LATINOS. Simpatizantes venezolanos de Donald Trump durante una manifestación en Doral, Florida en septiembre de 2020. | FOTO: Eva Marie Uzcategui — Bloomberg
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Por Eric García | Especial para The Washington Post
Traducido por El Planeta Media


En 2016, mi papá, Charlie García – un mexicano-americano y republicano de toda la vida – apoyó al senador Ted Cruz en la carrera por la nominación del partido republicano a la presidencia. Recientemente recordó que, de los 17 candidatos que participaron en la carrera por la nominación republicana en 2016, “Trump era mi número 17”. Hacia el final de las elecciones, recuerdo que me dijo: “voy a cubrirme la nariz y votar por Trump”.
Pero para noviembre pasado, algo había cambiado. Hasta donde puedo decir, mi papá votó respirando tan libremente como es posible para una persona que lleva puesta una mascarilla. No solo apoyó a Trump con entusiasmo, también dio dinero al Comité Nacional Republicano. A pesar de que él ha apoyado cada candidato presidencial republicano desde 1980, él ahora los contrasta desfavorablemente con respecto a Trump. “Ellos no se pueden comparar con lo que Trump ha hecho”, me dijo recientemente. “Y algunas de las cosas que se le ocurrían, yo decía ‘Oh, hombre, ¿por qué hiciste eso, Trump? Eso no va a salir bien’… Y resulta que, ¡Dios mío, era una jugada tan brillante! Yo no tenía ni idea. Él simplemente es un maestro”.
Nativo de San Antonio, mi papá pasó gran parte de su carrera trabajando en ventas; hoy en día, él maneja las instalaciones de cuidado residencial para adultos mayores en Orange County, California. Su madre y padre nacieron en los Estados Unidos. La madre de mi abuelo probablemente nació en Francia, pero su padre era mexicano mientras que los padres de mi abuela eran probablemente de Monterrey, México. Esa mezcla de mexicano y estadounidense es la razón por la que él me llama “son” así como su equivalente en español, “mijo”.
Mientras yo crecía, frecuentemente veíamos las noticias en Fox News (hoy día, como muchos conservadores, mi papá prefiere Newsmax); él escucha con regularidad programas conservadores en la radio cuando no está escuchando estaciones de rock clásico. Él muestra con orgullo una placa que Ronald Reagan le dio a mi abuelo por haber servido como paracaidista en la Segunda Guerra Mundial. Él me ha dicho que The Washington Post, donde yo solía trabajar, regularmente inventa cosas sobre de Trump. Cuando me vino a visitar a Washington D.C. y caminamos junto al edificio de CNN, comentó medio en broma “Noticias Falsas”.
Las opiniones políticas de mi papá no serían de mucho interés para la mayoría del mundo, excepto que él es parte de un grupo que constituyó uno de los más enigmáticos detalles de las elecciones de 2020: los latinos que votaron por Trump. Entre 2016 y 2020, Trump mejoró su apoyo general entre latinos por cuatro puntos porcentuales, mientras que el apoyo a Biden se redujo en 1 punto con respecto a Hillary Clinton – y en algunos lugares ese cambio fue incluso más significativo. En Florida, Biden ganó a los latinos por tan sólo cinco puntos, un giro masivo con respecto al margen de 27 puntos de Clinton en 2016. En Texas, Trump redujo el margen entre electores latinos por 10 puntos.
Para muchos progresistas, esta tendencia fue un shock -¿cómo un presidente que descaradamente denigró a los latinos e inmigrantes podía de hecho incrementar su apoyo entre esos mismos electores?– pero también fue un llamado a despertar. A lo largo de toda una generación, los demócratas han tenido la cómoda presunción de que las demografías estaban de su parte a largo-plazo: mientras Estados Unidos era cada vez menos y menos blanco, los demócratas disfrutarían de mayores ventajas en la política nacional. El creciente voto latino era un -quizá el– pilar de ese modo de pensar. Lo que significa que si, de hecho, los latinos están alejándose de los demócratas, esto constituye una emergencia para el partido, una que los puede perseguir en 2022, 2024 y más allá.
