El impacto del coronavirus pasó a segundo plano en Estados Unidos luego de las protestas surgidas por la muerte de George Floyd, afroamericano de 46 años, víctima el pasado lunes 25 de mayo de Derek Chauvin, un policía de Minneapolis, quien se excedió al momento de arrestarlo y terminó acabando con su vida.

Floyd debía pagar por lo que hizo, pero ante la justicia y no con su vida. El delito de haber pagado con un billete falso en un establecimiento comercial no compensaba con lo que recibió de parte del ahora exmiembro del cuerpo de seguridad; sin embargo, y a pesar de haber sido captado por testigos, quienes le pidieron una y otra vez retirar su rodilla del cuello del nativo de Texas, la fuerza pudo más.

“No puedo respirar”, dijo en varias ocasiones la víctima antes de morir. La frase quedó grabada en un sinfín de estadounidenses que no perdieron el tiempo y se volcaron a las calles a exigir justicia. Cuatro días después, el viernes 29 de mayo, Chauvin fue arrestado y acusado de homicidio en tercer grado.

Pero la detención del efectivo poco valió frente a la molestia de quienes revivieron en el asesinato de Floyd las irregularidades de un sistema ante las minorías.

El temor del color

La muerte del afroamericano por el uso excesivo de la fuerza de parte de las autoridades no es la primera en los últimos años para alguien de su raza. El pasado reciente apela a otros casos en los que agentes de seguridad han actuado bajo el temor del color ajeno, una asignatura pendiente en la gran potencia mundial.

Visto desde ese ángulo, el más reciente asesinato se suma a una lista de hechos lamentables que tienen en sus filas los nombres de Trayvon Martin (2012), Eric Garner (2014), Michael Brown (2014), Tamir Rice (2014), Walter Scott (2015), Freddy Grey (2015), Alton Sterling (2016) y Ahmaud Arbery (2020).

Cada historia esconde el retrato de alguien que, en mayor o menor medida, fue juzgado de forma inválida por su color de piel.

En todas estas bajas, incluida la de Floyd, la herida del racismo en Estados Unidos vuelve a abrirse y su hemorragia se traduce en manifestaciones, la mayoría de ellas pacíficas, para pedir justicia por cada víctima del manejo obsesivo de la fuerza.

Acciones de calle

Minneapolis fue epicentro del rechazo por la muerte de Floyd. Las manifestaciones en contra de la acción de Chauvin se tradujeron en actos masivos en donde los habitantes del lugar mostraban mensajes que hoy en día son frases comunes vinculadas a las protestas. “I can’t breath” (No puedo respirar) y “Black lives matters” (Las vidas negras importan) constituyeron la base de las acciones.

El apoyo se hizo extensivo y numerosas ciudades del territorio estadounidense se abrieron paso para atender el reclamo de una minoría cansada de muertes sin sentido por parte de quienes hacen del color un problema.

En las calles de Atlanta, Nueva York, Los Ángeles y Washington, entre otras ciudades, miles de personas salieron a la calle a castigar con pacíficas marchas el asesinato de Floyd; sin embargo, unos pocos llevaron sus actos más allá y con violencia mancharon la situación.

Disturbios y saqueos formaron parte de la dinámica en varias de las urbes de Estados Unidos. El daño se notó con el final de cada jornada, lo que obligó a los cuerpos de seguridad de los lugares con mayor presión a actuar para frenar el caos.

El ruido no logró ser silenciado. En la capital de Estados Unidos, por ejemplo, la alcaldesa Muriel Bowser ordenó toque de queda los días lunes, martes y miércoles; no obstante, las manifestaciones excedieron la hora límite fijada por la funcionaria, lo que derivó en cientos de arrestos por violar la norma.

Mientras los enfrentamientos se hacían sentir a cuadras de la Casa Blanca, el presidente Donald Trump se pronunciaba para fijar su posición. El lunes 1 de junio, el mandatario se dirigió a la nación desde el Rose Garden, un acto donde el sonido de las detonaciones se mezcló con sus palabras. Desde ahí, el republicano solicitó a los gobernadores de los estados más afectados dar paso a la Guardia Nacional para aplacar los movimientos de calle, pero la furia de algunos manifestantes no encontró quien la apagara.

Un día después, otra muerte sacudió a los habitantes de la nación. En su intento por evitar saqueos en una casa de empeños en San Luis, David Dorn, agente retirado de la policía, cayó al recibir disparos por parte de los agitadores.

De acuerdo con The Associated Press, más de 10.000 personas han sido detenidas en todo el país por las protestas desatadas ante el lamentable hecho ocurrido hace ya más de una semana en Minneapolis. A juicio del historiador Douglas Brinkley en entrevista para CNN, estas son las más intensas y significativas manifestaciones que vive Estados Unidos tras el asesinato de Martin Luther King en 1968.

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