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Cuando la multitud irrumpió en el Capitolio de los Estados Unidos, el 6 de enero, Leslie esperaba que el hecho fuera un llamado de atención a sus padres, quienes apoyaban a Trump. Esperaba que estuvieran mirando el asalto, tal vez sintiéndose avergonzados.

Leslie, una liberal de 35 años de edad, lloró posteriormente por las capturas de pantalla en el Facebook de su madre; debido a publicaciones que defendían a la multitud a favor de Trump y que sugerían que había llegado al menos a las escaleras del Capitolio. Luego llamó al FBI para denunciar a su madre.

Argumentó que las acciones deberían tener consecuencias, de acuerdo con un reportaje de The Washington Post.

Leslie y muchas otras personas entrevistadas por el medio de comunicación hablaron con la condición de que no se revelara su nombre completo, citando preocupaciones sobre represalias o un aumento de las tensiones en sus familias.

En el contexto de relaciones ya tensas o rotas, el asalto al Capitolio ha llevado a algunas personas a dar un paso drástico: entregar a sus amigos o familiares ante las fuerzas del orden por su presunto papel en el hecho.

Las denuncias han representado más de 100 mil pistas enviadas al FBI y ayudado con al menos un arresto de involucrados de alto perfil.

Durante meses, a veces años, los informantes dicen que han visto impotentes cómo sus seres queridos abrazaron la ideología de extrema derecha y se aferraron a las teorías de la conspiración, desde QAnon hasta afirmaciones de videos virales.

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El extremismo ha prosperado en la era de Trump y durante los cierres por la pandemia, según los expertos, debido al aislamiento de las personas en sus hogares y a una desenfrenada desinformación en línea.

“El extremismo de extrema derecha no es una cosmovisión marginal, no es un culto insular que solo alcanza a unas pocas docenas o unos pocos cientos de personas, es una cosmovisión de amplio alcance arraigada en la sociedad estadounidense”, dijo Peter Simi, profesor asociado de sociología en la Universidad Chapman.

Amigos y familiares cada vez más distanciados le dijeron a The Washington Post que su propia política, un sentido de obligación moral y el temor de lo que podrían hacer sus seres queridos a continuación, los impulsaron a hacer cumplir la ley.

“No me dejaron otra opción porque están en un camino tan destructivo; y me preocupo tanto por la seguridad de otras personas como por la de ellos”, dijo una mujer de Texas que relató haber delatado a miembros de su familia que estaban en el césped del Capitolio, aparentemente más allá del barreras que los alborotadores derribaron.

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Con información de Hannah Knowles y Paulina Villegas/The Washington Post.

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