Líderes como el exgobernador de Virginia Terry McAuliffe representan un ala moderada del partido Demócrata que se rehúsa a ceder ante el progresismo. Foto: The Washington Post.

(c) 2021, The Washington Post ·Michael Scherer, Gregory S. Schneider, David Weigel

WASHINGTON – Los electores en las primarias Demócratas han estado alejándose este año de las furias anti-élite que continúan agitando la política Republicana, eligiendo en repetidas ocasiones a más candidatos moderados, quienes ofrecen un liderazgo estable, por encima de radicales del ala izquierda del partido.

Las elecciones del martes en Virginia, que resultaron en la re-nominación del ex-gobernador Terry McAuliffe y la derrota de tres de los delegados liberales Demócratas más expresivos, sólo resaltaron un patrón que ya se había hecho aparente previamente en las elecciones especiales legislativas en Luisiana y Nuevo México.  El gobernador de Nueva Jersey, Phil Murphy, un demócrata moderado, ganó la nominación de su partido sin reto alguno de la izquierda después de que dos candidatos de protesta no pudieran obtener las 1.000 firmas requeridas para tener acceso a la boleta electoral.  En la congestionada primaria Demócrata de la Ciudad de Nueva York, un grupo similar de contendores, incluyendo a Eric Adams y Andrew Yang, han emergido como posibles ganadores al promover plataformas que incluyen un respaldo a la policía como un componente esencial de la seguridad pública, lejos del mantra de “desmantelar la policía” que muchos activistas liberales repetían en 2020.

“No hay nada de malo en ser uno de esos pioneros que sacuden el status quo, pero puedes hacerlo de una manera en que traigas a la gente contigo”, dijo Michelle Maldonado, propietaria de un pequeño negocio en Bristow, Virginia, quien derrotó en las elecciones para la cámara estatal de delegados al único candidato autoproclamado como socialista democrático en las primarias Demócratas del martes. “Pract-táctico – uno debe ser práctico y táctico a la vez”. Dicha retórica ha dejado a muchos políticos liberales humeando, mientras ven como su sueño de rehacer el partido Demócrata se escapa de sus manos al igual que durante la campaña presidencial de 2020, cuando la aparente elegibilidad del candidato se convirtió en la más valorada característica y los electores se agolparon alrededor de Joe Biden.

“Personas como yo, que estamos financiados por las bases, que no aceptamos dinero de las corporaciones, no podemos competir con efectividad”, dijo el Del. Ibraheem Samirah de Fairfax, otro liberal radical que perdió en las primarias del martes después de que su oponente fuera respaldado por líderes centristas. “El partido no es progresista”.

El éxito del centro Demócrata contrasta con el pronunciado vuelco a la derecha del partido Republicano, donde en gran medida han adoptado la retórica del ex-presidente Donald Trump.  Los miembros de las bases, a nivel estatal y local, continúan sus arremetidas contra las instituciones, aprobando mociones de censura contra los pocos líderes que han contradicho la falsa afirmación de Trump sobre el supuesto robo de las elecciones – una consigna que ha sido repetida innumerables veces por todos los candidatos Republicanos a lo largo del país.

Una revuelta comparable no ha ocurrido en las primarias Demócratas de este año.

Los candidatos que hablan más explícitamente sobre temas como el racismo, el abuso policial y el derecho a la salud pública muchas veces se encuentran detrás en las encuestas. En muchos casos, los candidatos victoriosos como por ejemplo McAuliffe, han adoptado posiciones liberales en asuntos como la pena de muerte y la legalización de la marihuana, pero incluso cuando expresan apoyo por el movimiento Black Lives Matter se han rehusado a apoyar el llamado de muchos activistas para “desmantelar la policía”.

“En casi todos lados la preferencia del voto fue: necesitamos ganar y no hay nada de malo con el Demócrata por el que estoy votando”, dijo sobre las elecciones del martes en su estado el Rep. Gerald Connolly, D-Virginia. “Son Demócratas progresistas, quizá no tan radicales en sus posturas como algunos quisieran, pero son perfectamente aceptables”.

