Para dos demócratas de la Cámara de Representantes de diferentes orígenes, el debate sobre si destituir al presidente Trump o no, provocó una pregunta similar: ¿Qué hay de mis nietos?
El republicano Daniel Kildee, que representa a un distrito obrero de Michigan que Trump casi ganó en 2016, lo llama la “Caitlin and Colin rule”, asegurando que en una década o más se leerá sobre el hecho en los libros de historia.
“Va a llegar el día en que todos tengamos que responder por lo que hicimos en este momento”, declaró Kildee, justificando su apoyo al juicio político.
Por su parte el representante Emanuel Cleaver II, ministro metodista, ex alcalde de Kansas City, Maryland y miembro del Comité de Negros del Congreso, se preocupó de que un presidente divisivo usara los procedimientos para dividir aún más el país, lo que provocó que llegara a una conclusión opuesta.
“Eso no es saludable para mi nieto de tres años”, dijo. “Me gustaría poder decir que estoy a favor de mantener la unidad del país”.
El debate sobre si impugnar a Trump y con ello invocar uno de los poderes constitucionales más solemnes otorgados al Congreso, ha colocado a los demócratas de la Cámara de Representantes en el centro de una lucha visceral y altamente cargada, que ha trascendido rápidamente las alianzas y cálculos políticos tradicionales.
Es una prueba de amistades de larga data, alimentando debates emocionales con miembros de la familia y forzando a los legisladores a navegar por fuerzas desconocidas y en competencia. Muchos se sienten atrapados entre los líderes del partido temerosos de que el juicio político provoque una reacción violenta y un creciente sentido de que la historia juzgará, con dureza a aquellos que eligieron no actuar frente a un presidente que aplasta las normas y que muchos demócratas creen que ha abusado de su poder y ha quebrantado la ley.
Este relato del drama que se desarrolla entre las bases del partido mayoritario de la Cámara de Representantes, se basa en entrevistas realizadas durante la semana pasada con 45 demócratas, que abarcan las divisiones ideológicas, raciales y generacionales del caucus. Las conversaciones revelaron la naturaleza intensa y altamente personal del debate que se desarrollaba entre los miembros, a menudo en privado.
Con información de The Washington Post