Apenas se anunció el segundo combate entre el británico Tyson Fury y el estadounidense Deontay Wilder, la fiesta del boxeo armaba una definición buscada desde hace más de un año y que abría el camino para dirimir algo que comenzó en 2018, cuando el norteamericano propinó una durísima derecha al inglés, quien, pese a caer en la lona, logró reponerse y empatar el careo, una decisión que llenó de polémica al mundo del pugilismo, pero que demostró también la gallardía del europeo.

Entre la noche del sábado 22 de febrero y madrugada del domingo 23, los dos pesos pesados se midieron para conseguir dueño al cinturón del Consejo Mundial de Boxeo, hasta ese momento propiedad de Wilder. En principio, las apuestas eran claras, el gran favorito era el estadounidense dueño una poderosísima derecha y que buscaba defender por undécima ocasión consecutiva el título y así igualar el récord del mítico Muhammad Ali.

Fuertes promesas

Días antes de la pelea, Fury indicó que apenas dos rounds serían suficientes para acabar con el invicto del estadounidense. Las palabras parecían exageradas; no obstante, el británico tenía preparada una gran estrategia para buscar el triunfo y ser, además de considerarse a sí mismo el rey de los gitanos, el rey de los pesos pesados.

La llegada de ambos al cuadrilátero fue tan colorida que puso mucho más picante a una pelea que prometía demasiado. El primero en entrar fue Fury, quien arribó vestido de rey en un trono cargado por mujeres. Por su parte Wilder ingresó a la arena con un traje valorado en más de $40,000. Esos segundos fueron no más que el abrebocas de una pelea histórica que debía abrir paso a una nueva era dentro de la categoría.

De un lado, el campeón defensor debía evitar que la velocidad y defensa de Fury se impusiera, así evitaría desgaste y dejar la mesa servida para su oponente. Wilder tenía que hacer explotar su derecha en la humanidad de Fury lo más rápido posible.

Del otro lado, el europeo debía hacer del jab su mejor amigo para exigir cada vez más al norteamericano y encontrar el momento oportuno para superarlo no solamente física sino también psicológicamente.

Acciones

En el primer round Wilder aterrizó una fuerte derecha sobre el rostro de Fury, quien se mostró impactado pero no lo suficiente como para generar mayor caos en su estrategia. En cambio fue él quien logró hacer los movimientos necesarios para incomodar a su rival.

En el segundo salto el golpe que dio inicio al giro en el libreto del combate fue la derecha de Fury sobre el oído izquierdo de Wilder. El manotazo le generó una herida que derivó en una situación lo suficientemente estresante y peligrosa para que el norteamericano se viniera a menos. Ese primer golpe terminó con una caída y un conteo por parte del réferi, hecho que ya marcaba una seria tendencia en la pelea.

El público de Las Vegas mostraba su afición y seguimiento sobre Fury, todo un personaje que estaba haciendo lo impensado. Aunque no logró noquear a Wilder en ese prometido segundo round, poco a poco fue haciendo las labores para desgastar y sacar de carrera a su contrincante. Una segunda caída producto de un tropiezo terminó de calentar el asunto y con cada derechazo y jab de izquierda iba demoliendo el ímpetu y el espíritu de su rival.

El golpe del segundo salto que recibió Wilder iba a marcar el resto del careo. Sus piernas temblaban desde aquel entonces y con ellas sus aspiraciones, incluso llegó a pensarse que ya para el quinto round el réferi debía parar la pelea; sin embargo, fue en el séptimo salto cuando la esquina de Wilder decidió tirar la toalla, una decisión bastante sensata, pues pese a la caída lo que se estaba buscando defender en ese momento era la salud de su pupilo.

Combate millonario

Luego de 43 enfrentamientos como profesional, Wilder conocía al revés por primera oportunidad. Quizás unos pocos optimistas esperaban algo así, pero en la mente de Fury todo estaba armado. Así el rey gitano, el hombre que elige cantar luego de ganar, aquel que llegó a ver su físico en un descuido total que hizo pensar a propios y extraños que jamás volvería a la disciplina, subió a la cúspide para volver a guardar en su bolso un cinturón que hace rato había perdido.

El combate también fue un sinónimo de dinero. De acuerdo con la empresa promotora Top Rank, el sábado se batió un nuevo récord de ingresos, con 16.9 millones de dólares recaudados, poco más que aquellos 16.8 millones de dólares que en 1999 lograron Lennox Luis y Evander Hollyfield en la Ciudad del Pecado.

Sin embargo, los mismos hacen referencia solamente su categoría, pues están muy lejos de los más de 72 millones de dólares que en 2015 recaudaron el estadounidense Floyd Mayweather Jr. y el filipino Manny Pacquiao, en el catalogado por muchos Combate del Siglo.

Fue precisamente en 2015 cuando Fury derrotó al ucraniano Wladimir Klitschko, quizás la gran campanada de su carrera; no obstante, un bajón en la misma terminó en una situación que pudo haber sido de magnitud mortal. El británico entró una enorme depresión y la adicción a las drogas y el alcohol lo apartaron un buen rato del ring. El hecho incluso pudo haber acabado con su existencia, pero recapacitó tiempo y su entorno logró sumar el apoyo suficiente para recuperar a uno de los tipos más talentosos que actualmente hay en el mundo del boxeo.

Próximo paso

Luego de lo alcanzado en el MGM Grand de Las Vegas, la pregunta que se viene a la cabeza de todos los seguidores de la disciplina tiene que ver con una tercera pelea contra Wilder o dar el salto de calidad y buscar unificar cinturones con el británico Anthony Joshua, quien el año pasado se reivindicó luego de superar al mexicano Andy Ruiz Jr., mismo boxeador que meses atrás lo había sorprendido y había acabado con su invicto.

El boxeo visto desde el punto económico como una fuente de negocios más allá que un deporte podría poner sobre la mesa la opción de un tercer careo entre Fury y Wilder, quien sin duda alguna, luego de reposar la paliza de la que fue víctima y de reprochar a su esquina el haber tirado la toalla, seguramente solicitará más temprano que tarde una revancha para intentar dejar nuevamente las cosas en su sitio; no obstante, los promotores también buscarán el tan ansiado combate que, para el criterio de muchos, sería el más importante en la historia del boxeo británico, pues mediría el poder dos de sus hijos: Joshua y Fury.

Aunque el año apenas cursa su primer trimestre y el calendario del boxeo promete buenos enfrentamientos en los que resta de almanaque, el pleito entre el británico y el estadounidense pasa a ser el gran referente de 2020 y, por qué no, uno de los mejores choques de los pesos pesados en los últimos 20 años.

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