El fundamento filosófico e ideológico del erróneamente llamado “Estado Islámico” sigue generando terror en toda Europa y otras latitudes planetarias. Si bien es cierto que el grupo extremista ISIS se ha visto debilitado en los últimos años especialmente en Siria e Irak, zonas en donde anteriormente ejercía mayor intervención territorial, aún sigue siendo un flagelo latente en el mundo.

Semejante retroceso exhibe ante la mirada del planeta una derrota superficial que detuvo la labor de sumar nuevos partidarios a la causa, a través de una campaña de difusión propinada en este tramo del Medio Oriente.

La pérdida de territorio en Siria e Irak ha mermado considerablemente el factor humano dominable, la capacidad de difusión de videos para fomentar la violencia brutal y el alcance monetario en su mayoría proveniente de negocios, transacciones comerciales al margen de la legalidad, recaudación de impuestos a los contribuyentes, explotación de hidrocarburos, comercialización de armamentos y mercancías de valor.

Estado Islámico ¿Cuánto le falta?

Pero, a pesar de no tener la misma repercusión internacional, ISIS o el Estado Islámico tiene adeptos y no viene a ser el único problema en la actualidad. La organización Al Qaeda insiste en su expansión, por lo que la situación es más grave aún porque se trata de una ideología imperante en algunas regiones, y que puede llegar a ser funesta si continúa añadiendo partidarios a sus trincheras para rehabilitar los focos de violencia, atropellos y acciones terroristas en nombre de un falso ideal.

Una posible unificación futura entre ambos bandos extremos, ISIS y Al Qaeda, sería nuevamente un detonante para movilizar e introducir un nuevo contingente de combatientes al pretexto radicalista.

Este fenómeno de notoriedad global perdura aún, ya no se trata de una organización terrorista, sino de una tendencia ideológica que lleva a sus integrantes a promover atentados en contra de otros ciudadanos mediante un califato improvisado, o en cualquier otro punto local en la mitad del desierto.

Hasta ahora es difícil predecir la total erradicación del llamado “Estado islámico” tomando en cuenta que hay quienes siguen estos códigos absolutos, violentos e inapelables, y se encuentran apegados lealmente a este pensamiento de naturaleza drástica e insondable.

Doctrina adversa al islamismo y al yihadismo

En los ideales políticos del “Estado Islámico” se aprecia una corrompida información y deformación del contenido filosófico y religioso que promueve el Islam. La reclamación de un califato global y hegemónico, con preceptos interpretados desde una visión intransigente de la Ley islámica (charía), sirve de excusa para argumentar el castigo capital de los “indignos” o ciudadanos que no se apeguen a estas ordenanzas.

Esta ideología no surgió de repente, se basa en la doctrina del takfirismo que castiga severamente al infiel que se corrompe y aleja del islam, precepto que se aplica a quienes niegan la charía desde un enfoque más ortodoxo.

Bajo esta premisa de traición a la religión se razona la mortandad y actos de violencia generalizados contra musulmanes y civiles extranjeros que levantan su voz en señal de resistencia al régimen. Conceptos que aceleran la matanza de los desleales y se nutren de la yihad, definida en pequeños fragmentos de El Corán como “conflicto bélico para la defensa del Islam”.

No obstante, esta concepción no se adhiere del todo a El Corán, en virtud de que las muertes no incluyen a niños, mujeres ni ancianos, esto no aplica en el llamado “Estado Islámico”. Para la mayoría de los musulmanes el término yihad viene dado por una acepción con una connotación distinta a la interpretada por las células terroristas, significa “esfuerzo tanto interior como exterior del musulmán por mejorarse y mejorar lo que le rodea”.

Trasfondo de los grupos terroristas

Hay quienes piensan que el Estado Islámico se disfraza bajo una estela de lucha religiosa para encubrir otros objetivos en la región. Las verdaderas intenciones de estas organizaciones belicistas extremas:

• Asunción al poder y hegemonía en la región.

• Aprovechamiento de la coyuntura geopolítica como resultado del rechazo a la ocupación norteamericana a partir de la guerra de Irak.

• Aprovechamiento del rechazo de las tribus sunitas a las políticas antisunitas de líderes iraquíes.

Para integrar y recobrar combatientes a sus filas los grupos terroristas promueven la división, el discurso del odio valiéndose de un sentimiento subyacente en el pueblo musulmán. Ponen en bandeja elementos que históricamente han sido utilizados para perpetuar líderes totalitaristas como: el antisemitismo, el antiamericanismo y el antioccidentalismo, vistos desde una perspectiva extremista para atraer más seguidores.

¿Cómo enfrentar esta posición ideológica?

La respuesta es una sola: a través de la dialéctica, el debate y los argumentos se debe comenzar a transitar hacia la revolución de las ideas. Uno de los continentes más afectados y golpeados con acciones terroristas es Europa, ante este panorama las naciones que la integran se han volcado a implementar políticas públicas y programas de desradicalización y contranarrativa para desmontar el adoctrinamiento, las tesis y prejuicios en los que se afincan los grupos terroristas.

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