Reflexionando después de algunas conversaciones con expertos, más dos con mi papá, recientemente he estado dedicando tiempo a tratar de entender por qué esto estaba pasando. No hay respuestas sencillas, pero yo estaba particularmente intrigado por una de las sub-tramas de la historia de los electores latinos: a nivel nacional, Biden ganó entre hombres latinos por 23 puntos pero entre latinas ganó por 39 puntos. En 2016, Clinton ganó entre los hombres latinos por 31 puntos y entre latinas por 44. En otras palabras, Trump ganó terreno en ambos grupos durante el período de cuatro años, pero ganó más entre los hombres. En algunos estados, la disparidad de género entre electores hispanos en 2020 fue bastante dramática. En Carolina del Norte Trump ganó entre los hombres latinos por 20 puntos pero perdió entre latinas por 54 puntos. En Nevada, Biden ganó entre hombres latinos por sólo seis puntos pero entre latinas ganó por 47 puntos. ¿Por qué, me pregunté, pareciera que los hombres latinos estaban girando hacia la derecha? y ¿qué podían hacer los demócratas para ganarlos de vuelta?
Escribir sobre diferencias de género entre el voto latino es inherentemente terreno espinoso. Hay un viejo estereotipo racista que asocia a los latinos con el machismo –y, como todos vimos a lo largo de los últimos seis años, la marca política de Trump fue parcialmente construida sobre una exagerada sensibilidad de macho. Ian Haney López, un profesor de leyes en la Universidad de California en Berkeley, me dijo que hay un peligro en reducir el análisis sobre el apoyo de los hombres latinos a Trump como un tema de simple machismo – lo que toma “una dinámica social perversa” y la convierte en un “atributo de la cultura latina”. “El Patriarcado es un problema en todos los grupos raciales”, dice él, aunque añade: “También es justo decir que si eres un hombre en un grupo de bajo estatus, la masculinidad puede convertirse en algo importante para reclamar alto estatus”.
Un mejor lugar para comenzar puede ser en el empleo: cómo son actualmente las experiencias de hombres y mujeres en la economía estadounidense y cómo eso puede influir en su pensamiento sobre la política. Stephanie Valencia de EquisLabs, una firma democrática de investigación que encuestó a electores latinos en 11 estados comenzando en 2019, dice que, en el preámbulo a las elecciones, ellos encontraron muchos hombres que tenían lo que ella llamó “Intriga Trump”. “Ellos lo ven como el hombre de negocios exitoso, y ellos lo ven como alguien que se ha levantado a sí mismo por sus propios medios, aunque todos sabemos que eso no necesariamente es cierto”, me dijo ella.
Eso puede estar en contraste con las experiencias de las latinas, muchas de las cuales están manejando sus hogares, ocupándose del cuidado de los niños o empleadas como trabajadoras de primera-línea – enfermeras, cuidadoras de ancianos. “Ellas se están asegurando de que sus niños estén listos para la escuela por Zoom”, explica Valencia. “Yo creo que hay una experiencia fundamentalmente diferente entre hombres y mujeres hispanos en cuanto a sus experiencias en el día a día, así como en la información que cada uno consume”.
La imagen de Trump como un hombre de negocios que habla claro definitivamente fue parte de lo que le atrajo a mi papá. A él le gustó que Trump fuera un graduado del Wharton School y que el expresidente creció junto a hombres similares a aquellos con los que trabajó mi abuelo. “Nos encontrábamos con el sindicato de contratistas eléctricos o alguien más trabajando en casas, construyendo casas. Cada uno de ellos hablaba como Trump”, dijo mi papá. “Sin palabras grandes. Todo era muy, muy simple. Y Trump aprendió a hacer eso. Él aprendió a hacerse un maestro en eso, en dónde puede comunicarse”.
Entre 2016 y 2020, Trump mejoró su apoyo entre latinos por cuatro puntos porcentuales. Para muchos progresistas, la tendencia fue un shock y un llamado a despertar.
Kevin Marino Cabrera, el antiguo director estatal de Trump en Florida, cita el récord del expresidente desde antes de la pandemia del coronavirus, incluyendo “históricos desempleos y empleos para todas las minorías a lo largo del espectro”. Y Tomás Robles, co-ejecutivo del progresista grupo de activistas “Living United for Change” / “Viviendo Unidos por el Cambio” en Arizona, argumenta que los demócratas no han hecho un buen trabajo estratégico en esta área. “Ellos aún no saben cómo hablar sobre la economía de una manera que resuene con los latinos, especialmente los hombres de color”, dice Robles. “Yo pienso que una gran razón para que Trump mejorara un poco entre no solo hombres latinos, sino entre otros hombres de color, especialmente hombres negros, fue porque tenía un mensaje económico que diseñó a la medida para hombres de color”. De hecho, la campaña de Trump difundió un anuncio hablado en español con un pegajoso tema musical de fondo que hablaba específicamente de la economía.
