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Colin Kaepernick y la victoria social del atleta sacrificado

En la pretemporada de la zafra 2016-2017 de la NFL, Colin Kaepernick se hincó cuando sonó el himno de Estados Unidos. La acción llamó la atención de los seguidores de la disciplina, pero la pregunta más importante era el motivo de todo. ¿Por qué un jugador de alto nivel y que había ayudado a los 49ers de San Francisco a jugar el Super Bowl XLVII daba la espalda al juego?

“No me voy a levantar para mostrar orgullo por la bandera de un país que oprime a la gente negra y a la gente de color”. Las palabras del mariscal de campo fueron simples y a la vez contundentes; en territorio norteamericano no pasa por debajo de la mesa el tema racial. Hoy son incontables las acciones en las que confusiones han terminado en ataques a afroamericanos, despertando el rechazo sobre cómo actúan las autoridades frente a personas de color.

El tema es profundo y denso, pero unos pocos con poder se han puesto del lado que consideran más convenientes. Lo hizo Kaepernick al poner una rodilla en el suelo frente a la bandera y eso lo colocó en la pared para ser fusilado. Un momento de este estilo no es perdonado, pero si las convicciones son fuertes y la verdad, aunque silenciosa, es capaz de aparecer, no hay razones para bajar los brazos.

El enfrentamiento con el mandamás

La dinámica se volvió común y con él otros representantes de la disciplina se sumaron a una protesta que tomó carácter nacional. En septiembre de 2017, ya con la temporada 2017-2018 cerca de subir el telón, el presidente Donald Trump se manifestó sobre lo que debía ser la mano dura de la liga para atacar a aquellos que actuaran de esa manera.

El mandatario, como es característico en él, fue directo: suspensión o despido.

Pero por más que un cargo determine la jerarquía de una persona, esta no escapa de reclamos. Al tratarse de un hecho en el que el paso del tiempo permitió a Kaepernick sumar adeptos, las palabras de Trump, en aquella oportunidad a través de Twitter, lo condenaron en el mundo del deporte, uno en el que tampoco presumía de tener un alto grado de aceptación.

Esto trajo consigo el rechazo de los Warriors de Golden State, para ese momento campeones de la NBA, a visitar la Casa Blanca, rompiendo con una tradición que conjuntos de las principales ligas deportivas del país cumplían año a año, pero que con la llegada del republicano al poder en el año 2016 se fue desvaneciendo.

LeBron James se sumó y aplaudió la decisión de los Warriors.

El efecto del mariscal de campo ya no era cosa menor. Su impacto como puente entre el pueblo y las acciones se hizo cada vez más grande. Ya no había vuelta atrás y sus labores ya no eran deportivas sino sociales.

La pausa en el camino

El atleta se salió de su zona de confort durante varios años para llevar el mensaje que defendió en 2016. Pero el precio fue alto y aún se paga: renunciar al finalizar la 2016-2017 a su contrato con los 49ers implicó la despedida momentánea al juego. Los equipos decidieron no involucrarse en su fichaje por lo que esto traería como consecuencia.

Era claro que un tipo como él atraería personas, pero también detractores.

La situación llevó a apuntar a una tesis que casi tres años después llegó al punto muerto y le dio la razón: los conjuntos se vieron obligados a alejarse de él por miedo a ser multados.

Una demanda del jugador a la liga finalizó con un acuerdo del cual no se revelaron detalles, pero que supuso una triste realidad y de la que espera se quede en el pasado. Su incorporación a la NFL no es un hecho porque aún no cuenta con un contrato, ni siquiera si alguna franquicia le pondrá una oferta en la mesa, pero aún así se trata de una enorme victoria para él.

Pensar en el sacrificio de muchos invita a hacer un ejercicio mental sobre lo que esto conlleva y en el caso de Kaepernick, esto es sencillo: el tiempo le da la razón a los que luchan con coherencia por ideas claras. Su labor fue la de un servidor público que se apoyó sobre su figura para potenciar un problema social que todos sabían que existía, pero del que pocos se atrevieron a hablar.

Pese a que hasta la fecha no tiene equipo, su victoria fue más dulce que haber alzado un trofeo de campeón de Super Bowl.

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