Michigan

En el momento de escribir estas líneas, 24 horas después de haber cerrado los centros de votación, no sabemos aún, con certeza, quién será el próximo presidente de este país, aunque las tendencias dan a Joe Biden como ganador.

Independientemente de quien gane, tenemos que estar muy alertas. No debemos bajar la guardia porque la democracia en Estados Unidos enfrenta uno de los momentos más difíciles de su era moderna. Estas elecciones pasarán a la historia como una de las pruebas más difíciles a ser superadas por las instituciones diseñadas para conservar el equilibrio que requiere una democracia liberal. Hay varias cosas en juego. Me explico.

Está en juego, entre otras cosas, y no es una pequeñez, la legitimidad de la institución electoral. Durante muchos meses, la Casa Blanca se dedicó a cuestionar la validez del voto por correo. ¿Por qué? Porque sabían que en su mayoría esos votos irían por Biden, ¿por qué? Porque a diferencia de los seguidores de Trump, los de Biden, manifestaron abiertamente el respeto a la posibilidad de contagiarse con el COVID-19, es decir, a reconocer que estamos en medio de una pandemia. Los que apoyan a Biden usan máscaras y decidieron en su mayoría evitar el contacto con otros votantes el día de las elecciones. Trump, por otra parte, estimuló más bien el voto de sus seguidores para el día de las elecciones. Su objetivo era crear lo que llamó la “ola roja” para el 3 de noviembre

  1. Por eso, y solo por eso, Donald Trump se negó a aprobar el presupuesto para la oficina de correos pública, USPS. Él sabía que al final, le convenía que esos votos no llegarán. El desde la Casa Blanca hizo todo lo posible para restringir el voto en su contra. Él temía, con razón, que esos votos decidirían la elección en su contra. Pero esos votos son legales y legítimos. Cualquier esfuerzo para restringirlos o anularlos seria absolutamente una violación al derecho de elegir de los ciudadanos. La razón de esta tardanza en los resultados es una consecuencia directa de esa decisión presidencial. Que no se nos olvide.

También, se encuentra en peligro la credibilidad de la Corte Suprema de Justicia, pues ya dijo que recurriría a ella en caso de perder. Ya veremos, lo cierto es que en este momento 6 de los 9 magistrados son conservadores y de los seis, tres han sido propuestos por Trump.

Igualmente está en juego la posibilidad de reunificar al país. Estados Unidos necesita reencontrarse en paz y en tranquilidad para entender claramente, y sin teorías conspirativas, dónde exactamente se encuentran sus verdaderos retos. Al hacerlo los enfrentará con toda la majestuosidad, generosidad e inteligencia que históricamente lo caracteriza. Esa que le ha garantizado durante décadas, el lugar de potencia moral, no nuclear, en el mundo.

Hay que continuar atentos porque hasta que el nuevo presidente no sea reconocido por todos, la democracia de este gran país, seguirá en grave peligro.

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