Roxana Mangandi trabaja en una empresa de mercadeo en Italia y tiene doce años de vivir en las afueras de Milán. Como integrante de la Asociación Salvadoreña en Lombardía (ASSAL) está al tanto de lo que ocurre con los compatriotas en dicha ciudad.

La medida del gobierno salvadoreño que prohíbe la entrada de viajeros provenientes de Italia no la sorprende. Le parece lógica. Eso sí, no le afecta porque ella vino de vacaciones en agosto de 2019 y su madre, también migrante salvadoreña en Italia, está de visita en El Salvador desde antes de que se anunciara la prohibición.



Crédito: MATTEO CORNER / EFE

SALUD. Dos trabajadores de la salud con máscaras faciales de protección realizan un examen médico a una persona dentro de una unidad médica avanzada construida frente al Hospital de Cremona, al norte de Italia, el 2 de marzo de 2020

Roxana sabe que ya se reportó el primer caso de un latinoamericano contagiado con el coronavirus en Italia y que la última víctima confirmada hasta el miércoles tenía 87 años. Sin embargo, no está usando mascarilla. ¿Por qué? Pues porque cuando quiso comprar una ya no encontró. Así que recorre las calles del centro de Milán con el rostro descubierto pero muy bien abrigada.

La alarma por el coronavirus, reconoce, ha cambiado la vida cotidiana de esa ciudad: “Las calles prácticamente están solas, los medios de transporte también. Algunos trenes, literalmente, están solos”. En las partes más turísticas, como cerca de la catedral de Milán, “se ven pocas personas y si las hay no son turistas”, sino empleados de los negocios locales o milaneses que deben pasar por ahí por cualquier otro motivo.



Crédito: MOURAD BALTI TOUATI / EFE

MEDIDAS. Los turistas con máscaras visitan la Catedral de Milán (Duomo di Milano), que fue reabierta al público después de estar cerrada durante una semana debido al nuevo brote de coronavirus Covid-19 en el país, en Milán, al norte de Italia, el 2 de marzo de 2020

En Italia, como en otros países de Europa, las personas acostumbran reunirse en los bares después del trabajo para encontrarse con amigos o familiares. Pero ahora, en Milán, no pueden hacerlo. “No se ve gente, los centros comerciales están solos. Las actividades comerciales, como los restaurantes, tienen que cerrar antes de las 7 p.m.”, esto para evitar que haya aglomeraciones. No obstante, se ha estado considerando quitar esta restricción porque está afectando la actividad económica, sobre todo en el sector de restaurantes.

También se ha prohibido abrir a las discotecas y a los cines y otros lugares que son cerrados y donde hay poca circulación de aire.

Roxana asegura que el alarmismo es común no solo entre los latinoamericanos, sino también entre los italianos. “Literalmente han vaciado los supermercados, han dejado solo… El domingo fuimos a hacer las compras y agua no había; ya se la habían llevado la mayor parte de cosas: las pastas, que son un producto de consumo básico”.

Fuente: El Salvador

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