Los resultados hasta la fecha de las elecciones primarias, aún a la espera del “Super Tuesday”, muestran a un Bernie Sanders favorecido por casi el doble de delegados que su contendiente más cercano, Pete Buttigieg, seguido por Joe Biden en tercer lugar. Estas posiciones en líneas generales, si hablamos de encuestas, sacarían del juego al alcalde South Bend, Indiana, pues el abanderado del denominado “socialismo democrático” aún estaría de primero, seguido por el ex vicepresidente de EEUU y en un tercer puesto, Mike Bloomberg.

Ahora bien, ¿cómo leer estos resultados previos y proyecciones? Aquí hago mi apreciación.

El próximo martes será de gran importancia para el partido demócrata, pues la cantidad de delegados que se declararán superan los mil (hasta ahora van 100 entre los tres estados iniciales). Así pues, si se mantiene la tendencia, al final de esta contienda podría resultar peligrosamente nominado el candidato del ala más radical del partido demócrata, Sanders, quien tendría que enfrentar a Trump en los próximos comicios presidenciales.

El mismo Sanders ha dicho en uno de los debates, que el actual presidente representa un peligro para el país, sin embargo, me temo que la mayor amenaza para la salud del sistema político-económico y aún más grave, para la democracia, la constituye el mismo senador del estado de Vermont, más allá de sus propuestas de salud pública (Medicare para todos), educación gratuita o, incluso, el mismo Nuevo Trato Verde (The Green New Deal). Dicho sea de paso, estos últimos tres temas entendidos como un pase de factura al “establishment”, por no brindar respuestas y soluciones a los ciudadanos, sobre todo los que forman parte de las nuevas generaciones.



POLÍTICA. Bernie Sanders en un mitin de campaña en el Arthur Ashe Center en Richmond, Virginia, el 27 de febrero de 2020. | Foto: Efe/Erik S. Lesser.

El problema fundamental radica en que el senador demócrata presenta una propuesta que está en esencia fuera de la sombrilla que abarca el sistema americano. Es decir, el capitalismo es la columna vertebral en la que se han sostenido ambos partidos políticos, más allá de sus diferencias. No obstante, Sanders expone una tercera vía (socialismo), incompatible con los mismos valores estadounidenses, que distan de la brutal represión y falta de libertades que representan regímenes como, por ejemplo, el de Cuba, Nicaragua y Venezuela, con los cuales el político no solo no muestra desagrado, sino que se ha atrevido a elogiar, tal como lo hizo recientemente con Fidel Castro al alabar la alfabetización como un elemento positivo de su gestión en la isla. Entonces, me pregunto: ¿Por qué hacer énfasis en un aspecto que prácticamente pierde fuerza ante las atrocidades cometidas por el régimen, ante el abuso de poder, represión, los controles y la faltas de libertades? ¿Por qué no reconocer a Maduro y a Ortega como dictadores, pero sí a Kim Jong-un y su acercamiento con Trump? ¿A qué juega? He allí el dilema.

Pero si nos queremos adentrar, aún más, en aguas profundas, el discurso radical que mantiene Sanders contra los ricos, no solo pondría en riesgo la estabilidad económica del país ante un futuro mandato, sino que forma parte del mismo libreto socialista, que políticos como el fallecido Hugo Chávez en Venezuela, quisieron grabar en el imaginario colectivo. “Los ricos son malos” fue la frase predilecta que lo motivó a expropiar gran parte del sistema de producción nacional del país con las mayores reservas petroleras del mundo, destruirlo y llevar a una de las naciones más prósperas del hemisferio a la ruina.

Dicho esto, no creo que los demócratas moderados quieran apoyar estos antivalores de “the land of the free and the home of the brave”, por lo que lamentablemente el resultado podría favorecer a Trump si es enfrentado por Sanders, quien está tomando relevancia en la palestra pública producto de la misma radicalización de la política hecha por la actual administración, pero al mismo tiempo debido a la inacción del mismo partido demócrata, que ahora lo está apoyando, sin hacer una reforma interna urgente para depurarse ideológicamente y desligarse de los más radicales de izquierda que quieren endulzar a los inconformes, muchos de ellos jóvenes, millennials como yo, que representamos no solo el presente, sino el futuro de la nación.

“El discurso radical que mantiene Sanders contra los ricos, no solo pondría en riesgo la estabilidad económica del país ante un futuro mandato, sino que forma parte del mismo libreto socialista, que políticos como el fallecido Hugo Chávez en Venezuela, quisieron grabar en el imaginario colectivo”.

Haciendo referencia a las palabras de Buttigieg, nos quedaría preguntarnos: ¿dónde queda el centro, entonces? “Mi punto es que la gente ha sido motivada por querer salir del ‘establishment’. Bernie Sanders y Donald Trump representan formas radicalmente diferentes de hacerlo “, dijo el candidato a NBC News el año pasado.

Las aspiraciones legítimas de nuevas generaciones deben ser respondidas, pero sin populismo, ni mucho menos ahuyentando a aquellos que han construido la columna vertebral en la que se sostiene el país.

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