Haney López ha llevado a cabo investigaciones con Equis revelando que el 28% de los hispanos se perciben a sí mismos como parte de un grupo que “a lo largo de las generaciones puede avanzar mediante arduo trabajo”. También encontró que 32% de los hispanos se ven a sí mismos como un grupo similar a los inmigrantes europeo-estadounidenses que pueden unirse a la sociedad dominante. “La retórica que la derecha está utilizando usa lenguaje que es diseñado para desencadenar estereotipos racistas asociados a la blancura”, dice Haney López. Él añade que, para muchos latinos, existe un deseo de ser apreciados y reconocidos como alguien que se preocupa por su familia en vez de ser visto como un manifestante violento o como un forastero. “Este estado de ansiedad por el estatus es inseparable de la jerarquía racial”, él afirma.
Tanto mujeres como hombres latinos comparten ansiedad económica y de estatus, por supuesto. Pero las latinas –como todas las electoras femeninas en todas las categorías étnicas– sintieron repugnancia por el irrespeto de Trump contra las mujeres y el que presumiera de agresiones sexuales. “Cuando organizábamos grupos de reflexión con latinas, ellas estaban altamente conscientes de cómo Trump las insultaba como mujeres”, dijo Haney López. “Ellas se sintieron más atacadas como mujeres que como latinas.”
En el constante tira y empuje entre los temas económicos y culturales en la coalición demócrata, es posible que, para algunos hombres latinos, las políticas culturales de izquierda se han mostrado desalentadoras. Ha sido bien documentado a este punto que muchos latinos no usan el término con neutralidad de género “latinx”, pero utilizan los términos para hombres y mujeres. De acuerdo al Pew Research Center, el 14% de las latinas entre 18 y 29 años usan el término “latinx”, pero solo el 1% de los hombres latinos en el mismo grupo de edad lo usan.
Valencia señala que los hombres latinos más jóvenes están en los mismos espacios de redes sociales que sus contrapartes blancos. “Ellos también están viendo Joe Rogan”, dice ella, refiriéndose al popular presentador de podcast y antagonista de la izquierda cultural. “Ellos están consumiendo mucha de la misma información que aquella que están consumiendo los hombres jóvenes blancos de clase trabajadora”.
Randall Ávila, el director ejecutivo del partido republicano en Orange County, dice que a los hombres latinos les gustó la falta de tacto político de Trump. “Nosotros en cierta forma resonamos con el presidente incluso si quizá no estamos de acuerdo con todo lo que dice”, me dijo Ávila. “Él habla libremente lo que está en su mente y no le pone una cubierta de azúcar a las cosas, y pienso que ese tipo de estilo de personalidad también jugó un papel en cuanto al apoyo latino por el presidente”.
Reportajes de noticias de antes y después de las elecciones especulaban que las duras palabras de Trump sobre inmigración, así como su retórica de “ley y orden”, lo ayudaron entre algunos hombres latinos. De hecho, especialmente en algunas comunidades de la frontera, los cuerpos de seguridad son unos de los mayores empleadores de hombres latinos. De acuerdo a las estadísticas de 2019 del Department of Homeland Security, el 30 por ciento de todos los oficiales de la aduana y guardia fronteriza estadounidense (CBP) son hispanos. (Los hombres hispanos representaron el 11,8% de las nuevas contrataciones, mientras que las mujeres hispanas el 8,1%).
Por supuesto, no todos los latinos que trabajan para los cuerpos de seguridad comparten las opiniones de Trump sobre los inmigrantes. David Cortez, un profesor en la Universidad de Notre Dame, entrevistó a agentes latinos que trabajaban para ICE en Arizona, Texas y California en 2014 y 2015. Muchas de las personas en el estudio tendían a unirse a la agencia por razones económicas. Cortez dice que, a pesar del apoyo del sindicato de ICE a Trump, no todos los latinos que trabajan en la frontera siguen el modelo de “MAGA, machismo” de los “derechistas, fervientes, anti-inmigración, restriccionistas”. “Lo que encontrarán es que la mayoría de ellos tienen posiciones más matizadas sobre la inmigración y la política de inmigración que la mayoría de los oficiales electos”, dice Cortez, quien es de Brownsville, Texas, “porque ellos son quienes lo ven a diario”.