Estas tendencias podrían complicarle los planes a los Republicanos para repetir su estrategia de la campaña de 2020 al catalogar a los Demócratas en las boletas electorales como “socialistas radicales” que buscan una transformación dramática de la nación. Estrategas Demócratas han concluido ampliamente que dichos ataques fueron efectivos en 2020, incluyendo la falsa acusación de que los candidatos Demócratas a nivel federal querían desmantelar la policía.

Glenn Youngkin, el ex-CEO de una firma financiera privada que ganó la nominación del partido Republicano a la gobernación de Virginia, ha forjado su campaña en torno al momento de crisis planteado por el extremo ideológico.  “Yo no podía reconocer mi estado natal de Virginia con la toma de control de la izquierda radical”, tuiteó sobre su razón para lanzarse.

Pero con los resultados de las primarias del martes, los Demócratas de Virginia no le dieron mucha fuerza a esa narrativa Republicana de describir al partido Demócrata como de extrema-izquierda, habiendo ganado casi todas las nominaciones los candidatos del centro y amigables a las empresas.

McAuliffe, de 64 años, quien fue un Demócrata recaudador de fondos y líder del partido por muchos años antes de servir como gobernador desde 2014 hasta 2018, ganó la nominación compitiendo contra cuatro candidatos que se posicionaron a su izquierda. McAuliffe, quien es blanco, venció ampliamente al vicegobernador Justin Fairfax, apenas el segundo afro-estadounidense en haber ganado en todo el estado de Virginia, y a la senadora estatal Jennifer McClellan de Richmond, y a la ex-delegada del condado de Prince Williams, Carroll Foy, ambas buscando convertirse en las primeras mujeres negras electas para gobernar de un estado.

Los candidatos que se lanzaron a las primarias con un mensaje anti-empresas no tuvieron mucho éxito en Virginia. Muchos de ellos recibieron fondos de la pareja Michael Bills y Sonjia Smith – mega-donantes de Charlottesville quien junto con el Clean Virginia Pac de Bills avanzaron una agenda cuyo objetivo era contener la influencia de la compañía de utilidad más grande del estado, Dominion Energy.  A pesar de haber donado alrededor de $3 millones a varias candidaturas estatales, Bills y Smith sólo desbancaron a un delegado, Stephen Heretick de Portsmouth, quien era uno de los Demócratas más conservadores en la Cámara.

Grupos de izquierda también perdieron las nominaciones más grandes del estado; estas eran organizaciones que crecieron mucho durante los años de Trump, como el movimiento Sunrise, que apoyaban a Foy para gobernadora y al Del. Sam Rasoul de Roanoke para vicegobernador.

Ambos se lanzaron como personas externas con experiencia legislativa crucial, con Rasoul atacando a la eventual ganadora Hala Ayala por aceptar $100.000 de Dominion Energy, y Foy llamando a McAuliffe un “político del pasado” que no entusiasmaría a los electores.

Ben Tribbet, un estratega Demócrata basado en Virginia que trabajó para el novel político que derrotó a Heretick, el Demócrata conservador, dijo que la historia liberal del partido en Richmond daba poco espacio para crecer a los retadores insurgentes. Entre las leyes aprobadas por la legislatura estatal de Virginia, en manos de los Demócratas, y firmadas por el gobernador Ralph Northam (D), se encuentran medidas como la legalización de la marihuana para adultos y la eliminación de la pena de muerte. “Atacar a las autoridades actuales es una posición políticamente difícil en la cual colocarse cuando se han logrado tantos cambios positivos”, dijo Tribbett.

Muchos liberales han expresado frustración hacia el presidente Biden y otros líderes del partido, más recientemente sobre su prolongada negociación con los Republicanos que disminuyó la escala de un potencial proyecto de ley de infraestructura y su desacuerdo sobre la eliminación de las medidas obstruccionistas (filibustero) que efectivamente les da a los Republicanos poder de veto sobre asuntos prioritarios para los Demócratas como los derechos electorales y legislación para una renovación profunda de la policía. Pero cualquier rabia hacia los líderes Demócratas en Washington no se ha extendido a un repudio masivo en las urnas electorales a nivel local y estatal.

