Durante su viaje a México y Centroamérica, la vicepresidenta Kamala Harris no llevó un mensaje demasiado alentador para quienes sueñan con una mejor vida en suelo estadounidense. Foto: EFE.

Edward Luce

Cuando William Henry Harrison le ofreció a Daniel Webster la vicepresidencia, se dice que contestó: “prefiero que no me entierren hasta que haya fallecido”.  Kamala Harris ya está familiarizada con el lado malo de lo que tradicionalmente ha sido el empleo menos popular de Washington.  A diferencia de Webster, sin embargo, Harris si quería el cargo.  Habiendo hecho una mala campaña para la nominación Demócrata, de la cual se retiró antes del primer balotaje, la posibilidad de ser parte de la fórmula de Biden era demasiado buena.  Era el equivalente político de un pase de “Ave María” para lograr prepararla para el máximo premio en el 2024 o 2028 dependiendo de cuando Biden cediera el puesto.  Y bajo formulas actuariales, las probabilidades parecían razonables.  Ocho presidentes de EEUU han fallecido durante su mandato y Biden es por mucho la persona de mayor edad al momento de ser elegido para el puesto.  Pero el éxito requiere dos cosas – una relación de trabajo cercana con el presidente, y destreza para manejar la incómoda política de ser número dos.  Por el momento, Harris no parece tener ninguna de estas.

En términos formales, Harris negoció un espacio central en esta Casa Blanca.  Al igual que Barack Obama había hecho con Biden, Harris aparentemente es la última persona que queda en la habitación antes de que Biden tome una decisión.  Esto sólo ha ocurrido desde que Walter Mondale era el número dos de Jimmy Carter – y claro de no siempre (pregúntenselo a George H.W. Bush y a Mike Pence).  Pero estar presente en las reuniones importantes de la Casa Blanca no garantiza una relación productiva.  La corazonada general, reforzada por mis propias conversaciones, es que Biden seleccionó a Harris para proveerle un balance demográfico a la fórmula electoral, no por su potencial para ser presidente, o por química personal.  El valor intra-partido que trajo a la campaña fue de más peso que el rencor que pudiera sentir Biden porque Harris lo había tildado de ser un dinosauro semi racista en uno de los debates Demócratas.  Pocos días después de eso, Jill Biden, quien normalmente es serena en sus modales, aparentemente dijo: “¿con todo lo que a él le importa, con todas las cosas por las que lucha, tu te subes al estrado y lo llamas racista sin ningún fundamento? Vete a la mierda”.

Todo por supuesto fue perdonado, si no olvidado, cuando Harris fue invitada a unirse a la fórmula el año pasado.  Pero es difícil dejar de sospechar que Biden le está dando a Harris suficiente cuerda para ahorcarse.  Sus dos roles principales como vicepresidenta son casi irresolubles – atacar las causas de la crisis fronteriza en América Central, y persuadir al congreso de que apruebe amplias reformas en cuanto al derecho al voto.

Yo no le pediría a mi peor enemigo que arreglara el Triángulo Norte.  Sin botas estadounidenses en el suelo, reunir la cooperación de países como Guatemala, Honduras, El Salvador y por supuesto México hace que la operación militar estadounidense para despejar y mantener Afganistán parezca sencilla.  Los inmigrantes y refugiados seguirán llegando a la frontera de EEUU y Harris será el pararrayos de Biden.  Los cuatro mil millones de dólares disponibles a Harris son una miseria comparados con la escala del desafío.  Y tampoco está claro si alguna cantidad de dinero sería suficiente en una situación en la cual la línea divisoria entre los gobiernos y el crimen organizado es tan borrosa.

