Los hermanos venezolanos Tomás y Carlos Pancho Ríos Goussot, tuvieron que viajar miles de kilómetros desde su natal Caracas para buscar en El Salvador la oportunidad que su país les negó: la de sobrevivir para buscar un mejor futuro.

Y aquí, en su rebusca, estos muchachos de 39 y 33 años, respectivamente, montaron su emprendimiento de bisutería. En las calles venden las pulseras que elaboran.

Con lo que obtienen cubren sus gastos aquí y hasta mandan ayuda económica a su familia que sigue allá, viviendo el drama de la hiperinflación venezolana, esa donde el dinero no vale nada y en la que el día a día es como caminar en cuesta empedrada y a oscuras.

Tomás cuenta que fue la crisis la que lo sacó de su país, igual que a los casi cuatro millones de sus compatriotas que han migrado por necesidad.

Así, se aventuró a viajar a El Salvador, después de analizar qué país le podía ofrecer, sin tanta dificultad, oportunidades reales para salir adelante.

Llegó hace tres años, con el objetivo de hacer algo que hizo en su tierra natal.

“Quiero financiar ayudar a la recuperación de Venezuela con todos estos emprendimientos”, dijo Tomás.

“Ahorita estoy por lanzar otro punto de venta en Estados Unidos y así poder ingresar al mercado de allá”, explicó.

“Lo que más me di cuenta cuando fui ayudante de trailero, es que realmente el interior del país, de Venezuela, está muy mal, no se compara con Caracas, con la capital”, dice.

En diciembre del año pasado se vino Pancho, su hermano. Llegó con su esposa, dispuesto a cumplir su sueño, el de tener ingresos suficientes para llevar una vida digna. Ambos saben de bisutería.

Es batero

Pancho hace de todo. También es batero y hasta tiene un alumno en Santa Tecla. Él estudió teoría y solfeo en el Instituto Universitario de Estudios Superiores de Caracas.

Ambos ven en El Salvador un potencial económico que explotar, “mi idea es establecerme, tener un punto base ahorita, he visto que El Salvador es muy bonito como para vivir y hacer emprendimiento”, sostiene Tomás.

Pancho menciona que su meta económica es ser empresario de la bisutería, así como en la industria de la alimentación y la industria de tecnología a largo plazo.

“Mi meta a corto plazo es traer a mi esposa aquí a El Salvador”, cuenta mientras ofrece sus pulseras.

Por ElSalvador,com

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