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La Junta Editorial que rige los artículos de opinión de un periódico como el Washington Post debería tener conocimientos de regímenes resilientes que aprovechan el paso del tiempo para permanecer en el poder. Me refiero al artículo publicado en ese medio el pasado 7 de diciembre.

Evadir la historia hace que cuando toca recomendar políticas públicas adecuadas lo que hacemos es repetir errores del pasado. Ese es el caso de las continuas negociaciones y las “pequeñas victorias” con regímenes criminales. Eso es simplemente favorecer a esos regímenes. Lo ha demostrado Bielorrusia, Corea del Norte, Nicaragua, Siria, Cuba y lo ha demostrado Venezuela. Por ejemplo, durante la administración Obama, la política de pequeñas “victorias” sin contrapartidas con la dictadura cubana lo que produjo fue mayor decepción y contribuyó económicamente con el régimen de Castro. Fue un error que no han sido capaces de admitir.

Por todos es conocido cómo la estrategia negociadora aplicada por Thomas Shannon, Under Secretary of State for Political Affairs y otros cargos en el gobierno de Barack Obama, hacia Venezuela fortaleció el régimen de Chávez y de Maduro. Un grave error de política pública y de visión. Tom se obsesionó con su ilusión de su “capacidad” de negociación con Maduro. Con esa “fe” inspiró a Zapatero y a otros negociadores a plantear diálogos y negociaciones para Venezuela. La realidad es que Tom ayudó al régimen de Venezuela a sobrevivir entre negociación y negociación. Lo que recomienda el editorial de opinión publicado por The Washington Post la semana pasada sería repetir los errores del pasado.

Hay un error de base en la visión del mencionado artículo de opinión, las sanciones no han creado el problema de Venezuela, el problema de Venezuela viene de una dictadura desordenada, abusiva y de la destrucción de todo el aparato productivo, incluyendo la industria petrolera. No han sido las sanciones las que derivaron la crisis de Venezuela, ha sido la narco-dictadura que ha destruido toda la institucionalidad y ha generado un país de mafias organizadas. Las sanciones han afectado a esas mafias. Lamentablemente los que suman sus voces al levantamiento de esas sanciones al final lo que hacen es ayudar a testaferros, y demás corruptos que benefician a su entorno. La industria petrolera de Venezuela la destruyó Hugo Chávez; Maduro y sus cientos de ladrones han sido incapaces de recuperarla. Hay que aceptar que las sanciones tampoco han eliminado las negociaciones con el narcotráfico y con la clase opulenta madurista y boliburguesa aferrada al poder.

La administración de Donald Trump cometió un error grave. Se dejó envolver en los mensajeros del G4 (grupo que agrupa a los 4 partidos “mayoritarios” de oposición) de una salida fácil en Venezuela. Creo que seguir apoyando a una ficción como lo ha sido un pseudo gobierno “interino” de Juan Guaido y Leopoldo López es un error. Un discurso duro y un apoyo irrestricto con diplomacia que junto a millones de dólares y apoyo técnico no dio resultado, y seguir haciéndolo con los mismos actores, insisto, es un error. El tiempo con “pequeñas victorias” siempre juega a favor de los tiranos. Continuaría un error de cálculo del Departamento de Estado y de la Casa Blanca. Suscribo lo que ya ha dicho Alek Boyd: “el gobierno de Guaido solo ha existido en los pasillos del Departamento de Estado”. No es el error de las sanciones, es el error del cálculo político.

El régimen de Maduro aprovechó el tiempo para buscar alternativas. La comunidad internacional también fue parte importante al no demostrar una voluntad sólida contra el régimen de Venezuela. Hablar fuerte no garantiza respuestas.

Las tiranías no desaparecen por arte de magia. Recomendar bajar el tono y obtener pequeñas victorias a la administración Biden es retroceder y sumarse al juego del poder corrupto y degenerativo que controla Maduro.

Yo lo que espero es que la administración Biden no arranque ignorando la historia, que demuestre que se aprendió de los errores de negociar con dictaduras totalitarias y que se implementen estrategias de largo aliento con acciones a corto, mediano y largo alcance.

Las sanciones hay que mantenerlas como elementos de presión contra criminales en Venezuela, Cuba, Nicaragua y otras autocracias similares. Negociar sin esperar nada a cambio es ser cómplice de los crímenes de lesa humanidad.

En lugar de eso se requiere seguir presionado, con nuevos actores y con toda la fuerza a las dictaduras criminales de Cuba, Venezuela y Nicaragua, mientras se hace un buen papel negociando con la comunidad internacional para que se sumen a la presión. Se requiere que China, Rusia, Irán y otros regímenes forajidos sientan la presión para elevar el costo político de apoyar a estas dictaduras. Se necesita apoyar plataformas de movimientos sociales que generen presión de calle que preocupen a los dictadores. Cuando digo actores nuevos en Venezuela, no hablo en contra de Guaidó y Leopoldo López, solo afirmo que ya ellos deberían dar paso y apoyar a nuevos líderes que reconstruyan una plataforma social que reanime al pueblo. Se necesita abandonar las estrategias de apoyos a cómplices politiqueros financiados por elementos cercanos a estos regímenes, falsa oposición que solo están allí para mantenerse ellos. Se necesita de planificación estratégica, análisis de escenarios y tener unas respuestas pensadas a estas dictaduras con una hoja de ruta que permita la restauración de la democracia.

Ojalá los medios de comunicación en Estados Unidos retornen a la labor informativa y empiecen a abandonar roles ideológicos. Hablar abiertamente de concesiones a dictaduras criminales es abandonar en su sufrimiento a miles de víctimas de estas terribles autocracias. Vender “refritos” fracasados de otras administraciones es contribuir a la resiliencia de regímenes criminales. La administración Biden-Harris debe procurar estrategias pensadas que valoren la historia.

Twitter del Autor @CEPONCES

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