Por Abel López Abreu | @Zakont

Especial para El Tiempo Latino

El convenio de cielos abiertos entre El Salvador y Guatemala, firmado a finales de enero, promete facilitar los viajes y el desarrollo local en tres aspectos principales: una reducción en las tasas aeroportuarias y con ello de los boletos; mejorar el comercio y turismo de la región, y el ahorro en el tiempo de traslado de pasajeros debido a que los vuelos serán considerados domésticos (nacionales).

Daniel Matul, escritor guatemalteco y académico de la Universidad Nacional en Costa Rica, explicó a El Tiempo Latino que con los cielos abiertos, además de bajar los precios de vuelos, se saltarán autorizaciones nacionales, certificados de operadores y permisos de operación.

“El reto es que todos esos permisos y certificaciones se hacen de forma nacional; y los dos países se deben unificar para que no haya ningún problema”, agregó. Por ejemplo, se requiere definir procedimientos para atender de manera conjunta aun posibles eventualidades como accidentes o secuestros de aeronaves, entre otros retos para las autoridades aeronáuticas.

El convenio, suscrito de forma bilateral, podría sumar a Honduras en las próximas semanas según lo anunció el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, como parte de esfuerzos de aumentar la integración regional. El mandatario también prometió ampliar las capacidades de movilidad fronteriza de mercancías y un puerto en su país para El Salvador.



COMERCIO. El presidente de Guatemala ofreció a El Salvador tener un puerto con salida al Atlántico. | Foto: Efe/Rodrigo Sura

Propuesta de 1996

El catedrático Daniel Matul asevera que el convenio de cielos abiertos no es algo nuevo, pues es un proceso que inició en 1996 con el fin de liberalizar las políticas de transporte aéreo. Durante décadas las normativas en Centroamérica estuvieron sujetas a las decisiones individuales de los Estados: cada uno reguló la explotación y uso del espacio aéreo.

“Desde 1996 inició la intención, en el marco del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), por empezar a dialogar de manera regional con el fin de empezar a formular políticas regionales”, dijo Matul. La primera reunión al respecto fue ese año, con la asistencia de ministros de transporte y turismo de Centroamérica.

El objetivo del encuentro de los funcionarios era formular, diseñar y perfilar una política multilateral que propiciara la liberalización del transporte aéreo comercial. En 1997, Bill Clinton, 42º presidente de los Estados Unidos, visitó Centroamérica y firmó acuerdos de cielos abiertos con los países centroamericanos. Los convenios fueron bilaterales o regionales porque el espacio aéreo estaba sujeto a la soberanía de cada nación. Ese año el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el INCAE Business School de Costa Rica aprovecharon la coyuntura para impulsar un diálogo regional mediante un seminario sobre políticas de transporte aéreo.

En 1997 El Salvador planteó que avanzaría en la apertura de los cielos mediante acuerdos bilaterales y no de forma regional, tal como ocurre en la actualidad, resaltó Matul. Sin embargo, el país no pudo llevar a cabo lo previsto y las demás naciones avanzaron de forma bilateral.

“Guatemala abrió su mercado. Honduras en ese momento había empezado a modernizar su legislación sobre le tema. Nicaragua en esa época también reformó su Código de Aeronáutica Civil y Costa Rica se comprometió a revisar su política de apertura. El país que más había avanzado hasta ese momento era El Salvador y todos los países de alguna manera empezaron a revisar sus políticas. Hubo una transformación grande”, explicó el catedrático.



VUELOS. Imagen del aeropuerto La Aurora, en Ciudad de Guatemala, con el volcán de Agua detrás. | Foto: Efe/Carlos Lemos.

Desde entonces las aerolíneas comenzaron a transformarse y a adquirir un carácter regional; comenzó un ambiente de competencia y cedió el nacionalismo que prevalecía, narró Matul en exclusiva a El Tiempo Latino. No obstante, agregó que aunque en Centroamérica prevalecía la intención de abrir los cielos, no se concretó.

En ese sentido, las rutas y los precios de los vuelos comerciales eran establecidos por acuerdos bilaterales de tipo conservador. Por ejemplo, el hecho de que un avión de Nicaragua con bandera nicaragüense aterrizara en Guatemala o El Salvador era producto de una negociación bilateral con altas tarifas y empresas de tipo estatal: imperaba el proteccionismo.

“Todo eso ha venido transformándose y creo que el capital centroamericano se ha transformado y ha cedido espacio a un capital más internacional, el turismo ha cobrado una fuerza importante y creo que las barreras del nacionalismo aeronáutico, si se podría llamar así, han empezado a ceder”.

Entre 2016 y 2017 se firmó por primera vez una política regional de movilidad y logística para modernizar el traslado de cargas y pasajeros. Por ello, el convenio recién suscrito entre El Salvador y Guatemala tiene una base histórica que apunta a ampliar rutas, frecuencia de viajes, apertura a la competencia, ampliar la política de los cielos abiertos y promover la aparición de nuevas aerolíneas.

