El presidente Donald Trump fue diagnosticado con COVID-19 la noche del jueves 1 de octubre. Aunque pasó el fin de semana en el hospital militar Walter Reed internado, recibió el alta médica el lunes y el miércoles su médico personal, Sean Conley, aseguró que no tenía síntomas.

El mandatario permanece en cuarentena en la Casa Blanca mientras supera la enfermedad. El fin de semana se manejó la posibilidad de que Trump quedara incapacitado para ejercer la presidencia o hasta su posible muerte. En caso de esa última opción destacó la pregunta de quién quedaría a cargo de la Presidencia y qué pasaría con las elecciones.

La Constitución establece que en caso de renuncia, incapacidad o muerte del presidente debe asumir el vicepresidente, cargo ocupado actualmente por Mike Pence.



Infografía: ETL

La Vigesimoquinta Enmienda, ratificada en 1960, señala que el presidente puede delegar sus funciones al vicepresidente en caso de incapacidad o enfermedad grave que le impida ocupar el cargo. De ese modo Pence pasaría a ser presidente interino, pero Trump podría volver a gobernar si se recupera en un escenario hipotético.

“No hay transferencia (…) El presidente sigue en el cargo”, confirmó la portavoz de la Casa Blanca, Judd Deere, cuando Trump partió al hospital el viernes pasado. Desde entonces el líder republicano ha mostrado fortaleza ante el virus.

Línea de sucesión

La Constitución estadounidense delega en el Congreso decidir qué ocurre si el vicepresidente no puede asumir o muere, para ese escenario hay leyes que establecen una línea de sucesión.



POLÍTICA. El vicepresidente Mike Pence es la primera persona en la línea de sucesión. | Foto: Efe/Justin Sullivan.

La Ley de Sucesión Presidencial de 1947 modificada en 2006 -la más reciente- señala que en un escenario en el que el vicepresidente no pueda asumir lo hará el presidente de la Cámara de Representantes, seguido por el presidente pro tempore del Senado y luego de otros funcionarios del Gobierno, iniciando con el secretario de Estado.

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Actualmente esos cargos son ocupados por la demócrata Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara Baja de 80 años de edad; el republicano Charles E. Grassley, presidente pro tempore del Senado y legislador por Lowa, de 87 años de edad; y Mike Pompeo, secretario de Estado, de 56 años.

Antecedentes

Que un vicepresidente sustituya a un presidente por causa de muerte ha ocurrido ocho veces en la historia de Estados Unidos: una de ellas fue en 1945, cuando Harry Truman reemplazó a Franklin D. Roosevelt; pero la más reciente data de 1963, año en el que asesinaron a John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson asumió como mandatario.

En la historia destaca además cuando en 1974 el entonces vicepresidente Gerald Ford pasó de ser el presidente debido a la renuncia de Richard M. Nixon.

En los últimos años solo han ocurrido tres traspasos pero por un breve lapso: en 1985 el presidente Ronald Reagan cedió sus funciones a George Bush durante ocho horas, mientras estuvo bajo anestesia durante una operación de colon; luego, en 2002 y en 2007, el mandatario George W. Bush hizo lo mismo mientras fue sometido a colonoscopias.

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Hay una vía para destituir forzosamente al presidente en caso de enfermedad grave, aunque el mandatario no quiera delegar las funciones. El mecanismo es reseñado en la Vigesimoquinta Enmienda pero hasta ahora nunca ha sido utilizado.

Elecciones

En el ámbito electoral se complicarían las cosas en un escenario en el que Trump no pueda continuar. De acuerdo con The New York Times, si el presidente se ausenta de la contienda el Comité Nacional Republicano deberá postular a otro candidato. Sin embargo, ya comenzó la elección anticipada. El Proyecto Elecciones de Estados Unidos cifra en más de 3,8 millones los estadounidenses que ya votaron en 31 estados.

En caso de ausentarse el candidato a la reelección correspondería a cada estado decidir qué procederá. Richard L. Hasen, profesor de derecho en la Universidad de California, consultado por The New York Times, resaltó que muchas leyes no especifican qué hacer en una situación en que un candidato muera o no pueda servir.

Un desenlace podría definirlo el Congreso o el sistema judicial.

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