De todas maneras, es razonable asumir que, si los demócratas son vistos como el partido de las fronteras abiertas y las políticas de inmigración de extrema izquierda, eso puede que desanime a algunos latinos que trabajan en las fuerzas fronterizas. Mientras tanto, los latinos constituyen el 12,5% de los oficiales de la policía local hasta 2016, de acuerdo al Despacho de Estadísticas Judiciales (Bureau of Justice Statistics), un salto con respecto a los 7,8% de 1997 (y las fuerzas policiales son predominantemente masculinas). Y de acuerdo a un estudio de 2017 del Pew Research, oficiales de policía blancos y latinos tienen opiniones similares en cuanto a los asesinatos de hombres negros desarmados por parte de la policía – con el 72% de ambos grupos diciendo que fueron incidentes aislados más que señales de un problema mayor. Por comparación, el 57% de los oficiales de policía negros piensan que los asesinatos son señales de un problema mayor.
Para los progresistas, todo esto es un ejemplo siniestro de cómo los políticos dividen a una comunidad en contra de sí misma. “Una de las perversidades de la política de soplones, de este psicoterror contra la gente de color”, dice Haney Lopez, “es que ha creado todo un sector de empleo para personas de clase trabajadora en el área de violencia gubernamental contra personas de clase trabajadora, especialmente con las personas de color”.
Pero los conservadores latinos en sí mismos ven todo diferente. Ávila tiene tres miembros de su familia que trabajan en el Departamento del Alguacil en el condado de Los Ángeles. Él dice que el mensaje de “ley y orden” de Trump resonó con muchos latinos. “Ellos vieron al presidente como alguien que dio la cara por ellos”, dice Ávila, “ya sea mi familia que trabaja directamente en las fuerzas de orden público o familia que obviamente ama y se preocupa por mis tíos y tías. Nosotros vimos ese mensaje de quién estaba apoyando al departamento de policía y quién no lo hacía”.
No hay, por supuesto, una clara explicación al por qué los hombres latinos parecen estar girando, como grupo, hacia la derecha. Cada voto individual es la suma de muchos factores, pero es difícil adjudicarle una explicación simple a cada uno de ellos. De hecho, cuando le pregunté a mi papá sobre qué le gustaba de Trump, él me respondió, “Oh my God, mijo, la lista es infinita”. Mientras caminaba alrededor de su vecindario en enero –10 días después de que Joe Biden fuera juramentado– y hablaba conmigo por teléfono, no paraba de recitarme una letanía de lo que él veía como los logros de Trump: reducción de los impuestos, acuerdos diplomáticos entre Israel y sus vecinos árabes, tasas bajas de desempleo entre afroamericanos y latinos antes de que el COVID-19 destruyera la economía. Elogió la fuerte postura de Trump frente a China y su decisión de subsidiar a los agricultores para contrarrestar los efectos del conflicto comercial.
Ninguna de estas preferencias políticas eran únicas para latinos o para hombres latinos. Pero cuando un grupo gira tan dramáticamente, es imposible no tratar aunque sea de adivinar una explicación general. Y, para los demócratas, hay mucho camino por delante para tratar de obtener las explicaciones acertadas. Quizá lo más importante es darse cuenta de que ningún partido tiene garantizado el apoyo de ningún grupo del electorado. Cada campaña debe trabajar activamente para atraer a los electores latinos. En vez de esperar –como muchos progresistas hacen– que los hombres latinos voten automáticamente en contra de alguien que trabaja en contra de “sus propios intereses”, quizá sea mejor preguntar qué es lo que los hombres latinos realmente ven como sus mejores intereses y cómo se ven a sí mismos – y luego hacer los ajustes donde sea necesario.
De seguro, diferentes latinos responderán al mismo mensaje de maneras distintas: Un mensaje como el de socialismo democrático del senador Bernie Sanders que resonó con los latinos en Nevada y California durante las primarias demócratas puede que aterre a los cubano-estadounidenses o venezolano-estadounidenses en Miami que huyeron de regímenes socialistas.
