Autumn Piper enciende velas durante una vigilia para honrar a Marcus Wilson, uno de dos hombres asesinados en abril en el barrio Highland de Baltimore. FUENTE: Washington Post photo by Jahi Chikwendiu.

 (c) 2021, The Washington Post · Holly Bailey, Tim Craig

La alcaldesa de Albany, N.Y., nunca esperó pasar sus días asistiendo a funerales y brindándole apoyo a las familias de aquellos asesinados o heridos durante una alarmante ola de violencia con armas de fuego que ella encuentra difícil de explicar.

“Es un shock a la conciencia”, dijo la demócrata Kathy Sheehan. “El menosprecio por la vida humana que estamos viendo... es un trauma tras otro trauma en nuestra ciudad”.

Ocho personas han resultado asesinadas a tiros en la capital de Nueva York este año, incluyendo a seis en mayo. Destiny Greene, de 15 años, fue asesinada en un vecindario tranquilo a una cuadra de la mansión del gobernador después de que un grupo de hombres abriera fuego durante lo que la policía luego describió como un encuentro relacionado con un aviso de Facebook Marketplace.

El aumento de crímenes en Albany no es el único. El fin de semana pasado, al menos 12 tiroteos ocurrieron en nueve estados, resultando en 11 personas muertas y al menos 70 heridas, de acuerdo a una base de datos compilada por el Gun Violence Archive (Registro de Violencia por Armas de Fuego), un grupo sin fines de lucro que rastrea dichos incidentes.

Las matanzas incluyeron un tiroteo a las afueras de un club nocturno en Minneapolis, en el que resultaron dos personas muertas y ocho heridas. Otras dos fueron asesinadas y una docena heridas cuando se hicieron disparos hacia una fiesta casera en Fairfield Township, N.J., y tres más resultaron muertas en un tiroteo frente a un bar en Youngstown, Ohio.

Y este fin de semana, dos personas fueron asesinadas y más de 20 heridas en el área de Miami después de que hombres con rifles de asalto y pistolas empezaran a “disparar indiscriminadamente contra una multitud” durante un concierto temprano el domingo, dijo la policía.

Mientras la nación conmemora el Día de los Caídos (Memorial Day), considerado extraoficialmente como el comienzo del verano, muchas autoridades están preocupadas de que esto sea una antesala de lo que las ciudades pudieran enfrentar a lo largo de la nación en los próximos meses, cuando la llegada del clima cálido casi siempre conlleva a un aumento de los crímenes violentos. Algunos se preocupan de que la violencia pueda ser especialmente elevada esta temporada ya que los estadounidenses emergen de vuelta a la sociedad después de un año de encierros y restricciones relacionadas al coronavirus.

En Albany, la semana pasada, Sheehan pidió ayuda a las autoridades estatales y federales para frenar la violencia. El gobernador demócrata Andrew Cuomo acordó desplegar la Policía Estatal de Nueva York para respaldar a la asediada fuerza policial de la ciudad, quien ha tenido dificultad para enfrentar lo que Sheehan ha descrito como un “sorprendente” aumento en la cantidad de armas ilegales fluyendo hacia la comunidad.

Sheehan dijo que ella estaba particularmente preocupada por la forma como incidentes de enojos y conflictos cotidianos parecían escalar por la presencia de pistolas. “Lo que creemos que estamos observando es que se está normalizando el resolver disputas por medio de armas de fuego”, dijo ella.

Con el respaldo de dinero federal proveniente del American Rescue Plan Act, Albany se ha apurado a invertir en esfuerzos de prevención de violencia y en lograr que los programas comunitarios de sensibilización que fueron cerrados durante la pandemia estén funcionando para la llegada del verano. Pero Sheehan dijo que estaba preocupada de que eso no sería suficiente. “Estoy bastante preocupada”, dijo ella sobre los próximos meses de verano.

Decenas de ciudades a lo largo del país han reportado incrementos de dos dígitos en tiroteos y homicidios. En Columbus, Ohio, la policía ha contado al menos 80 homicidios este año, más del doble que el mismo período el año pasado. Ciudades más grandes también continúan viendo incrementos. En Chicago, 195 personas han sido asesinadas en lo que va de año hasta comienzos de mayo, el número más alto en los últimos cuatro años, de acuerdo a las estadísticas de la policía. Cerca de 1.300 personas han sido tiroteadas, de acuerdo a una base de datos del Chicago Tribune que rastrea dichos incidentes.

En Atlanta, la tasa de homicidios se ha elevado un 50% con respecto al año pasado, y la alcaldesa demócrata Keisha Lance Bottoms dijo que ella y sus comandantes de policía han tenido dificultad para esclarecer las razonas concisas de la violencia mientras se refuerzan para un potencialmente rudo verano.

En años pasados, dicen los líderes de Atlanta, ellos podían asociar muchos de los incidentes de violencia a grupos específicos y a rivalidades entre bandas o al narcotráfico. Pero Bottoms dijo que muchos de los recientes incidentes de violencia parecen ser mucho más aleatorios y causados predominantemente por intensas pasiones entre individuos que generalmente “se conocen entre ellos”.

Bottoms dijo que el “denominador común” para la ola de crímenes es el estrés resultante de la pandemia y de las protestas del año pasado por justicia racial luego del asesinato de George Floyd. Pero ella dijo que está considerando una gama de posibilidades como causas de la violencia, incluyendo asuntos emocionales y psicológicos de larga duración diagnosticados entre víctimas de los llamados casos crónicos de covid-19, la enfermedad causada por el coronavirus.

