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Apenas ocho días se cumplieron desde que un hombre atacara con disparos a un grupo de personas en un establecimiento comercial de El Paso, en Texas, en un hecho con claras señales de xenofobia y racismo.

La ciudad tejana, por el origen de muchos de sus habitantes, cuenta con gran cantidad de latinos, en el ojo del huracán de dicho ataque luego de que el responsable confirmara que su intención era acabar con la mayor cantidad de extranjeros posibles.

Una semana después, el dolor del tiroteo sigue siendo tema de discusión.

Desde el lugar, no son pocos los latinos con miedo, quien no descartan la posibilidad de mudarse a otra ciudad y así evitar otro lamentable episodio como el del 3 de agosto.

“Ya no quiere ir la gente a comprar después del ataque. Ha habido un 50 por ciento menos de cruces durante esta semana”, dijo a la agencia de noticias EFE Alex Méndez, hombre de 46 años de edad que vive en el lugar.

El pasado sábado 22 personas murieron, ocho de ellas mexicanas.

“Desde el ataque he ido a El Paso tres veces. Dos veces para comprar en Walmart pero a otro local, no al de Cielo Vista, y otra para recoger a mi hijo del aeropuerto”, comentó Cecilia Andujo, de 59 años.

Mientras la normalidad tarda en llegar, la comunidad latina busca seguir con su rumbo poco a poco a la espera de que esta serie de ataques no vuelva a repetirse.

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