Desafortunadamente, Harris no está manejando bien la parte política del tema.  Esta semana, Harris otorgó una entrevista desastrosa a Lester Holt de NBC, tropezándose con el hecho de que no había visitado todavía la frontera.  La respuesta simple hubiera sido: “mi trabajo es atacar las causas de fondo de la inmigración en América Central, no hacer montajes fotográficos baratos en la frontera”.  En vez, Harris respondió a la defensiva: “hemos ido a la frontera.  Así que todo esto de la frontera – hemos estado en la frontera”.  Cuando Holt le indicó que ella no lo había hecho. Harris respondió: “y tampoco he estado en Europa.  Y lo siento pero no entiendo tu punto”.  Harris es ahora el blanco principal cuando los Republicanos critican los problemas fronterizos de EEUU.  Durante su visita a Guatemala esta semana, Harris también doto de municiones a la izquierda al decirle a los refugiados potenciales que “no vengan”.  Si has logrado enardecer tanto a Alexandria Ocasio-Cortez como a Fox News, estás teniendo una mala semana.  Funcionarios de la Casa Blanca indicaron a CNN que quedaron “perplejos” por las “respuestas poco preparadas” de Harris, y que les preocupaba que eclipsaran su primer viaje al extranjero.

Queda bastante tiempo para que Harris mejore.  Pero ser vice es una labor poco agradecida.  Cuando las cosas salen bien, tu jefe se lleva el mérito.  Cuando salen mal, tu te llevas la culpa.  Además, Harris desplegó una escasa curva de aprendizaje durante las primarias del 2019 cuando, según le dije a los Pantaneros en su momento, se la “pasaba saltando de un tema de campaña a medio cocer a otro sin detenerse en ninguno por mucho tiempo”.  Rana, tú tienes un espíritu más generoso que el mío así que por favor dime donde me estoy equivocando.  ¿Si tuvieras algo que perder, a cuál Demócrata apoyarías para ser sucesor de Biden?

Rana Foroohar responde

Ed, yo estoy totalmente de acuerdo que Harris era necesaria para dotar la fórmula de balance demográfico.  En cierta forma, también pienso que era necesaria para proveer balance ideológico.  Para cuando llegó noviembre del 2020, yo diría que Biden en su corazón era mucho más un izquierdista sindical que un centrista Demócrata, y ciertamente todo lo que ha pasado durante su administración hasta la fecha da testimonio de eso.  Los donantes corporativos y lo que quedaba del centrismo Clintoniano querían un balance y Harris lo proveía – no sólo es una mujer de color, pero ha respaldado a las empresas de alta tecnología, a las grandes farmacéuticas y a los principales bancos.  Parecía la nueva guardia de su Partido pero actuaba más como la vieja guardia.

Nunca fui una gran fanática de Harris, pero políticamente creo que era la persona correcta para la fórmula.  Y admiré la forma en la cual desplegó una especie de cualidad más allá de las políticas de género.  Como escribí en estas notas del pantano antes de la elección:

Harris parece “haberse forjado un nuevo tipo de libertad como mujer luchando por la Casa Blanca.  Parece capaz de habitarse en todo su ser de una manera en la cual otras candidatas no han podido o no han permitido.  Para mí, es extremadamente femenina pero a su vez se mantiene por encima del tema de feminidad de una manera que Hilary Clinton, Elizabeth Warren y Amy Klobuchar nunca han podido.  Harris tiene tanto carisma personal que puede casi aparecer como coqueta (en el buen sentido) ante la cámara… Pero tampoco hay nadie mejor que ella en centrarse sobre alguien de forma poderosamente enjuiciante – uno de mis momentos favoritos en ese aspecto fue verla exprimir y luego casualmente (y con tanta efectividad) despreciar a Bill Barr, el fiscal general de EEUU, por su incapacidad para responder a sus preguntas”.

Por supuesto que ser vicepresidente es muy distinto de ser candidata.  ¿Qué ocurre después de Biden?  Está claro que las probabilidades favorecen a Harris.  Y para ser totalmente honesta, no hay nadie en el horizonte actual que agrade a mi corazón.  Y si yo estuviera creando de cero un candidato Demócrata perfecto en el 2024 (asumiendo que no sea Biden), tomaría el corazón del Tío Joe, sumaría la valentía de Elizabeth Warren, el carisma de AOC, y la inteligencia de Pete Buttigieg.  ¿Qué te parece esa mezcla?

Derechos de Autor - The Financial Times Limited 2021

Lea el artículo original aquí.