Donald Trump sigue marcando la pauta en el partido Republicano con su denominado populismo patriótico. Foto: The Washington Post.

(c) 2021, The Washington Post · Dan Balz 

WASHINGTON – Él lleva lo que una vez fue una de las más importantes marcas en el partido Republicano y es descendiente de una dinastía política que ha gozado de influencia por décadas. De alguna manera esa ilustre historia no parece importar para George P. Bush mientras trata de subir por la escalera política en Texas.

Bush es nieto y sobrino de presidentes. Su padre, Jeb Bush, fue gobernador de Florida y no por coincidencia perdió la nominación presidencial del partido Republicano para 2016 ante Donald Trump. No hubo mención de ninguno de ellos en el video de Bush divulgado el miércoles anunciando su campaña. En cambio, mostraba clips de Trump y elogios para el ex-presidente.

Bush es actualmente el comisionado de tierras de Texas. Ahora quiere convertirse en fiscal general. Ese cargo está ocupado por otro Republicano, Ken Paxton, quien está plagado de escándalos. Cuando declaró formalmente su intención de desafiar a Paxton en las primarias Republicanas del año entrante, Bush dejó muy claro que, apartando su apellido, él se estaría lanzando como acólito de Trump.

El anuncio de Bush fue una demostración de como la influencia de Trump es aún hegemónica en el partido y tortura a los candidatos Republicanos prospectivos, particularmente a aquellos que tienen raíces y conexiones con las políticas Republicanas tradicionales, relaciones que en muchos casos son previas a la llegada de Trump a la escena política.

En New Hampshire, hubo otro ejemplo: el ex-vicepresidente Mike Pence asistió a una cena Republicana del condado el jueves por la noche en Manchester. Lo que atrajo la mayor atención fue su declaración de desacuerdo con Trump en cuanto al ataque contra el Capitolio del 6 de enero, un día en el que Pence tuvo que ser evacuado de emergencia hacia un lugar seguro mientras la turba invadía el Capitolio y algunos de los alborotadores cantaban “Cuelguen a Mike Pence”.

El jueves por la noche, Pence describió el 6 de enero como “un día oscuro en la historia del Capitolio”, alabando a los oficiales de orden público que aplacaron el ataque y permitieron que los legisladores terminaran de ratificar la victoria del presidente Biden sobre Trump en el colegio electoral. Pence presidió el procedimiento, aunque Trump le había urgido que tratara de bloquear lo que él no había podido bloquear.

“Ustedes saben, el presidente Trump y yo hemos hablado muchas veces desde que terminamos nuestra administración”, Pence le dijo a su audiencia Republicana. “Y no sé si alguna vez tendremos una opinión similar sobre ese día”.

Ése fue el titular, pero la mayoría de lo que dijo Pence lo mantuvo cercano al ex-presidente. Inmediatamente después de decir que Trump y él nunca estarán de acuerdo en cuanto al 6 de enero, “pero siempre estaré orgulloso de lo que logramos para el pueblo estadounidense a lo largo de los últimos cuatro años”.

Sin importar cuán oscuro fue el 6 de enero en sus estimaciones, también trató de responsabilizar a los demócratas por ese día. “No permitiré que los demócratas y sus aliados en los medios usen ese trágico día para desacreditar las aspiraciones de millones de estadounidenses”, dijo él. “Tampoco permitiré que los demócratas y sus aliados en los medios distraigan nuestra atención de la intención de la nueva administración por dividir nuestro país e impulsar su agenda radical”.

Pence fue seleccionado como compañero de fórmula de Trump porque ofrecía una conexión con el ala conservadora del partido Republicano. También provenía de la política Republicana tradicional. Pero si se va a convertir en candidato presidencial en 2024, Pence tiene poco espacio para crear una identidad propia. Como lo demostró su discurso en New Hampshire, su desacuerdo con Trump será modesto en el mejor de los casos.

Bush, sin embargo, está en un lugar diferente. Es un político conservador en ascenso cuyo camino lo puede llevar incluso más arriba de la oficina de fiscal general en el estado de la estrella solitaria. Pero primero debe superar al titular. Él quiere el respaldo de Trump, pero lo que puede estar calculando es que debe hacer todo lo posible por evitar que Trump apoye a su oponente – no importa que Trump haya menospreciado a su padre, atacado a su tío y que la familia Bush ha tenido al presidente número 45 en baja estima.

