Cuando Hong Kong se despertó este jueves, los medios de comunicación locales estaban en las calles preparándose para las transmisiones en vivo, un elemento básico del consumo de noticias de la ciudad durante los últimos ocho meses de disturbios políticos.

Esta vez, sin embargo, no hubo multitudes de manifestantes vestidos de negro ocupando las carreteras,ni jóvenes con respiradores de cara completa preparándose para la batalla contra la policía.

Las transmisiones en cambio transmitían escenas que tal vez también provocan ansiedad: Cientos de personas, alarmadas por la propagación del nuevo coronavirus, esperando en fila para comprar máscaras quirúrgicas y desinfectante de manos.



Crédito: JEROME FAVRE / EFE

SALUD. Personas hacen fila para comprar nuevas máscaras faciales en una farmacia de Hong Kong, China para protegerse del coronavirus

En un momento dado, más de 3 mil espectadores estaban atentos, viendo cómo el personal de la farmacia salía de detrás de las persianas metálicas para distribuir tarjetas que permitían a cada posible cliente, comprar un número determinado de máscaras. Solo una décima parte de los que esperaban en la fila lograron conseguir máscaras nuevas.

Hong Kong, atrapado por una represión gubernamental de las protestas en favor de la democracia que ha golpeado la economía y ha llevado a miles de detenciones, se enfrenta ahora a una nueva crisis inminente a medida que el mortífero coronavirus se propaga desde la ciudad de Wuhan por toda China y más allá.

Hasta este jueves, el territorio había registrado al menos unos 10 casos confirmados.



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CRISIS. Personas con máscaras en el paseo marítimo de Tsim Sha Tsui en Hong Kong, China, 29 de enero de 2020

El temor es existencial para esta ciudad densamente poblada de 7 millones de habitantes, en la que murieron alrededor de 300 personas y más de mil fueron infectadas por el síndrome respiratorio agudo severo, o SARS, epidemia de 2003. La amenaza del coronavirus llega cuando la confianza del público en las autoridades se ha derrumbado en medio de la agitación política, lo que contribuye al pánico y a la prisa por obtener suministros.

El pánico se ha extendido a las tiendas de comestibles, donde las verduras frescas escasean y los productos de limpieza del hogar, como el detergente para ropa y el jabón para manos se agotan.

Traducción libre de The Washington Post

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