La muerte como único destino compartido por todos es una máxima universal; sin embargo nadie está preparado para esto. No hay quien salga ileso de la pérdida de un ser querido y mucho menos cuando se trata de alguien que trascendió más allá de lo que hacía. El baloncesto, y el deporte en líneas generales, vio partir a uno de sus máximos representantes el domingo 26 de enero en un accidente de helicóptero. Kobe Bryant, exjugador de los Lakers de Los Ángeles, perdió la vida junto a otras ocho personas, incluida su hija Gianna María de apenas 14 años de edad.

El escolta se había retirado hace apenas dos temporadas del baloncesto estadounidense, en el cual había alcanzado todos los éxitos posibles en el plano individual y colectivo.

Accidente fatídico

De entrada, los hechos se cuentan como lo que podía ser un viaje ya de rutina para el exjugador de cara a un compromiso de su hija mayor, quien también jugaba al baloncesto; sin embargo, todo salió distinto a lo esperado y la tragedia se apoderó del mundo entero.

De acuerdo con los primeros detalles conocidos del hecho, el helicóptero en el que viajaban Bryant, su hija y otras siete personas, era de la compañía Island Express y había sido construido en el año 1991. De momento se desconoce si la aeronave le pertenecía o simplemente el alquilaba; no obstante, vale la pena aclarar que en la zona de Los Ángeles, frente al enorme tráfico vehicular que día a día es una marca característica de esta zona de California, personas con el poder económico lo suficientemente alto para trasladarse en helicópteros lo hacía. Esto, pese al riego, era n hábito para Bryant y los suyos.

El exjugador aprovechó también esta ocasión para viajar junto a otras dos pequeñas jugadoras, compañeras de su hija, y varios adultos.

Según reportes, Bryant y el resto de los acompañantes salieron poco después de las nueve de la mañana del aeropuerto de Santa Ana, ubicado en el condado de Orange, una zona para las personas más acomodadas del sur de Los Ángeles, donde vivía junto a su familia. El helicóptero salió hacia el norte por el este de Los Ángeles vía Thousand Oaks. Pero el día era distinto al resto. Una fuerte niebla había hecho mella sobre la zona de Los Ángeles, con lo cual incluso el cuerpo policial del lugar no sacó sus helicópteros para verificar no solamente el tránsito sino también cualquier otra actividad inusual en el área.

Una vez llegaron al área del zoológico de Los Ángeles, el piloto mantuvo un corto contacto con la torre del aeropuerto de Burbank para solicitar permiso y así poder seguir hasta su destino. En principio, desde el puesto pidieron a la aeronave esperar pues otra se encontraba volando por la zona. Aproximadamente 15 minutos después, los especialistas le permitieron pasar siempre dando las instrucciones respectivas, que era seguir su vuelo hacia el norte y siguiendo por la autopista 5. Solicitaron además estar al menos a 760 metro de altura.

Una vez sobrepasado el punto, el piloto dirigió el helicóptero hacia Calabasas. una vez dejado atrás Burbank, el nuevo punto de control fue el aeropuerto Van Nuys, desde donde le hablaron sobre la neblina como mayor obstáculo mas no del viento. Pero todo parecía indicar que la situación no representaba mayor peligro.

Sin embargo, el piloto no mantuvo la altura suficiente; de hecho, se estima según el reporte presentado por el diario español El País que el mismo se encontraba a unos 460 metros de altura.

Una vez entrada al área montañosa de Thousand Oaks y Calabasas empezaron a conocerse los problemas en la aeronave. Desde el punto de control, el encargado preguntó varias veces al piloto si necesitaba ayuda con su vuelo, pero la falta de respuesta hizo pensar lo peor. El controlador advirtió que estaba volando muy bajo como para que la señal de radio permitiera obtener comunicación; no bstante, no hubo respuesta desde el otro lado. Poco antes de las 10 de la mañana la aeronave desapareció del radar después de las 9:45 am los cuerpos de seguridad y emergencias de Los Ángeles recibieron una llamada, en este caso de un testigo que habló sobre un helicóptero que se había estrellado en las colinas de Calabasas.

Acto seguido, unos 50 miembros de los equipos de emergencias, repartidos entre médicos, rescatistas y bomberos, se trasladaron al lugar. Pero el mal estaba hecho y la tragedia se había adueñado de todo el mundo, el baloncesto y el deporte. El planeta había perdido a una leyenda viviente.

Ídolo y referente

Pese a su ausencia se le recuerda como una de las piezas más destacada en la historia de la NBA. 41 años de vida, corto tiempo para alguien que una vez retirado se había convertido en el mentor de nuevas generaciones, no en vano la Mentalidad de la Mamba, como era conocido por su andar una vez dijo adiós el baloncesto.

Bryant optó por trabajar a su manera y sin estar ligado a ninguna organización en ese rol. No era oficialmente un entrenador, pero sirvió como coach de piezas que hoy están en la élite del baloncesto de los Estados Unidos.

Giannis Antetokounmpo, de los Bucks de Milwaukee, fue uno de los privilegiados que al menos estuvo corto tiempo trabajado con el exescolta. Vale la pena recordar el reto que le hizo por redes sociales Bryant al griego, quien le pidió ser MVP de la NBA, algo que bien supo reconocer y trabajar. Hoy en día es el dueño del galardón y el máximo favorito para repetirlo.

Mientras, Bryant se retira de este plano habiendo ganado cinco títulos de la NBA, tres de ellos seguidos entre los años 2000 y 2002. Fue Jugador Más Valioso de las finales en 2009 y 2010. Ganó dos medallas de oro olímpicas con Estados Unidos, en Beijing 2008 y Londres 2012.

Además, se hizo en una ocasión con el premio al Jugador Más Valioso en la ronda regular de la NBA en la 2007-2008. Fue al Juego de Estrellas en un total de 17 oportunidades.

El 22 de enero de 2006 fue responsable anotar 81 puntos el triunfo de los Lakers 122-104 sobre los Raptors de Toronto, la segunda mayor cantidad en un partido de la NBA por detrás de los 100 que llegó a anotar el mítico Willt Chamberlain.

Su trabajo sobre la duela se le recuerda por haber trascendido y ganar en el 2018 el premio Óscar al Mejor Cortometraje Animado por su carta llamada “Dear Basketball”, escrita para anunciar su adiós de la disciplina y que combinó con John Williams, hecho que le permitió llevarlo a un plano audiovisual siendo merecedor de la estatuilla más importante en el mundo del cine.

Los lamentos no fueron pocos. Imágenes de jugadores que se enteraron minutos antes de sus respectivos compromisos del domingo sobre la muerte del ídolo marcaron la jornada. En todo el mundo lágrimas fueron incontables para lamentar la partida de alguien que ahora pasa al más allá siendo una de las principales figuras no solamente del baloncesto si del deporte en líneas generales.

Los homenajes no se hicieron esperar y en el Staples Center, casa de los laguneros, donde la noche del 26 de enero se celebraron los premios Grammy, los fanáticos del conjunto californiano dejaron ofrendas para recordar posiblemente al mejor jugador de la franquicia.

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