El mensaje de Trump de “ley y orden” resonó con muchos latinos, dice Randall Ávila del partido republicando de Orange County: “Ellos vieron al presidente como alguien que dio la cara por ellos”.
Pero un lugar en donde los demócratas no pueden equivocarse es en enfocarse rigurosamente en los empleos y la economía. José Dante Parra, quien antiguamente trabajó para el senador Harry Reid, D-Nev., así como en la campaña para la re-elección del presidente Barack Obama, y es ahora jefe ejecutivo de la firma de comunicaciones ProsperoLatino, piensa que esta es la mejor manera de llegar a los hombres latinos. “Duplicar nuestros esfuerzos en estas políticas y hacerles llegar estos mensajes a las comunidades realmente nos va a ayudar, a largo plazo, a poder desarrollar una narrativa en la que los hombres latinos se sientan que alguien está hablando directamente con ellos”, dice él. “Lo más importante para los hombres latinos es el empleo y la economía… siendo generalmente el principal sustento de la familia”.
Con senadores republicanos como Josh Hawley y Marco Rubio tratando de re-lanzar al partido republicano (GOP) como una coalición “multi-étnica, multi-racial de clase trabajadora”, los demócratas tendrán que desenmascarar su farsa a través de una agenda clara para los estadounidenses de clase trabajadora. Si los hombres latinos se ven a sí mismos como estadounidenses con aspiraciones que quieren levantarse por medio de sus propios esfuerzos, quizá el mejor mensaje es uno que les ofrezca una vía hacia la clase media y la seguridad económica.
Y nada de esto, por cierto, significa que los demócratas deban ignorar a las electoras latinas, quienes en gran medida comparten prioridades similares. (Debo señalar aquí que mis padres están divorciados y mi mamá es demócrata). Al contrario, dice Valencia en Equis, es importante recordar que las latinas de clase trabajadora son electoras a quienes “tenemos que entender con mayor profundidad y en quienes tenemos que invertir para que sigan siendo parte de la base progresista, porque en cuanto a los temas en sí, ellas están ahí”.
Mirando adelante hacia el 2024, le pregunté a mi papá quién le parecía a él un potencial candidato presidencial republicano. Fue dudoso en cuanto a los hijos de Trump. A sus ojos, Don Jr. no está listo todavía y él “probablemente nunca votaría” por Ivanka. A él le gustan los representantes Jim Jordan de Ohio, Chip Roy de Texas y Matt Gaetz de Florida – pero, dijo él, “un día, yo creo que el mejor presidente que tendremos en nuestras vidas será Tom Cotton”, el senador de Arkansas.
El día en que una turba pro-Trump irrumpió en el Congreso para tratar de detener la certificación de los votos, mi papá me envió un mensaje de texto y me preguntó si yo estaba a salvo y me pidió que me mantuviera lejos de todas las muchedumbres en D.C. Sin embargo, él no responsabiliza a Trump por lo que pasó ese día. “Estas son todas buenas personas, bien centradas mentalmente, personas que trabajan fuertemente”, dice él de aquellos que apoyaron la concentración “Deten el Robo” / “Stop the Steal”, acotando que Trump les dijo a los manifestantes que hicieran escuchar sus voces de manera pacífica.
Los demócratas ciertamente pueden tender puentes con los hombres latinos – aunque mi papá, como pueden ver, no será uno de ellos. En cambio, él es un claro recordatorio de que los latinos se ubican a lo largo del espectro político – y que, tan confuso como esto pueda ser para algunos progresistas y muchos expertos, es absolutamente posible para algún porcentaje de los estadounidenses pensarse a sí mismos como archiconservadores y como latinos al mismo tiempo. Aunque él no “se ponga el brazalete en el brazo”, como él dice, mi papá está muy orgulloso de su herencia como mexicano-estadounidense. En enero, terminamos nuestra conversación como normalmente lo hacemos cuando no lo estoy entrevistando. “Te amo con todo mi corazón, papá”, yo le dije. “Yo también te amo, mijo”, él me respondió. “Cuídate mucho”.

Eric García es el autor del esperado libro “No Estamos Rotos: Cambiando la Conversación sobre el Autismo” / "We're Not Broken: Changing the Autism Conversation".

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