LABORATORIO. La asistente de laboratorio Tammy Brown prepara tests positivos de coronavirus para secuenciarlos y buscar variants en la escuela de Medicina de University of Maryland. | FOTO: Michael Robinson Chavez — The Washington Post

Por Tyler Pager, Joel Achenbach - The Washington Post

WASHINGTON – La administración Biden anunció el viernes 16 de abril que está asignando $1,7 mil millones para luchar contra las variantes del coronavirus, mientras el virus continúa mutando hacia formas cada vez más letales e infecciosas.

El gasto está enfocado en mejorar la detección, así como monitorear y mitigar las variantes, ya que la cepa original del nuevo coronavirus ahora sólo abarca alrededor de la mitad de todos los casos en el país. La Casa Blanca dijo que un objetivo central del esfuerzo será incrementar la capacidad del país para la secuenciación genómica y así comprender mejor y rastrear las mutaciones.

Los fondos, que provienen del “Plan de Rescate Estadounidense” y serán asignados a través del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), suman $1 mil millones para expandir la secuenciación genómica; $400 millones para apoyar la innovación, incluyendo el establecimiento de seis Centros de Excelencia en Epidemiología Genómica; y $300 millones para construir y financiar una Infraestructura Nacional de Bioinformática.

Los fondos serán distribuidos a los estados en dos lotes, el primero a ser enviado a principios de mayo. El segundo desembolso de fondos será invertido a lo largo de los próximos años.

“En esta importante encrucijada en el medio de la pandemia, estos nuevos recursos ayudarán a los estados y al CDC a tener el apoyo que necesitan para luchar contra estas peligrosas variantes y desacelerar la propagación del virus”, dijo en una declaración la coordinadora de la Casa Blanca para las pruebas de detección del coronavirus, Carole Johnson.

Una inversión temprana de $200 millones proveniente de la Casa Blanca ayudó a los laboratorios de EE.UU. a incrementar su secuenciación genómica de 8 mill muestras de coronavirus por semana a principios de febrero a 29 mil muestras por semana. El próximo desembolso de fondos ayudará al CDC y a los estados a identificar las variantes y a monitorear su circulación.

Los nuevos centros operarán a través de alianzas entre los departamentos de salud de los estados e instituciones académicas y pudieran enfocarse en desarrollar herramientas de vigilancia para mejor rastrear patógenos, mientras que la infraestructura nacional de bioinformática creará un sistema unificado para compartir y analizar la data.

Más de 560 mil estadounidenses han muerto por COVID-19, y el país ha visto un incremento en las infecciones durante las semanas pasadas. Pero el país ha logrado avances significativos en su programa de vacunación, con más de 198 millones de dosis administradas.

“Es sin duda una buena decisión, que probablemente ayude a enfrentar la pandemia, y potencialmente muchas otras enfermedades infecciosas también”, dijo William Hanage, epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard. “En el papel los planes se ven grandiosos, incluyendo la innovación y el financiamiento enfocado en los estados para ayudarlos. Como siempre, el impacto dependerá de la implementación pero esta es una oportunidad para que todo el país se ponga a nivel”.

La poca capacidad para secuenciación genómica entorpecía el entendimiento del campo de batalla por parte de las autoridades de Estados Unidos a medida que nuevas variantes empezaron a propagarse. En diciembre, el CDC reportó que sólo alrededor de 3.000 muestras positivas estaban siendo examinadas para precisar su configuración genética cada semana en un tiempo en el que se diagnosticaban más de 1 millón de casos en una semana y los números de infecciones reales, incluyendo los casos sin diagnosticar, era según los expertos muchas veces más esas cifras.

Con el impactante anuncio en el Reino Unido el 15 de febrero de que una nueva, más contagiosa variante llamada B.1.1.7, era responsable por un incremento repentino en los casos en ese país, las autoridades de EE.UU. se dieron cuenta que debían redoblar los esfuerzos en secuenciación. La construcción de esa capacidad involucraba no sólo a investigadores federales sino también a laboratorios privados e instituciones académicas.

Incluso mientras se mejoraba la escala de la secuenciación, las variantes – y particularmente aquella detectada por primera vez en el Reino Unido – ganó campo en los Estados Unidos.

La variante B.1.1.7 es ahora la cepa dominante del virus en los Estados Unidos, de acuerdo al CDC.

Otras dos variantes peligrosas, inicialmente detectadas en Sudáfrica y Brasil, sólo han tenido mínimo éxito en Estados Unidos. Pero los científicos están vigilándolas de cerca pues contienen una mutación conocida como E484K, apodada “Eek”, que puede reducir – aunque no completamente eliminar – la efectividad de las vacunas. Y hay otras variantes que se esparcen rápidamente, incluyendo una detectada por primera vez en California y otra común a la ciudad de Nueva York.

“En este ecosistema de variantes, no sabemos cómo ellas van a competir unas con otras en el mismo espacio”, dijo Nicholas Gilpin, un doctor en enfermedades infecciosas de Beaumont Health, administradora de ocho hospitales en el área de Detroit.

El coronavirus continúa mutando mientras circula por la población global. Con millones de infecciones alrededor del mundo cada día, el virus tiene muchas oportunidades de mejorar su habilidad para propagarse y evadir la inmunidad.

“Uno puedo tener acumulación de mutaciones adicionales que promueven la evasión a la inmunidad”, dijo Mark Zeller, virólogo del Instituto Scripps Research, acotando que las variantes pueden emerger de pacientes comprometidos inmunológicamente que son tratados contra la infección del coronavirus por prolongados períodos de tiempo.

No hay evidencia de que las variantes sean la fuerza principal detrás del pequeño número de infecciones irruptivas que han ocurrido entre personas que estaban completamente vacunas. La mayoría de los expertos creen que esos casos de infecciones irruptivas se deben a sistemas inmunológicos débiles por parte de los pacientes y no a mutaciones en el virus.