Trump ha permanecido reservado en cuanto a cualquier respaldo para la oficina de fiscal general de Texas, y el video de Bush fue un llamado abierto al ex-presidente para que le otorgue su apoyo. Hablando mientras se ve un clip de Trump con el puño en alto, Bush dice: “bajo el liderazgo del presidente Trump, nuestro país fue fuerte y vibrante nuevamente”. En otro momento, afirma: “como el presidente Trump, yo no permaneceré sentado pasivamente mientras nuestras libertades estén bajo ataque, porque Texas debe liderar el camino en luchar contra esta agenda radical”.

La mayoría de los políticos jóvenes siguen al menos de palabra lo que aprenden de sus padres, abuelos y otros familiares. El video de Bush ignora esa historia en favor de buscar las bendiciones de Trump. Pero ésta no es la primera vez que el joven Bush ha parecido esquivo sobre sus relaciones familiares mientras ha visto como el partido Republicano de Texas ha abandonado el conservadurismo compasivo de George W. Bush por algo más radical.

Cuando se estaba lanzando para comisionado de tierra en 2014, fue entrevistado en el Texas Tribune Festival y se llamó a sí mismo un “Republicano al estilo Reagan”. Él reconoció que había descrito al senador Ted Cruz, R-Texas, como el futuro del partido Republicano cuando Cruz se lanzó al senado por primera vez. Cuando se le preguntó esa noche si apoyaría a Cruz para la presidencia en 2016, él objetó. Luego cuando se le preguntó si apoyaría a su padre, él se negó a decir que lo haría (aunque luego sí lo hizo).

Algunos Republicanos con aspiraciones se han lanzado completamente hacia Trump. Cruz, otro prospecto candidato presidencial para 2024, es uno de ellos. También lo es el senador Josh Hawley de Missouri. Josh Mandel, quien busca la nominación Republicana para el senado por Ohio, ha hecho su devoción a Trump y ha tenido el Trumpismo como insignia de su campaña.

Otros Republicanos, como la representante Liz Cheney de Wyoming o el antiguo orador de la Cámara, Paul Ryan de Wisconsin, han roto abiertamente con Trump, haciendo un llamado por un futuro partido Republicano libre de la influencia de Trump.

Mientras tanto, otros como Pence que surgieron de la política Republicana tradicional anterior a la toma de control por parte de Trump, están teniendo dificultad para posicionarse a sí mismos. Otra política con ambiciones a futuro que ha vacilado es Nikki Haley, la ex-gobernadora de Carolina del Sur que fue embajadora de Trump ante las Naciones Unidas. Después de las elecciones del 2020, ella fue crítica de Trump y luego trató de retractarse después de que hubo una reacción en contra.

En Virginia, el nominado Republicano a la gobernación, Glenn Youngkin, un ex-ejecutivo financiero y novel político, no era el más pro-Trump de los candidatos en el partido Republicano esta primavera, pero su objetivo de pivotear hacia el centro después de haber desarrollado una campaña con mensajes de línea dura conservadora para asegurarse la nominación se detuvo inmediatamente cuando Trump lo apoyó. El respaldo es valioso para atraer a los leales a Trump en Virginia y unificar el partido, pero el nominado demócrata, quien será escogido en las primarias de la semana siguiente, no dejará que los electores de Virginia olviden que Trump está apoyando a Youngkin, sin importar cuán grandes sean los esfuerzos del Republicano por tratar de posicionarse en el centro.

Trump, quien según reportes recientes está consumiéndose en la fantasía de que las auditorías a los resultados de las elecciones del 2020 lo terminarán por reinstituir como presidente, continuará insertándose a sí mismo en las primarias Republicanas y en elecciones generales venideras. Cada Republicano, sea como candidato en una primaria en un estado rojo o distrito, o que esté necesitando de electores indecisos en estados en juego, tendrá que calibrar que tanto o que tan poco buscar su apoyo. Bush y Pence son dos ejemplos de esto, pero tendrán bastante compañía mientras el partido continúa lidiando con el legado de Trump y sus futuras ambiciones.

Información del Autor:

Dan Balz es corresponsal en jefe en el Washington Post. Ha servido como vice-editor nacional del periódico, editor político, corresponsal para la Casa Blanca y corresponsal para el Suroeste.

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