El mundo del tenis protagonizó una amarga noticia el pasado miércoles 26 de febrero. Ese día, la rusa Maria Sharapova anunciaba su retiro del tenis, una decisión sorpresiva para algunos y esperada por otros. Las lesiones apartaban de forma definitiva a la exnúmero uno del mundo y ganadora de cinco títulos detalles Grand Slam.

Sharapova jamás pasó por debajo de la mesa; todo lo contrario, su talento y su belleza tendieron puentes para poder hacer de ella toda una referente dentro del deporte blanco.

En una carta a los medios, Sharapova decidía dar el paso al costado, la decisión que siempre es difícil de tomar, pero que ella ya sentía cada vez con más fuerza desde agosto del año pasado cuando transitaba por New York para disputar el Abierto de los Estados Unidos. Los percances físicos habían hecho de ella un fantasma de lo que alguna vez llegó a ser, una atleta lo suficientemente talentosa para proyectarse en lo más alto de la WTA, algo que logró, pero que en los últimos años la apartaba de lo que realmente fue, una deportista, una luchadora, una competidora envidiable. Aun así, aseguró que, pese a que las sensaciones le pedían dar el punto final a su carrera, su espíritu de campeona la alimentó para seguir al menos unos cuantos meses más en la disciplina.

Talento natural

La garra de Sharapova se hizo sentir desde que era apenas una niña. Nativa de Siberia, el frío acogió a la futura tenista, quien hizo las labores desde temprana edad; sin embargo, aun siendo junior se mostró de la mejor forma posible y 1993, mientras disputaba un torneo infantil en Moscú, la mítica Martina Navratilova vio su juego, quedó encantada y habló con sus padres para que la trasladaran lo más rápido posible as Estados Unidos para poder desarrollar de la mejor forma el tenis que le llevaría más temprano que tarde a lo más alto de la disciplina.

En 1995, la familia se mudó a Florida, donde Maria fue una alumna de tiempo completo en la prestigiosa academia de tenis de Nick Ballotieri.

Allí, su juego mostró lo mejor de ambos lados del mundo; en Rusia, como se ha mostrado históricamente, dentro de la disciplina hay un equilibrio entre defensa y ataque que ha puesto a varios nombres en el trono del deporte blanco. Pero en la academia de Florida se volvió mucho más agresiva, una firma personal que han tenido también otras raquetas del planeta. No en vano la característica de este juego, impronta de la academia, se ha visto también en piezas como el norteamericano Andre Agassi y el japonés Kei Nishikori ambos alumnos graduados de la escuela de Ballotieri.

Salto de calidad

Aunque se hizo profesional en el año 2001, fue en 2004 cuando dio el gran golpe en la mesa y puso su nombre en la tapa de los diarios. Para aquel año, Sharapova ganó Wimbledon, para muchos el torneo más prestigioso del tenis. Apenas tenía 17 años, pero hizo el trabajo de una manera más que increíble, dejando en el camino a piezas importantes como a las norteamericanas Lindsay Davenport y en la leyenda viviente del tenis femenino, Serena Williams.

A esta última la superó en sets corridos, dando probablemente el batacazo más grande jamás visto en el césped sagrado londinense.

En 2006 ganó el Abierto de los Estados Unidos, su segundo Grand Slam. Sharapova ya era una pieza más que conocida y llegaba incluso con la satisfacción de saber que había sido número uno de la WTA. En 2008 llegó el Abierto de Australia, dejando la mesa servida para hacer todo lo que estuviera a su alcance para buscar el Grand Slam.

Solamente quedaba pendiente alzar el título en el Roland Garros y demostrar que ella era una de las mejores tenistas en la historia.

En 2012 llegó el grito esperado, se coronaba en París y completaba los cuatro grandes a su manera, con agresividad, atacando el servicio de su rival, gritando con cada impacto, pero también con deudas en su juego, pues su destacada estatura jamás hizo referencia a su servicio, su gran tarea a lo largo de su carrera. Aun así, la rusa hizo lo que siempre soñó, coronarse en los cuatro torneos más importantes de la disciplina. En 2014 repitió su segundo Roland Garros, último Grand Slam de su carrera.

Belleza y juego

Sharapova se retira rompiendo paradigmas. Atrás quedó la labor y encanto de otra rusa, Anna Kournikova, quien en condición individual no hizo mayores méritos para ser reconocida por su juego, pero sí por su belleza.

Sharapova, de quien se esperaba, lo mismo no solamente destacó en las pasarelas al ser una referente de la moda, también triunfo dentro de la cancha, así como la criaron, así como decidió qué hacer, así como se desarrolló en el deporte blanco, hizo lo que mejor aprendió: a competir y a ganar.

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