“Hay una correlación directa entre el gigantesco giro que estamos viendo en la dirección progresista de la agenda del partido Demócrata y lo que estamos viendo en las elecciones”, dijo Adam Green, fundador del Progressive Change Campaign Commitee, que apoya a los que llaman candidatos liberales “francos”. “Cuando incluso los supuestamente Demócratas conservadores están haciendo campaña para 2022 con millones de millones de dólares de fondos públicos, ¿qué dice eso sobre quién ganó la batalla por el alma del partido?”  En una elección especial para la Cámara legislativa de Luisiana, un Demócrata que apoyaba el Nuevo Acuerdo Verde (Green New Deal) perdió ante un Demócrata más moderado, Rep. Troy Carter, quien enfatizó su vínculo con la administración Biden.  En Nuevo México, Melanie Stansbury, fue electa al Congreso al derrotar a su rival más liberal en un proceso de selección interna del partido.

En Ohio, donde la ex-presidenta de la campaña de Bernie Sanders, Nina Turner, se está lanzando para el Congreso, ella enfatizó su buena fe como Demócrata en cuanto a sus desacuerdos con Biden, mientras continúa promoviendo el llamado por un sistema de salud pública para todos y la plataforma Sanders. Esta estrategia, según su campaña, le ha dado una ventaja de cara a las elecciones primarias especiales del 3 de agosto.

“Bernie es muy popular en el distrito”, dijo Ben Tulchin, el encuestador de Turner y de la campaña de Sanders 2020. “Él no es tan popular como Biden, pero es popular en su propia medida”.

La próxima gran prueba para el partido Demócrata vendrá el 22 de junio, cuando los Demócratas de Nueva York decidan su nominado a la alcaldía, quien inmediatamente se convertirá en el candidato favorito para las elecciones generales.  La candidata más liberal en la boleta, Maya Wiley, quien ha atraído el apoyo de fieles liberales como la Rep. Alexandria Ocasio-Cortez, D-Nueva York, no ha podido, sin embargo, posicionarse entre los tres primeros lugares en las encuentras.

Sean McElwee, fundador del grupo liberal de encuestas Data for Progess, dijo que la victoria de Biden les había robado a los candidatos de izquierda uno de sus más fuertes argumentos. “Los electores Demócratas estaban muy frustrados con el liderazgo del partido por su fracaso en derrotar a Trump, lo que motivó a los partidarios Demócratas a echar a los vagos de la casa”, dijo McElwee.

Biden, al menos por el momento, es todavía visto por los Demócratas como el político capaz de liderar al país en dirección contraria a Trump.

“La moraleja de la historia es que Joe Biden estaba en camino a algo”, dijo el estratega Demócrata Josh Schwerin. “Estamos en un lugar en el cual el país se está reconstruyendo y los votantes en las primarias Demócratas quieren lo mismo que los electores en general quieren, que son grandes cambios logrados de una manera que cree progreso significativo”.

Lee Carter, el socialista Demócrata que perdió su puesto en la cámara legislativa de Virginia frente a Maldonado, predijo que esta estrategia le resultaría contraproducente al partido en el otoño, cuando más electores salgan a votar.

“Las personas que comúnmente asisten y votan en las elecciones primarias del partido generalmente son aquellas que ya están satisfechas con la forma en la cual el partido está estructurado”, dijo él. “Lo que parece como el voto seguro en junio no necesariamente es el voto seguro en noviembre”.

Agregó que no tenía planes de involucrarse.

“Ahora voy a montar una granja”, dijo él. “Voy a criar ovejas y a no ser acosado”.

Información de los Autores:

Michael Scherer es reportero de política nacional en The Washington Post. Previamente fue jefe de la oficina de Time magazine en Washington, donde también sirvió como corresponsal ante la Casa Blanca. Antes de unirse a Time, fue el corresponsal en Washington para Salon.com.

David Weigel es corresponsal de política nacional cubriendo al Congreso y a los movimientos políticos de base. Es el autor de “The Show that Never Ends”, una historia sobre la música rock progresista.

Greg Schneider cubre a Virginia desde la oficina en Richmond. Fue el editor de negocios de The Washington Post por más de siete años, y antes de eso sirvió por algunas temporadas como vice-editor de negocios, editor de seguridad nacional y editor de tecnología. También cubría seguridad aérea, la industria automotriz y la industria de defensa para el Post.

Lea el artículo original aquí.