“Viajar a Belice toma dos días. Hay que ir a Guatemala y esperar un avión todo el día hasta que sale en la noche: porque tiene que esperar vuelos de Honduras, Nicaragua y Panamá; y cuando todos han llegado, la gente aborda en la noche. El viaje dura dos días, con un retorno similar”, sostuvo como ejemplo Matul.

Lapsos y vigencia

Félix Ulloa, vicepresidente de El Salvador, anunció el miércoles 22 de enero una inminente entrada en vigor del convenio de cielos abiertos, en una conferencia de prensa junto con su homólogo guatemalteco, Guillermo Castillo.



ACUERDOS. “Esto es una prueba de que la integración puede avanzar”, celebró el vicepresidente salvadoreño Félix Ulloa. | Foto: Efe/José Valle.

“A partir de mañana (jueves 23 de enero) tenemos la buena noticia. Va a entrar en vigor el tema de los cielos abiertos. Es decir, que los vuelos entre El Salvador y Guatemala van a ser ya considerados como nacionales. Esto es una prueba de que la integración puede avanzar”, informó Ulloa de acuerdo con una reseña del portal informativo elsalvador.com.

La noticia contrasta con declaraciones de la directora ejecutiva de la Asociación Guatemalteca de Líneas Aéreas (AGLA), Motty Rodas, quien advirtió a finales de enero que los vuelos comenzarán a considerarse domésticos dentro de dos o tres meses. Al mismo tiempo, se desconocían detalles del convenio por parte de las autoridades salvadoreñas.

Rodas también comentó que el precio de los boletos es definido por las aerolíneas, por lo que es pronto para señalar una disminución en las tarifas. Incluso remarcó que el monto a pagar no disminuirá salvo en el valor de los impuestos de salida, reseñó el periódico guatemalteco Prensa Libre.

Salida al Atlántico

El presidente Giammattei ofreció un puerto en su país para que El Salvador tenga salida al océano Atlántico, sin embargo, fueron pocos los detalles que se conocieron sobre esa propuesta.

“Nosotros estaríamos dando una concesión de una alianza público privada a El Salvador; necesitamos ver los estamentos legales, jurídicos que debemos de seguir”, comentó Giammattei.

“Los salvadoreños podrán ir a las playas del Atlántico y nuestras mercancías van a poder entrar por el Atlántico y viceversa y como habrá Unión Aduanera, lo que se descargue vendrá directamente a El Salvador”, dijo el presidente Nayib Bukele, al respecto.

Matul recuerda que este ofrecimiento tiene un antecedente también: hubo una ruta propuesta entre Panamá, Guatemala y El Salvador que nunca se concretó. Ahora, la intención es que los productos de El Salvador tengan una salida a través de un corredor logístico en los puertos guatemaltecos.

Para el académico, la propuesta de Guatemala refuerza su interés en controlar la salida al mar; sin embargo, hay que tener en cuenta que hay una fuerte discusión con Belice. Aunque es una opción para abaratar costos de transporte y movilizar mercancías, queda abierta la posibilidad de que haya tensiones entre los países vecinos, al reforzar la posición de la nación centroamericana.

“La bahía en Guatemala, la salida está prácticamente cerrada por Honduras y por Belice. Hay que ver qué repercusiones puede tener”.

Al debate se suman las declaraciones de Silvia Cuéllar, directora ejecutiva de la Corporación de Exportadores, quien afirma que El Salvador ya utiliza dos puertos de Guatemala para transportar mercancías por el Atlántico.

“Actualmente, la operación de El Salvador en el Puerto Santo Tomás es de 30% y en este momento el volumen que manejamos con ese puerto se maneja bien, hay espacio. El problema que se da es en todo lo que haces en trámites allá”, comentó Cuéllar según una reseña de elsalvador.com. Por ello, plantea revisar lo respectivo a permisos y requisitos para las operaciones.

Hacia la desaparición de fronteras

Giammattei quiere desaparecer las fronteras entre Guatemala y El Salvador; aunque las medidas apenas comienzan a plantearse y se conocen pocos detalles de los pasos a seguir. A sus planteamientos añadió permitir el libre tránsito de mercancías entre ambos países, algo que prevé concretar de tres a cuatro meses, para facilitar el comercio.

De momento, el convenio de cielos abiertos no ha pasado a la práctica, pero eventualmente lo hará. Si los gobiernos de El Salvador y Guatemala concretan las propuestas podrán dinamizar los traslados y eventualmente también conectar aeropuertos con zonas turísticas para tener un impacto en la economía, que aunque no soluciona el problema de pobreza de la región, es un paso en esa dirección, remarca Matul.

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