Grupos como los Boogaloo Boys han proliferado dentro del país en los últimos años promoviendo ideologías de extrema derecha y algunos ven su retórica como un factor que contribuye a la violencia racial. Foto: The Washington Post.
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(c) 2021, The Washington Post ·Hannah Allam, Ellen Nakashima

WASHINGTON – El martes la Casa Blanca publicó la primera estrategia nacional dedicada exclusivamente a luchar contra el terrorismo doméstico después de más de dos décadas de sucesivas administraciones que se enfocaron casi exclusivamente en la amenaza del islamismo militante. La estrategia llega después de un asalto letal al Capitolio de EEUU y un resurgimiento del extremismo derechista que la administración Trump, con pocas excepciones, fue reacia a reconocer.

Para muchos analistas del terrorismo, la estrategia era necesaria desde hace mucho tiempo.  Aún cuando la violencia del extremismo derechista ha sido la amenaza doméstica más letal y activa en más de 15 años, los recursos federales han seguido siendo destinados a la lucha contra el terrorismo extranjero.

La estrategia de 32 páginas busca coordinar los esfuerzos de orden público y prevención a todos los niveles de gobierno, incluyendo los que ya están operativos. Incrementa los presupuestos del Departamento de Justicia y el FBI para contratar analistas, investigadores y fiscales; aumenta el intercambio de información entre el gobierno federal y las instituciones estatales y locales, así como con las compañías de tecnología; y examina factores como el racismo sistémico que contribuyen al problema.

“No podemos ignorar esta amenaza o sólo desear que desaparezca”, dijo el presidente Joe Biden en la presentación.

El plan le da a la Casa Blanca más poder para implantar el cambio en las prioridades de sus políticas de contraterrorismo que empezó en años recientes en respuesta a un incremento en los ataques letales de odio, y que cobró mayor relevancia a raíz de la impactante invasión al Capitolio el 6 de enero.  La semana pasada, el director del FBI, Christopher Wray, le dijo al Congreso que su institución había llevado a cabo “cerca de 500 arrestos” en conexión con el ataque al Capitolio.  Wray dijo que el número total de investigaciones por terrorismo doméstico se había incrementado a 2.000 en comparación con 1.400 a finales del año pasado.

La administración Trump fue esquiva a la hora de confrontar el extremismo doméstico, o lo hizo escondiéndose detrás una falsa equivalencia entre el extremismo derechista y Black Lives Matter, Antifa y otros movimientos de la izquierda.  La estrategia de contraterrorismo de la era Trump sí llegó a mencionar el extremismo doméstico, y un reporte de ese momento del Departamento de Seguridad Interna (Department of Homeland Security, DHS por sus siglas en inglés) describió los proponentes de la supremacía blanca violenta “como una de las fuerzas más potentes que impulsan el terrorismo doméstico”.

Después de la miopía de los últimos diez a veinte años, durante los cuales la creciente amenaza de terrorismo doméstico fue ignorada, tan sólo nombrar terrorismo doméstico como una máxima prioridad es “innovador”, dijo Cynthia Miller-Idriss, quien dirige el Laboratorio de Innovación e Investigación sobre la Polarización y el Extremismo (Polarization and Extremism Research and Innovation Lab) en American University.

La toma de posesión del presidente Biden tuvo lugar dos semanas después de los disturbios del Capitolio, así que su equipo de seguridad nacional empezó su trabajo con el “6 de enero fresco en sus mentes”, dijo un alto funcionario.

“Necesitamos tener la capacidad para estar ahí donde las amenazas están, donde las amenazas tienen lugar”, según dice el funcionario, quien, como otros, habló en la condición de anonimato para poder comentar sobre las deliberaciones internas.  “Sigue estando pendiente un trabajo consistente e importante para enfrentar la amenaza del terrorismo internacional mientras damos más pasos para enfrentar el terrorismo doméstico”.

Uno de los documentos que sienta las bases para la estrategia es un informe de consultoría realizada en marzo por la comunidad de inteligencia que describe el extremismo violento doméstico como una “amenaza elevada” para los Estados Unidos. Dice además que el extremismo es exacerbado por la discriminación hacia las comunidades de minorías y hacia la percepción de un excesivo control gubernamental.  El informe describe que individuos o pequeñas células autoorganizadas – en vez de organizaciones – eran las fuentes más probables de los ataques.

La estrategia codifica una serie de medidas que ya estaban funcionando desde hace cinco meses y que constituyen “todo un mar de cambios en contra-terrorismo”, escribieron en un análisis Carly Gordenstein y Seamus Hughes, investigadores del Programa sobre Extremismo de Washington University.

Es evidente que están ocurriendo cambios estructurales con el objetivo de erradicar el extremismo tanto dentro como fuera del gobierno, concentrar los esfuerzos más eficientemente, e invertir en la lucha contra el extremismo doméstico a un ritmo sin precedentes en la historia de EEUU”, escribieron Gordenstein y Hughes.

Miller-Idriss dijo que los pasos esbozados en la estrategia suenan alentadores, especialmente el esfuerzo para prevenir la radicalización al estudiar más ampliamente los problemas sociales y al motivar programas de alfabetización mediática.

“Esto nos alinea con lo que otros países del mundo están implementando: entendiendo que no puedes enfrentar el extremismo doméstico tan sólo prestando atención a los extremos”, dijo Miller-Idriss. “También tienes que prestar atención a lo que está ocurriendo en la sociedad en general”.

Aún así, dijo ella, la implementación será crucial.  Intentos por llevar a cabo un diálogo nacional sobre los que defienden la supremacía blanca, por ejemplo, se enfrentará inmediatamente con barreras culturales como el actual escándalo entre los conservadores sobre las enseñanzas en torno al racismo sistémico.  Miller-Idriss dijo que países como Noruega, Alemania y Nueva Zelanda han adoptado políticas que se extienden más allá del aparato de seguridad nacional para incluir agencias de gobierno que lidian con cultura, educación, salud y deportes.

“Aquí, incluso la prevención es llevada a cabo por DHS”, dijo ella. “Si enfocamos todo el asunto simplemente como un problema de seguridad y orden público, con expertos en seguridad y orden público al timón, simplemente vamos a tener ese mismo resultado”.

Mary McCord, exfuncionaria del Departamento de Justicia, dijo que la prevención también es polémica por la oposición a “investigar a las personas basándose en su ideología o porque se extienda una red de captura demasiado amplia”, similar a lo que sufrieron los musulmanes después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.  Ya algunos de los participantes en los disturbios del 6 de enero se están describiendo a sí mismos como prisioneros políticos que están siendo juzgados injustamente por sus creencias.

McCord, quien ahora lidera el Instituto para la Defensa y Protección Constitucional en el Georgetown University Law Center, dijo que la prevención también incluye tácticas como operaciones encubiertas, las cuales algunos grupos que protegen las libertades civiles han descrito como entrampamiento.

“Uno no quieres estar procesando al terrorista de El Paso después de que mató a 23 personas. Uno quiere prevenirlo antes de que actúe”, dijo McCord.  “Ese es el reto. Porque cada vez que ejecutas acciones de orden público preventivo, eso trae críticas”.

Información de las Autoras:

Ellen Nakashima es una reportera de seguridad nacional de The Washington Post. Fue miembro de dos equipos ganadores del premio Pulitzer en 2018 por su cobertura de la interferencia de Rusia en las elecciones de 2016 y 2014, y por reportar sobre los aspectos ocultos de la vigilancia gubernamental.

Hannah Allam cubre el extremismo y el terrorismo doméstico como parte del equipo de Seguridad Nacional.

Lea el artículo original aquí.

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