicando que los productos que usan las mujeres, así sean de primera necesidad, son suntuosos. “De esa manera, estaría repitiendo el estereotipo machista según el cual, los productos de las mujeres son más costosos debido a que las mujeres son delicadas o prefieren lo fino”, subraya.

Una postura en el mismo sentido tiene la Defensoría del Pueblo, que no solo se opone a seguir gravando con el 5 por ciento las toallas y los tampones, sino que le pide al alto tribunal que exhorte al Congreso para que deje exentos de todo impuesto los elementos de higiene menstrual, incluyendo, por ejemplo, los protectores diarios. “La higiene menstrual constituye un asunto de derechos humanos (…) no deberían causar ningún impuesto, pues ello constituye una barrera para la garantía de los derechos fundamentales de las niñas y las mujeres en el país”.

La discusión de fondo comenzó con una demanda que reclama la igualdad de derechos. La magistrada Gloria Ortiz, presidenta de la Comisión de Género de la Rama Judicial y ponente del caso, radicó un borrador de fallo en el que pide tumbar el cobro y de ser avalada su ponencia, sería la primera vez que en Colombia se cae un impuesto teniendo como base argumentos de género.

¿Por qué? Para Ortiz, solo acabando con este cobro se garantizaría el principio de igualdad, ya que se trata de productos de primera necesidad cuyo uso recae únicamente en las mujeres. El demandante es Danilo Andres Virviescas Ibarguen, que le pide a la corte que reconozca que las mujeres no pueden ser gravadas con este 5 por ciento solo por el hecho de haber nacido con el sexo femenino.

A las voces que apoyan les salió un contradictor. Se trata del procurador Fernando Carrillo, quien pide declarar exequible la aplicación de este impuesto. Considera que es admisible que se graven productos de primera necesidad utilizados exclusivamente por un género determinado de la población.

“La comparación entre dos extremos para establecer la presencia de un trato desigual inaceptable constitucionalmente solo puede realizarse en concreto y no de manera hipotética”, dice el Ministerio Público al destacar que no existen productos de primera necesidad para los hombres por lo que dicha comparación no puede existir. Y si tal comparación no puede realizarse, entonces no se puede concluirse que se violó el principio de igualdad.

En Canadá, Irlanda, India o Kenia, no aplican ningún impuesto a estos productos. Algunos estados de Estados Unidos como Illinois, Maryland, Columbia, Massachusetts, Connecticut, Minnesota, Nueva Jersey y Nueva York y Pensilvania también eliminaron este impuesto. Nueva York incluso fue más allá y en 2016 se aprobó la distribución gratuita de toallas femeninas y tampones en escuelas públicas, albergues y cárceles. Los impuestos más caros en estos productos los pagan Argentina, Ucrania, Eslovaquia y Alemania.

Entre tanto, esta semana que entra la Corte Constitucional en Colombia tendrá que responder al clamor de las organizaciones sociales por una regla libre de impuestos. Piden que estos productos de higiene femenina sean vistos como una necesidad y no un lujo de pocas.

Por Semana.com