“Estás teniendo personas presentando depresión, ansiedad, y han perdido seres queridos y han estado desempleados”, dijo Bottoms. “Esto ha creado la más desafortunada convergencia de factores, y yo creo que es lo que estamos viendo manifestarse en nuestras calles”.

La semana pasada, el presidente Joe Biden, propuso asignar $2.1 mil millones para financiar los esfuerzos del Departamento de Justicia para lidiar con la “crisis de salud pública por violencia con armas de fuego”. Eso es sumado a su propuesta de marzo de invertir $5 mil millones a lo largo de ocho años en esfuerzos comunitarios de prevención de violencia para tratar de prevenir crímenes violentos.

Pero Bottoms y otras autoridades locales a lo largo de la nación han presionado a la Casa Blanca para que haga más – incluyendo aumentar el financiamiento para los programas de salud mental, abuso de sustancias y salud conductual. Algunos de los crímenes más horrendos en la región de Atlanta, acotó Bottoms, han ocurrido durante incidentes de posible agresividad al volante en los que el agresor parecía perder la compostura repentinamente y tirotear al otro conductor.

“Yo pienso que parte de lo que está sucediendo es una frustración generalizada con la sociedad, y eso parece estarse desparramando hacia las calles”, dijo Bottoms. “Y en Atlanta, eso está demostrando ser bastante letal”.

Adam Gelb, presidente del Concejo sobre Justicia Criminal, dijo que la naturaleza de algunos de los recientes homicidios ha sido problemática. “Personas quejándose, peleando por puestos de estacionamiento, o involucradas en asuntos de agresividad al volante”, dijo él. “Y esas personas están armadas”.

Eso ha puesto más tensión sobre las autoridades electas, dijo Gelb, con el público creyendo cada vez más que el crimen está “saliéndose de control” aunque los índices de crímenes violentos en la mayoría de las ciudades permanecen mucho más bajos que aquellos de finales de los 1980s o principios de los 1990s durante el pico de la epidemia de crack-cocaína.

Sin embargo, ciudades de todo el país han señalado que presentan tendencias alarmantes desde el año pasado. En Wichita, Kansas, la ciudad reportó 59 homicidios en 2020, aproximadamente uno cada seis días – la mayor cifra total desde 1993. El jede de policía Gordon Ramsay dijo que la tendencia continuaba en 2021, potenciada en parte por un aumento en los tiroteos y otros crímenes violentos llevados a cabo por niños de hasta 13 años de edad.

“No se parece en nada a algo que haya visto antes”, dijo Ramsay, agregando que ha conversado en conferencia con otros jefes de policías de toda la nación que están enfrentando problemas similares.

Ramsey culpó a las prolongadas consecuencias de la pandemia, que resultaron en el cierre de muchos de los programas comunitarios para la juventud en situación de riesgo. Pero el jefe también criticó a los legisladores estatales que aprobaron una reforma a la justicia juvenil en 2016 que buscaba mantener a los jóvenes fuera de prisión pero no financió completamente los programas alternativos de tratamiento para evitar que cometieran futuras ofensas.

Él dijo que el crimen juvenil había puesto aún más presión sobre un departamento donde los oficiales tenían dificultad para responder correctamente ante los crecientes tiroteos y asesinatos. El Departamento de Policía de Wichita ha tenido desde hace mucho tiempo una de las tasas más altas de eficiencia en resolución de crímenes del país, descifrando crímenes y arrestando a los responsables, pero eso no se ha percibido como un gran logro recientemente.

“Nosotros tenemos como 80 o 90% de tasa de eficiencia en resolución de crímenes... no es que no estemos arrestando a personas por estos crímenes”, dijo Ramsay. “Pero siguen sucediendo, lo que me indica que no se trata sólo sobre la policía o la justicia criminal. Es un problema para el que debemos juntarnos como país para resolver”.

Algunos expertos han detectado algunas señales prometedoras en reciente data criminalística. En la ciudad de Nueva York, más de 500 personas han sido tiroteadas este año – la cifra más alta en más de una década y un incremento del 50% con respecto al mismo período de tiempo en el 2020. Pero Jeffrey Butts, director del centro de investigación y evaluación en el John Jay College of Criminal Justice, dijo que el porcentaje era mejor que el incremento del 158% en tiroteos que se reportó el otoño pasado en la ciudad, sugiriendo que el incremento de violencia, aunque sigue arriba, puede estar descendiendo.

Sin embargo, Butts dijo que los factores que provocaron la violencia del año pasado es poco probable que desaparezcan tan pronto, incluso cuando ciudades y estados poco a poco van relajando las restricciones por la pandemia. Los vecindarios más golpeados por el desempleo y otras disparidades económicas es probable que sigan teniendo dificultades, y el sentimiento de alienación y rabia que ha estado detrás de la violencia es poco probable que se disperse en el futuro cercano.

“A mí me preocupa el efecto generacional”, dijo Butts, señalando a investigaciones sobre los efectos a largo plazo que dejó la epidemia del crack sobre los residentes de algunos de los vecindarios más afectadas por la violencia de esa época.

“Tenemos una generación de adolescentes que han estado sobreviviendo a esto, y especialmente si viven en un vecindario donde hubo muchos tiroteos, quién sabe cuáles puedan ser los efectos a largo plazo”, dijo Butts, agregando que el trauma del año pasado probablemente sería sentido por “un tiempo prolongado”.

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Timothy Bella, del The Washington Post, contribuyó con este reporte.